“Las empresas más importantes de la zona ya han reducido la planta a tal nivel que después de esto viene el cierre”, destacó Javier Rodríguez, secretario general del Sindicato de Empleados Textiles de la Industria y Afines de la República Argentina (SETIA) Luján. El rubro textil en el Partido está siendo castigado en el último tiempo. Diferentes talleres, cooperativas y Pymes de Luján se han visto obligados a disminuir su planta de empleados, a reducir su producción y a trabajar a una escala menor.
La apertura de importaciones se suma a una larga lista de factores que han puesto a la industria local en jaque. El panorama general es desalentador dada la caída del consumo interno, la pérdida de poder adquisitivo, los altos costos de producción, la presión impositiva, el aumento de los gastos corrientes y el pago de las cargas sociales, que suben continuamente.
Organismos que relevan el funcionamiento de la industria y el estado del comercio local presentan datos alarmantes. Mientras empresarios y trabajadores textiles advierten sobre el impacto de las importaciones, según la consultora Analytica, que se basa en informes del INDEC, las compras al exterior mediante Courier alcanzaron US $118 millones en abril de 2026, con un aumento interanual de 135,9% respecto a 2025. Además, la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) indicó que en marzo la caída de la industria manufacturera fue de un 3,8%, mientras que en abril se recuperó sólo un 1,1%.
“Esta es la crisis más profunda que haya vivido. Nos vienen arruinando, nos viene dejando fuera de combate. Nosotros los textiles que estamos hace 2 o 3 generaciones hemos sobrevivido a todo, pero no se si esta vez vamos a llegar. Estamos quemando stock para tratar de zafar. Pero ya pasaron dos años y medio y no hay ninguna luz en ningún túnel”, sostuvo Rodolfo Bianchi, empresario textil local.
Bianchi comentó que tras asumir el actual gobierno libertario, la caída de la industria fue estrepitosa. En estos 2 años el costo de producción se cuadruplicó mientras que las ventas se desplomaron. Remarcó que si bien han vivido crisis semejantes, como la del 2001 o el 2018, esta es particularmente muy acelerada: “Lo empezamos a sentir rápidamente y desde ahí no pararon de bajar las ventas. Tuvimos que vender al costo y no pudimos recuperar el nivel de producción previo”. Agregó que están trabajando con una capacidad ociosa del 50% al 55%.

“Luján fue hasta 2010 o 2015 el polo textil más grande de Argentina. Lo importante que era Lujan como textil se está perdiendo”, sostuvo Adriana Amarilla, presidenta de la cooperativa Sumantex. La entrada masiva de productos importados del exterior pone en jaque a la industria nacional que batalla por seguir respirando. La competencia desleal en la que es obligada a participar la coloca en una situación de absoluta desventaja respecto a productos extranjeros producidos a gran escala y con costos de producción inferiores. Sostuvo que “se pueden conseguir en el exterior productos a muchísimo menor costo de lo que se puede conseguir en Argentina, pero la calidad es más baja. La realidad es que se entiende que en la situación que estamos pasando, donde estamos perdiendo contra la inflación, el argentino busque lo barato y no lo bueno”.
“Al haber desregularizado todo, es difícil competir con lo importado porque sus escalas de producción son muy grandes. Viene ropa nueva fabricada en China o Indonesia donde la explotación humana es mucho más alta y los costos de producción son bajos”, analizó Amarilla. Ejemplificó que una remera que hoy en Argentina se vende a 10 mil pesos, la pueden importar desde China por la mitad del precio. “Es muy alta la diferencia entre lo nuestro y lo importado”, sintetizó. Rodríguez concordó en que, en los países desde los cuales se importa la mercadería a menor costo, “no existe la cobertura social, los gremios, hay trabajo en negro, precarizado e infantil».
Sumantex presenta una caída en su producción desde junio de 2025. Hasta esa fecha, habían logrado sostener el ritmo de producción y la contratación de nuevo personal. Amarilla expresó que: «En nuestro caso, nos afectó que Puma se fuera de Argentina. Al irse, hizo que su producción bajara un 40%, por lo que la nuestra también bajó en ese mismo porcentaje”. Comentó que si bien salieron a buscar otros clientes, no pudieron recuperar esa caída en la producción.
Como consecuencia de este derrumbe, tomaron la decisión de no seguir incorporando más personas a la cooperativa. “Con los que éramos nos alcanzaba y queríamos mantener el precio del producto que nosotros vendemos. Hace un año que no podemos subir el producto, lo que quiere decir que nuestros salarios tampoco subieron, cuando claramente ya no nos alcanza. Hace un año que venimos sosteniéndonos de esa forma”.
Hay talleres de Luján que fueron cerrando y se va perdiendo no solamente la mano de obra, sino también diferentes oficios, como el de los costureros. Amarilla remarcó que este es un trabajo que va cambiando todo el tiempo y que hoy está en riesgo su sostenibilidad. “Nos preocupa saber que si muchos de nuestros compañeros de la cooperativa intentan buscar otro sustento económico, nosotros perdamos ese valor, esa fuerza de trabajo, que ya nos ha sucedido en la época de Macri, donde éramos 25 y terminamos siendo 5. Volver a recuperar todo ese capital humano nos costó un montón. Ahora que nos habíamos recuperado un poco, sabemos que es probable que eso se vuelva a perder”.

Rodríguez destacó que en Jauregui, Pueblo Nuevo, Cortínez, Olivera y Luján, entre un 50% y 60% de los habitantes, ha trabajado en el rubro textil. “¿Si empieza a cerrar todo, dónde van a ir a trabajar si no hay otra salida por acá?”, se preguntó. Para Bianchi Luján es textil por excelencia. «Lamentablemente ya quedó mucha gente en el camino y hay muchos emprendimientos que hacían sábanas, frazadas, que tenían un tallercito y se la rebuscaba, que hoy no existen más”, indicó y agregó que están trabajando fervientemente para amortiguar el impacto de la crisis y no llegar al cierre: “Las pymes no queremos cerrar, no queremos que nos metan la mano en el bolsillo y dejar a la gente en la calle».
“Uno lo sufre en carne propia. Nos trae mucha angustia y tristeza. Yo tengo gente que está conmigo hace 35 años, imagínate que somos familia”, relató el empresario. Sostuvo que el temor más grande es la pérdida de puestos de trabajo y no poder pagar los sueldos a sus empleados: “sabemos que nuestros empleados no ganan lo suficiente y nosotros no le podemos pagar más”.
Por su parte, Amarilla hizo hincapié en que no existen políticas públicas que apuntalen y fortalezcan la industria nacional, que para ella deberían girar en torno a la baja de las cargas sociales y tributarias, para garantizar cierta competitividad con lo importado. “No solamente es la industria textil la que está cayendo. La política de este gobierno no tiene que ver con cuidar a las empresas nacionales, sino que lo que buscan es vender nuestra fuerza de trabajo al menor costo, sin importar nada. Todo va a ir empeorando si las políticas no cambian, si no se pone un freno a la importación”, afirmó.
“El discurso actual es el de siempre, te dicen que te van a dar algo mejor, pero tienes que tirar la casa abajo y después construir sobre esa casa que está destruida. Es una salvajada”, analizó Rodríguez. En la misma línea, sostuvo que el gobierno apunta a un modelo de producción que sólo contempla el agro: “Quieren desindustrializar. No solamente el rubro textil. No piensan en la masa de trabajadores de las empresas y fábricas».






