Foto: Agustín Bordignon.

Ladran Sancho salió de recorrida por almacenes y despensas ubicadas en los barrios para recoger testimonios de los comerciantes que conocen de primera mano el pulso de la economía real. 

La transición institucional donde se renovaron los cargos políticos de los tres estamentos del Estado culminó. Los y las comerciantes forman parte de la clase media, viven de su propio trabajo y conformaron el sector del electorado que intentaron seducir con promesas de recuperación económica en el último tramo de campaña.

“Con esto de que pusieron el IVA, aumentó todo otra vez. La leche decían que no iba a aumentar pero vino con aumento”, contó una vecina que tiene su almacén en la calle Rivadavia, en el barrio Padre Varela. “Durante las fiestas estuvo todo planchado, fue raro, el 31 se vendió un poco más pero el 25 se vendió poco. La gente se va acostumbrando a los aumentos”, prosiguió lamentándose.

Durante los primeros días de enero, el valor de algunos alimentos subieron debido a que les almaceneres tuvieron que trasladar a precios el 21% de IVA luego de la finalización, el día 31 de diciembre, del programa de reducción de ese impuesto que había sido implementado provisoriamente en la recta final del gobierno de Mauricio Macri. 

Los hiper y supermercados acordaron con el Gobierno Nacional absorber parte del IVA lo que generó una disparidad en el precio de venta con los pequeños comercios que no tienen espalda financiera para no trasladar a precios esa carga tributaria.

“A los almacenes, la leche nos la venden a $50 como precio de costo mientras en los supermercados la venden a $52 como precio de venta al público”, comentó una almacenera del barrio San Cayetano sosteniendo en su mano la factura de La Serenísima con el detalle de precios.

“El aumento del 5 o 10 % en la leche corre solo para hipermercados y mayoristas, a nosotros nos aumentan el 21% y arreglate”, exclamaron con tono de resignación Nicolás y Jorgelina quienes desde hace 8 años tienen una despensa sobre la calle Pascual Simone, recientemente repavimentada.

Foto: Agustín Bordignon.

Un almacenero del barrio San Cayetano, que ya cuenta con 33 años de trabajo, expresó su desesperación por la situación económica y no ocultó la sensación de injusticia que le produce pagar los impuestos requeridos para mantener el negocio en la formalidad mientras muchas familias del barrio se volcaron a la venta informal de bebidas y alimentos en sus propias casas. 

En ese sentido, Nicolás y Jorgelina manifestaron su preocupación por los comercios que no cuentan con las habilitaciones correspondientes y evaden el pago mensual de tasas municipales: “Uno que tiene negocio se pregunta cómo puede ser que yo esté pagando todo y acá a dos o tres cuadras venden milanesas, pan, gaseosas y cervezas por una ventana”.

La situación de desigualdad se acentuó con la pérdida de empleos formales, el cierre de fábricas y PYMES durante el gobierno de Cambiemos; que fue generando un enfrentamiento entre comerciantes pequeños y medianos que se conocen y viven a pocas cuadras de distancia pero que están divididos entre los que logran sostenerse en la formalidad y los que comercian informalmente, para sumar algún ingreso que les permita solventar los gastos de la economía doméstica

El Gobierno Nacional informó que están realizando gestiones para iniciar la reducción del IVA para los beneficiarios de la tarjeta Alimentar, próxima a entregarse en nuestra ciudad, la AUH y los jubilados que perciben el haber mínimo. También renovaron Precios Cuidados con el propósito de volver a incluir productos de primeras marcas.

Foto: Agustín Bordignon.

A nivel municipal, la gestión entrante señaló que apuesta a mejorar la recaudación de las tasas municipales en los primeros meses. Actualmente la tasa de cobrabilidad no llega al 26% y la deuda que el municipio tiene por cobrar en la calle es de más de 100 millones de pesos

“Con los bonos que dieron a fin de año se movió un poco más pero si no aumentan los sueldos, olvidate”, opinó Nicolás. En esa misma línea, un almacenero, que tiene su local en la calle Santa Elena del barrio El Quinto y ya cuenta con 15 años en el rubro, expresó: “Antes de que cerraran las fábricas había movimiento de plata, pero cuando cerraron la gente se quedó sin trabajo y hay menos plata en la calle. Los bonos ayudan un poquito porque la gente va a comer un poco más pero hasta que no abran las fábricas no hay expectativas”.

En los barrios se sienten los coletazos de las políticas liberales del gobierno de Cambiemos que beneficiaron a una minoría acaudalada al mismo tiempo que se precarizaron las condiciones de vida de las mayorías. La positividad que sugieren los discursos de la dirigencia política en busca de una reactivación aún no parece encontrar su correlato en las bajas expectativas y la resignación que expresan quienes viven diariamente el devenir de la economía de a pie.

“Entre el gobierno que entre, siempre pierde la gente trabajadora”, sentenció Nicolás apostado detrás de la heladera mostrador, luego de detallar los aumentos de los servicios públicos, de los combustibles y del valor del dólar que siguen repercutiendo en la economía cotidiana.

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