Foto: Victoria Nordenstahl

Desde la Universidad Nacional de Luján entregaron un documento con aportes técnicos para el plan de Alberto Fernandez que tiene como objetivo combatir el hambre.

La Universidad Nacional de Luján tiene un basto recorrido académico, técnico e intelectual; un movimiento estudiantil comprometido y un cuerpo docente con amplios curriculums. Pero también lleva una impronta de lejanía, respecto a la comunidad.

En los últimos días la casa de altos estudios fundada por Fermín Mignone participó de los aportes técnicos que se realizaron para la elaboración del plan para la lucha contra el hambre que presentó recientemente el diputado Daniel Arroyo.

La semana pasada se realizó una reunión del Comité Ejecutivo del Consejo Interuniversitario Nacional. Al finalizar, el rector de la UNLu, Antonio Lapolla mantuvo un encuentro, junto a otros rectores, con Arroyo para comenzar a aportar ideas y propuestas tendientes a sumar a las instituciones universitarias en la lucha contra el hambre de nuestro país”, según adelantaron desde Prensa UNLu.

El actual diputado posiblemente sea quien comande las Politicas de Desarrollo Social a nivel nacional y ante los rectores “solicitó el acompañamiento de las Universidades Nacionales en relación a la implementación del Plan Alimentario Argentina contra el hambre.

El Rector Lapolla entregó un documento con los aportes de la UNLu en el que se enumeran las acciones y programas que podrían ser de utilidad para el plan que pretende implementar Arroyo.

El documento detalla el funcionamiento de dos centros destinados a la producción de alimentos: el Centro de Investigación Docencia y Extensión en Producción Agropecuaria (CIDEPA) y el Centro de Investigación, Docencia, y Extensión en Tecnología de Alimentos de la Universidad Nacional de Luján (CIDETA) que cuenta con una planta piloto para procesamiento de alimentos.

Desde la UNLu destacaron dos proyectos bajo la órbita del CIDETA. El proyecto yogurito que consiste en incorporar a la dieta de los niños en edad escolar un probiótico láctico desarrollado por el CONICET a través de un yogur para aumentar sus defensas, protegerlos frente a posibles infecciones gastrointestinales y respiratorias, y mejorar también la eficacia de los medicamentos antiparasitarios.

Otro de los proyectos que fue entregado a Arroyo es el de Panificado Saludable que está en etapa de planificación. La propuesta busca generar un producto que cubra los requerimientos calóricos y proteicos, que sea seguro desde el punto de vista de la inocuidad y tenga bajo costo, y está dirigida a sectores sociales con una alimentación desbalanceada, frecuentemente rica en harinas, grasas, azúcar y sodio.

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