Las Hijas del Fuego: poliamor y porno antipatriarcal

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En el marco del ciclo Ardis en Tanga, Ardilla Producciones presentó, en el Centro Cultural Eva Perón, la road movie lesboerótica dirigida por Albertina Carri, ganadora del BAFICI 2018.

Construida en su mayoría por mujeres y disidencias, “Las hijas del fuego” encarna una forma incipiente de producir pornografía en Latinoamérica: un erotismo de mujeres para mujeres, que resalta lo queer y les cuerpes disidentes, y cuya estética también es política.

La cinta, ganadora del Buenos Aires Festival de Cine Independiente en 2018 y que también participó en festivales internacionales, fue proyectada el sábado 18 de enero en el Centro Cultural Eva Perón. La actividad fue organizada por Ardillas Producciones.

Una combi recorre la patagonia argentina. En el camino se forma la pandilla, la comunidad, el vínculo sexo-afectivo poliamoroso entre un grupo de mujeres que escapa a la dominación, a la violencia que el patriarcado impone sobre sus cuerpos y su deseo.

“El paisaje se revela erótico”, dice una voz en off meta reflexiva que manifiesta la intención de rodar una película pornográfica y piensa el proceso, la forma y las representaciones. Los cuerpos territorio se liberan conforme avanza el viaje celebratorio por la ruta del placer, hacia la utopía lesboerótica y, así, devienen porno.

La voz en off también expone la hibridez del género, que fluye en el límite entre la narrativa y el tempo del porno, destruye los estancos de ambos y agrega elementos del posporno en el planteo político sobre la soberanía de les cuerpes y del goce, y en inclusión de prácticas BDSM (Bondage y Disciplina; Dominación y Sumisión; Sadismo y Masoquismo). En “Las hijas del fuego” no hay una trama, hay un entramado que se desparrama, se esparce y acaba.

Es conocido como porno mainstream al producto cultural desarrollado por varones hétero-cis y para el consumo de varones hétero-cis. En estas producciones masivas, las mujeres aparecen como mero objeto sexual, su cuerpo es explotado y su perspectiva es invisibilizada.

Además, solo tienen lugar ante la cámara cuerpos de belleza hegemónica, acéfalos, sin derecho al goce, interpretados por actrices que, muchas veces, evidencian estar incómodas o sintiendo dolor.

Los videos de sexo entre mujeres suelen estar presentes en las páginas gratuitas. Sin embargo, responden en su mayoría a las fantasías de varones hetero-cis, por lo que se vuelven inverosímiles, irreales, con actrices interpretando para el goce de otros y jamás el propio.

Cada vez es más temprana la edad en la que les niñes tienen acceso a este tipo de pornografía gratuita en internet. Los tabúes familiares y escolares producen que no haya intervención adulta ni problematización de lo que se consume, reafirmando mitos y construyendo imaginarios alrededor del sexo, que poco tienen que ver con la realidad y que educan para la cosificación y la violación. Donde no hay ESI, hay noeliberalismo salvaje invitando al consumo de cuerpos.

En este contexto apareció en escena el porno feminista. O, como la directora de Las Hijas del Fuego prefiere nombrarlo, aparecieron las feministas dentro de la industria pornográfica. Mujeres, en su mayoría, que decidieron cambiar la forma de hacer películas eróticas, hacia un cine más ético, respetuoso con sus trabajadoras y trabajadores, representativo de las disidencias, que incluya multiplicidad de cuerpos, identidades y prácticas.

Rana Rzonscinsky, parte del elenco y de Ardillas Producciones, comentó que la dirección de la película permitió encontrar espacios de comodidad y seguridad para lo que cada une quería hacer en cámara durante las escenas de sexo explicito. Además, explicó que la película comenzó a producirse en 2015, antes de que comience la gestión macrista, y que la llegada de la derecha conservadora al poder atravesó y transformó la cinta con mucha potencia, la cargó de un contenido fuertemente político.

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