PLA es un muralista chileno que cruzó la cordillera para reflejar las problemáticas barriales en distintas ciudades de Buenos Aires. La educación pública y la organización social se destacan desde la mirada del artista que pasó por Luján a dejarnos su arte y su mensaje.

“Tenía la referencia de que Argentina es el país de Latinoamérica que tiene los mayores niveles de organización política y social, eso también quería venir a observar acá, no solamente a pintar”, arrancó Pablo Placencia Lagos, “PLA”. Se definió como muralista revolucionario, y por ende, un artista comprometido político y socialmente con las cosas que suceden más allá de la cordillera.

Lujanenses lo invitaron para realizar pintar y compartir sensaciones, esta vez, en su segunda vez en Argentina. Durante el martes 22 y miércoles 23 de mayo participó de la actividad “No perdamos la ternura” para iluminar una de las paredes de la juegoteca dentro del Bachillerato Popular Carlos Fuentealba junto a La Negra Negri, colega chilena, con quien comparte estilo: “Tenemos una estética bastante parecida que es como la estética de muralismo político en Chile” dice ella.

De la actividad además, colaboraron estudiantes y allegados al bachi. La realización de mural tuvo como temática antihéroes y antiprincesas, y está representado por Mercedes Sosa, Violeta Parra, Paulo Freire, el ‘Che’ Guevara y Fidel Castro, Eduardo Galeano, Carlos Fuentealba y las Madres de Plaza de Mayo.

PLA le mete pincel a las caras que orientan la educación popular y el compromiso social. Foto: Julieta Brancatto

Su rasgo principal es la convergencia del arte y las problemáticas político-sociales, nacido en el intento de vincular las demandas barriales y la identidad de cada lugar con los colores de la palestra en sus murales. Remarca  los elementos de lucha de cada sitio en donde pinta.

Oriundo de la región Biobío, hoy la mayoría de las comunas guardan sus expresiones en la vía pública. De chico su atención estuvo centrada en lo que se refleja en las calles, causa que derivó a su profesión artística. Las primeras pinceladas comenzaron en 2007, al participar en una brigada muralista agregando colores. Algunos años más tarde comenzó el camino de sus propios dibujos y en la construcción de murales propios.

Así, Pablo se sumó al trabajo colectivo ya cursando en la universidad y estableció su lugar en Unidades Muralistas Luchador Ernesto Miranda (UNLEM) y aunque no fue parte de los fundadores, siempre contribuyó en las actividades.

Al mismo tiempo y durante siete años, militó en el Frente de Estudiantes Libertarios (FEL) vinculado a la UNLEM. “Ahí fui adquiriendo todo el conocimiento en torno a la técnica, a la historia. Cómo poder plasmar la idea que teníamos en el muro. Ya después agarré la misma estética y empecé a plantear lo mismo con algunos toques distintos” recuerda.

Desde su experiencia remarca la importancia de una educación pública y de calidad, y es una de las cosas que más valora de nuestro país. “He tenido profesores que nos recalcaban que no íbamos a llegar a ningún lado. Por suerte yo no me lo compré, pero montón de compañeros cayeron en eso” dice.

Desde la experiencia ganada en su estadía esta vez sin fecha de regreso, el artista considera que los países vecinos comparten las mismas demandas sociales pero puntualiza la diferencia en los niveles de organización, como sucede en el movimiento de cartoneros. “En Chile no existen esos niveles de organización tan grandes. Es el Estado el que organiza todo. O la instancia de bachilleres, comedores populares ni pensado, no existe, y todo está privatizado. El Estado te lo brinda pero a medias”.

Su visita traspasa los pinceles y lejos del tour turístico salió a la calle un primero de mayo por las calles calientes de Argentina. “No podía creer la cantidad de gente que había. Eso me impresionó demasiado. También los niveles de organización que hay en los mismos barrios. En Chile, si bien hay, no he logrado conocer tanta organización y participación de los mismos vecinos, sobre todo de los más viejos. Allá se nota esa falta de compromiso”.

Muralismo colectivo, PLA diseña y construye los murales con los habitantes de cada sitio donde va a pintar. Foto: Julieta Brancatto

En su segunda venida a esta patria arrancó por Escobar y por el parque Textil de Berazategui. Siempre con la metodología de pensar junto a los vecinos lo que quería plasmar en la pared.

“Podría ir con una idea en mi mente, pintarlo e irme pero la idea es que lo que pintamos debe ser el reflejo de lo que está sucediendo con la gente. En su mayoría eran mujeres que trabajaban, y una cosa bien importante: eran mujeres que iban con sus niños y niñas al trabajo mientras trabajaban en la máquina de coser el niño estaba dando vueltas. Una mano cociendo y en el otro su bebé”.

Previo a su paso por nuestra ciudad, llegó a Villa Celina en La Matanza para pintar a la comunidad boliviana representativa del barrio, desde la visión de sus habitantes y en relación a sus costumbres. “Llegué al lugar y tuve una gran carga de energía, estuve pintando todo el día”.

El mural finalizado con las niñas y niños en la juegoteca del bachi. Foto: Manuela Cattaneo

En el país vecino la mayoría de las jornadas en las que participan son problemáticas de la región, reflejos estudiantiles y medioambientales, y muchas surgen desde las juntas de vecinos, orientadas a que los vecinos y niños y niñas participen. En el Biobío la mayor lucha es la defensa de los humedales, que, al igual que en nuestra región, los proyectos inmobiliarios arrasan hace años contra los humedales.

“Es como una de las temáticas que más se pinta. Y ahora en septiembre se vienen los 45 años del golpe en Chile, tengo esa fecha de vuelta con la intención de agitar ese tema, hablar de un episodio de la historia que pasó hace 25 años para poder refrescar un poco la memoria”.

También pasó por escuelas, luego de un llamado del centro de padres para crear un espacio de lectura dentro de la institución que impulsara el hábito en los niñxs a través de murales que ilustren El Libro de la Selva y El Principito. “Le dio otra vida al espacio que tener paredes blancas ahora tiene dos murales grandes y un montón de libros y los chicos en los recreos van allá se sientan a leer y vuelven a clases”.

Tras pintar en el bachillerato popular Carlos Fuente Alba en Luján se dará lagunas vueltas más por la provincia y la próxima semana volverá por una jornada de muralismo en el comedor “El Ángel de la Bicicleta” en el barrio San Fermín con el propósito de registrar lo que vecinas y vecinos tengan la necesidad de expresar.

PLA busca la garantía de expresión entre las y los que lo rodean. Al igual que las muraleadas en los barrios, sea del lado de la cordillera que sea, sumerge su arte en los espacios de organización donde la resistencia emerge, porque aquí o allá, ni el barrio ni el muralismo se rinde.

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