Un jubilado que pide libros en inglés. Un vecino que se acerca a recibir orientación sobre qué sembrar en esta época y cómo cuidar su propia huerta. Todos los martes y viernes, de 8 a 12, la Biblioteca Popular Mónica Mignone funciona así: como un lugar donde la lectura es apenas una de las cosas que suceden ahí adentro.
La biblioteca tiene ya más de 20 años dentro de La Casa de la Juventud. Fue reinagurada en 2022 a partir de un proyecto impulsado por la Comisión de Familiares y Amigos de Detenidos Desaparecidos de Luján, buscando que el espacio tuviera un lugar propio y un cargo de bibliotecaria. El objetivo fue revalorizarla, contar la historia de Mónica a la comunidad y mantener viva la memoria de una época.
Este año, desde hace apenas algunas semanas, a todo ese movimiento se le sumó algo nuevo: un club de lectura destinado a jóvenes de entre 17 y 25 años, que se reúne alrededor de la mesa los viernes a las 10 de la mañana. La iniciativa, cuenta su bibliotecaria Clara, surge de una convocatoria del Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires, donde clubes, agrupaciones y bibliotecas populares fueron los protagonistas.
“Es parte de un plan de alfabetización a nivel latinoamericano, ‘25 para el 25’, que en Argentina se hace a través de los clubes de lectura. Acá en la biblioteca es la primera vez que hacemos uno”, explica Clara. “Son encuentros donde se invita a los jóvenes a compartir sus experiencias con la lectura que en ese momento elijamos”.
La inauguración fue con Space Invaders, una novela escrita por la autora chilena Nona Fernández, ambientada en el contexto de la dictadura militar sufrida por el país vecino.
“Está situada en una escuela y muestra la mirada de los jóvenes en un contexto como ese. Fuimos primero investigando un poco de la historia, los centros de estudiantes y los movimientos estudiantiles. También buscamos algunas palabras que no entendíamos, algunos modismos”, detalla sobre la dinámica de trabajo.
Más allá de las características particulares de cada libro, Clara resalta que lo más importante radica en el espacio de encuentro con el otro: “Es un lugar para que los jóvenes que leen mucho puedan encontrarse con otras personas que leen y compartir sensaciones, recuerdos, lo que les haya transmitido ese autor. También para compartir lo que escribieron. Muchos de los chicos que leen también escriben poesías o cosas que sienten, y a veces se da la posibilidad de ir construyendo ese espacio íntimo”.
Al club asisten, en promedio, entre 5 y 6 personas, aunque las caras van cambiando. La regularidad no siempre es sencilla en estos tiempos. “Los jóvenes necesitan trabajar, entonces tenemos esta situación de que quizás a veces vienen y a veces no, porque están trabajando. Se quedan sin trabajo, vuelven, y así”, reflexiona la bibliotecaria sobre cómo el contexto económico y social atraviesa la propuesta.
El horario matutino resulta accesible para los chicos que van a la secundaria por la tarde, aunque la mesa también reúne a estudiantes de profesorado y de la universidad. “Es medio variada la comunidad del club de lectura, hay un poco de todo”, cierra Clara, mientras espera la llegada de nuevos libros para el grupo.
Libros, y ojalá que también personas.
El club de lectura se reúne todos los viernes de 10 a 11 en la Biblioteca Popular Mónica Mignone (Rodolfo Moreno 650), y está abierto a quien quiera sumarse.






