La Universidad como límite frente a la destrucción del Estado.

Andrés Duhour
Andrés Duhour
Docente de la Universidad Nacional de Luján, Secretario Administrativo de ADUNLu, vecino del barrio San Eduardo.

Un informe de esta semana del Laboratorio del Salario Docente Universitario, un colectivo de docentes de distintas universidad del país y que se encuentran afiliados a distintas Federaciones docentes, expone la situación actual del salario de docentes y nodocentes: a casi seis meses del actual gobierno el salario de las y los trabajadores de las Universidades Nacionales ha perdido un 30 % de poder adquisitivo.

Pero además de este dato, el informe se desarrolla en la perspectiva de la pérdida salarial acaecida en los últimos ocho años y seis meses. En ese período, que abarca los gobiernos de Mauricio Macri, Alberto Fernández y Javier Milei, y teniendo en cuenta nuestra situación salarial, observamos claves de la situación política, social y cultural que vivimos.

Macri produjo una reducción de casi el 25 % del poder adquisitivo de nuestro salario. Fernández no quiso, no pudo, no alcanzó a recuperar los niveles de diciembre de 2015, apenas manteniendo en algunos pocos meses el poder adquisitivo del inicio de su gobierno. Milei produjo una caída del 30 % en los primeros dos meses apenas recuperando tres puntos desde ese piso hasta el mes de mayo. En suma, sería necesario un aumento del 50% sobre el salario de abril para recuperar el poder adquisitivo de noviembre de 2023, y del 100% para recuperar el poder adquisitivo de noviembre de 2015.

En efecto, la decepción del gobierno de Fernández se traduce para el sector de trabajadores de las Universidades en la imposibilidad de recuperar la pérdida salarial que produjo el gobierno de Macri.

Ahora bien, la emergencia de un candidato presidencial dispuesto a romper acuerdos democráticos que parecían inquebrantables, y al mismo tiempo desmembrar al Estado activó un alerta en los últimos meses del año 2023. Pero no alcanzó. Los capitales transnacionales en la Argentina retoman su proyecto de despojo montados en la frustración por gobiernos que destruyeron derechos o no construyeron especialmente la recuperación económica de una amplia mayoría, favorecidos por las disputas del campo popular.

Las y los universitarios tenemos conocimiento de la fortaleza de nuestro ideal, y de la importancia que tiene para el desarrollo nacional la Universidad y la Ciencia Pública argentina. Sabíamos que puestos en el desafío de expresarlo construiríamos una manifestación pública sin precedentes. Porque sabemos de la imposibilidad de reducir el valor de la Universidad pública a un par de números. La movilización del pasado 23 de abril hizo visible qué capacidad y referencia social tiene el colectivo docente-nodocente-estudiantil-graduado, y qué importancia da nuestra sociedad a la Universidad Pública.

Fue posible, sin lugar a dudas, por el diálogo construido con constancia durante meses. En la Universidad, docentes y nodocentes con nuestros distintos agrupamientos construimos un frente sindical que mantiene un plan de lucha. Recuperamos las asambleas interclaustros con el movimiento estudiantil y buscamos la adhesión y la participación de la comunidad de las localidades donde se insertan nuestras universidades. Las conducciones de las universidades participaron conjuntamente en el sostenimiento de las acciones de visibilización.

Semejante creación colectiva tuvo un efecto parcial: el gobierno cedió en el aumento de los gastos de funcionamiento (entre 5 y 10 % del presupuesto total), en un 70 % a partir del mes de abril y en un 139% en junio. Sin embargo, hasta la primera semana de junio no ha convocado a los sindicatos docentes y nodocentes para realizar una oferta salarial.

Por lo tanto, resulta urgente una estrategia comunicativa coordinada que muestre que el funcionamiento de las universidades no puede sostenerse con salarios de miseria, que la excelencia académica no se resuelve solo pagando la luz y el gas de los edificios donde damos clase. Se necesita una jerarquización de la docencia, con salarios y dedicaciones que permitan cumplir con el rol educativo, pero también con la investigación y la popularización amplia de ese conocimiento.

Este es el momento para no bajar banderas. El rol transformador de la universidad no puede negociarse. Incluso hoy, donde las transformaciones radicales que se orientan a la destrucción del Estado y el abandono de las grandes mayorías están a la orden del día. Ese rol transformador, que ganó la calle, debe ser el horizonte que anime la construcción de una alternativa de poder.

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Andrés Duhour
Andrés Duhour
Docente de la Universidad Nacional de Luján, Secretario Administrativo de ADUNLu, vecino del barrio San Eduardo.

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