Foto de archivo: Victoria Nordenstahl

Tras la reciente detención de Juan Banchero por la denuncia por violación a principios del 2019, y la condena efectiva a Daniel Britos, Natalia Pérez, de la Defensoría de Géneros de Luján, aporta su mirada sobre el caso y sobre el escrache popular como método de autodefensa feminista.

Hace poco más de una semana quedó detenido Juan Banchero. El joven había sido denunciado en la Fiscalía de Luján por múltiples casos de violación y escrachado en las redes por gran cantidad de mujeres que lograron sobreponerse a la vergüenza y al miedo, para decir basta de violencia machista.

Natalia Pérez, quien hace años milita en las calles contra la violencia de género, manifestó sobre los hechos recientes: «No fue la única buena noticia de la semana, también nos enteramos de la condena efectiva de 13 años para Daniel Britos, el trabajador municipal que escrachamos en el barrio Juan XXIII y de quién se logró la detención el 8 de marzo de 2017».

«La comunidad de Luján se sintió muy conmovida en los dos casos. La visibilidad marcó un antes y un después en el tratamiento de la violencia machista. Sacamos los casos de las paredes de un juzgado y una fiscalía».

Foto: Victoria Nordenstahl

El escrache que realizó desde la Defensoría de Géneros en febrero de este año visibilizó la violencia sistemática que ejercía Banchero hacia muchas mujeres, pero también la violencia por omisión que la Justicia ejercía sobre las denunciantes. Sobre este eje, Natalia explicó que «en el caso de Banchero, fueron compañeras sobrevivientes quienes lo impulsaron y extendieron un mensaje a todo el tejido social, incluida la justicia, que llegó a deslizar la idea de un ‘complot’ contra quien denunciábamos».

Y desarrolló esta idea: «En cierto punto lo era, seguramente no en la clave en que lo leía la Justicia, porque a través de un pacto feminista, por un lado buscábamos quitarle a una persona el poder que tenía sobre nuestros cuerpos y por otro, visibilizábamos la inacción de los organismos responsables».

En conversaciones previas con Ladran Sancho, Natalia Pérez explicó la metodología del escrache popular, cómo se prepara, qué medidas de prevención se deben tener en cuenta y las medidas de acción concretas.

«Desde las Defensorías entendemos el escrache popular y feminista como una herramienta de autodefensa, de reparación personal y política, de un ‘mientras tanto’ de la lucha por conseguir una condena oficial que quizás no llegue nunca». En este caso, el letargo de la Justicia queda en evidencia. Nueve meses pasaron entre el escrache y la detención.

foto: Victoria Nordenstahl

Sobre el escrache a Banchero, la militante recuerda y analiza: «El feminismo avanza ocupando espacios que muchísimas veces no tienen nada que ver con representaciones institucionales. Haber ocupado por un rato la avenida Humberto y haber sumado voces de repudio espontáneas de vecines, colabora con la construcción de perspectivas de lucha más igualitarias, de apropiación de los espacios que persiguen también una equidad y una búsqueda de justicia social».

Y concluyó que «nuestra respuesta política ante la injusticia patriarcal es seguir tejiendo redes de apoyo desde abajo, y partir siempre de esa organización para tomar las calles con un único fin que es el de seguir conquistando derechos».

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