«Lo más importante es avanzar con una Ley Micaela en medios»

Interseccionalidad, legislación y agenda con perspectiva de género forman parte de esta conversación con Feminacida, en el marco del Día de la Imagen de las Mujeres en los Medios de Comunicación.  

Los medios de comunicación son una institución constructora de sentido, un espacio clave de disputa de poder y de reproducción de sentidos operantes y hegemónicos. Así lo define Catalina Figueroa Risso para empezar a conversar con Ladran Sancho sobre las representaciones de las mujeres en los medios, la legislación vigente y la que aún es necesaria, el tratamiento de casos críticos y la construcción de una agenda feminista.

¿Cómo construir un periodismo libre de violencias? Con esa pregunta por delante, la editora y tallerista de Feminacida, medio de comunicación que desde la autogestión construye una agenda a contramano de los grandes discursos editoriales, le marca la línea a medios de comunicación históricos y trabaja en la formación y la capacitación como herramienta política. 

—La forma de comunicar casos de violencia cambió en los últimos años, ¿podemos hablar de avances?

—Los medios de comunicación no escapan al sistema en el que vivimos todes que es el patriarcado, ergo intentan reproducir y reivindicar sentidos hegemónicos que hagan que ese sistema se reproduzca. En la foto general somos testigos de la reproducción de la violencia simbólica, de las revictimizaciones, de las culpabilizaciones a las mujeres, de las preguntas como «¿y por qué estabas ahí?”, “¿qué hacías?», «¿por qué no denunciaste antes?” y “¿por que lo viene a contar justo ahora?”. Ese tipo de mecanismos son aleccionadores, para volver a posicionar todo a la manera en que deberían estar las cosas para el sistema y que nos posiciona a nosotras también en lugares donde nos aleccionan para que no podamos seguir denunciando, visibilizando, problematizando lo que sucede. En lo que tiene que ver con la cobertura de casos de violencia por razones de género, yo creo que podemos hablar de ciertos avances, sobre todo posteriores a la Ley 26.485, donde se incluye la violencia simbólica. En base a eso empiezan a hacerse ciertas revisiones y dentro de algunos medios empiezan a incorporar, por ejemplo, algunas editoras de género. También podemos ver un avance en cuanto a las terminologías, en un momento se hablaba de crímenes pasionales o de violencia familiar y hoy podemos hablar de que es una violencia por motivos de género que existe y sucede porque vivimos en el sistema patriarcal y machista, que entiende a los cuerpos de las mujeres como territorio de conquista y como en espacios sobre los cuales disputa también su poder. 

—¿Cómo fueron ganando lugar esas problematizaciones? ¿A qué se deben?

—A los movimientos feministas y la presión generada, sobre todo, a partir del 2015 con el primer Ni Una Menos y la conformación del movimiento. Después, las distintas disputas y conquistas que fuimos haciendo, el avance sobre las calles, lo que fue la primera gran movilización el tres de junio y después con la despenalización y la legalización del aborto y, en 2020, con la conquista del derecho.  Desde 2015 a esta parte, podemos hacer una lectura de avances de alguna manera motivadas por lo que fue la conquista de la Ley 26.485 y otras leyes que hacen al movimiento de distintos colectivos, como la Ley de Identidad de Género y la Ley de matrimonio igualitario. También la Ley de Medios nos permitió, en su momento, empezar a poner sobre la mesa la disputa de esos poderes y empezar a comprender que los medios son productores de sentido y que no es inocente ni las terminologías que usan, ni las imágenes, ni cómo nos cuentan, ni cómo nos representan, ni de qué manera titulan. Esos avances en materia legislativa pero también en materia de conquista de derechos populares fueron empujando la discusión y las problematizaciones alrededor de la visibilización de los casos de violencia por razones de género. Queda muchísimo camino por recorrer. Los medios hegemónicos, en en alianza, con el poder, son muchísimo más resistentes a estos cambios, son empresas privadas por lo cual hay muchas cuestiones en las que las legislaciones no pueden entrometerse, no pueden obligarlos, pero creo que ahí es donde los movimientos feministas y populares tienen que ir  empujando un poco más la vara e ir problematizando qué es lo que sucede al interior de las editoriales de esos grandes medios, cómo están conformadas, quiénes ocupan los espacios de decisiones y ese tipo de discusiones que hay que empezar a dar para poder avanzar en otras conquistas. 

—¿Qué pasos podrían darse en materia de legislación? 

—Contamos con una cantidad de legislaciones que son punta de lanza en la región, sobre todo en Latinoamérica. Son leyes que van empujando la vara de cómo tienen que ser representades ciertos colectivos en los medios y cuáles son las responsabilidades que nos caben a los comunicadores. Periodistas y comunicadores no somos una profesión más dentro de la sociedad, porque somos la profesión que construye y reproduce sentido. Se obtuvo un gran avance con la Ley Micaela en los tres poderes del Estado, creo que lo más importante es avanzar con una Ley Micaela en medios, es algo que se viene impulsando desde algunos colectivos. Estamos trabajando para que antes de fin de año pueda tratarse en el Congreso. Creemos que esa es la pata mas fuerte que tenemos que pelear en este momento, porque quienes ocupan los espacios de decisión son los más reticentes dentro de los medios hegemónicos a pensar de otras formas. Entonces, en cuanto tengan capacitaciones obligatorias y en cuanto empiecen a sensibilizarse con la problemática, no digo que tengamos la batalla ganada pero que podremos haber avanzado cierto terreno y, por lo menos, incomodar a ciertas personas que ocupan cargo decisorios. Es urgente que avancemos en una legislación con capacitación y sensibilización al interior de las grandes editoriales. Obviamente que nada de eso es mágico, hay otros empujes sociales que también van contribuyendo a que ya no se pueda decir cualquier cosa, que ya no se pueda contar de cualquier manera.

—¿Cómo se construye una agenda con perspectiva de género? 

—Tenemos que ser más mujeres y disidencias en los medios, pero no por el hecho de ser mujeres o disidencias, sino para el aportar otra perspectiva y contar otras historias y porque quienes narremos también elijamos contar historias de otras mujeres y disidencias y ponerlas como protagonistas. La perspectiva de género es transversal, la tenemos siempre quienes hacemos periodismo o comunicación feminista, porque nos atraviesa como columna vertebral. Es importante ir conquistando los espacios desde esos lugares, no reducirnos a secciones de género u oficinas de la mujer, sino realmente dar cuenta que podemos narrar sobre todo, sobre cualquier ámbito de la vida, porque la perspectiva feminista nos atraviesa y no es una sección que nos hace quedar bien como medio, sino que tiene que ver con una cuestión identitaria y política de disputa de ciertos lugares, de poder posicionar y contar sobre otras personas y, sobre todo, poder construir una comunicación libre de violencias en un sentido amplio, no solamente de las que tiene que ver con esos casos de los medios que narran tan mal.

—Feminacida construyó un manual para narrar las violencias con perspectiva de género y perspectiva de derechos, ¿cuáles son los puntos más importantes a difundir e incorporar?

—Siempre que narremos un caso tenemos que tener en cuenta de que no son casos aislados. ¿Cómo hacemos para dar cuenta de que no son casos aislados sin que se pierda la importancia particular de la historia de cada mujer y disidencia? Aportando datos, dando cuenta que el problema es parte de un problema mayor, social y político. Que no tiene que ver con un loco suelto, ni con un enfermito, ni con un desvariado que de repente se levantó y mató a una persona, sino que es un problema social, político y cultural que tiene que ver con el sistema patriarcal y la forma en que ese sistema se reproduce y se imprime sobre los cuerpos de las mujeres. Nosotras recomendamos desde Feminacida que, cuando se narran las violencias, se problematicen y se contextualicen. Siempre es importante tener una mirada en interseccional, dar cuenta de que no todos los femicidios se dan en los mismos espacios y problematizar por qué suceden donde suceden, territorializarlos.

Por otro lado, siempre pensar que todos los datos que brindemos tienen que aportar a la problematización. No nos importa qué tenía puesto, donde estaba ni qué hora era, ni cuándo denunció. Sí importan las denuncias cuando fueron reiteradas y no se hizo nada para evitarlo, porque la institución a la que le correspondía no actuó como corresponde. Se deben brindar solo los datos que sean estrictamente necesarios al aporte la noticia, no brindar ningún dato demás que alimente el morbo o el juicio que pueden hacer las personas que lean la noticia sobre aquella persona  atravesó la situación de violencia. Siempre sugerimos se preserve la identidad de la persona y en caso de que esa persona igual quería exponerse, dar cuenta de cuáles son los riesgos, saber si esa persona denunció, está acompañada, cuál es su sistema de contención. Y, por último, siempre brindar los recursos con los que contamos, tanto legislativos como institucionales, líneas de denuncia, de contención, espacios a los que se puede acudir, los colectivos que acompañan. Siempre ampliar el recursero, porque siempre que contamos sobre casos de violencia por motivos de género también hay un montón de personas que pueden estar atravesando lo mismo y que nos leen. Entonces está bueno que sepan que pueden contar con herramientas que están a disposición.

Foto de portada: Julieta Brancatto.

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