Foto: Julieta Brancatto

Los clubes de barrio o las escuelitas son el semillero donde las pibas siguen creciendo. Con su esfuerzo ya lograron grandes pasos pero aún queda camino por recorrer. En esta nota recorremos el FutFem local desde la experiencia de tres de sus jugadoras.

Durante mucho tiempo las mujeres apasionadas por hacer rodar la pelota soportaron diferentes expresiones como «Por jugar al fútbol te vas a hacer lesbiana», «Anda a lavar los platos» o un «El fútbol es para hombres», en su mayoría dichos por hombres pero con sentidos que sobrevuelan en el común social. En definitiva, prejuicios y estereotipos naturalizados que, por nuestra lucha, cada vez más pierden su poder en la sociedad actual.

Frente a las dificultades que aún hoy subsisten ellas siguen por su pasión, sus ganas de ir por más, de aprender y lograr que los objetivos propuestos se cumplan. Un punto de inflexión en este proceso tuvo a Macarena Sánchez como protagonista aunque son muchas las mujeres en el camino por lograr la profesionalización en el fútbol.

Macarena fue la primera mujer del país en firmar un contrato profesional con un club, luego de intimar a la UAI Urquiza por desvincularla en la mitad del Torneo de Primera División. A partir de allí se convirtió en la cara visible del reclamo por el reconocimiento formal del trabajo en este deporte.

En nuestra ciudad las experiencias entre las mujeres y la práctica de fútbol son diferentes pero comparten su condición de amateur. Pilar Cristensen tiene 23 años y juega para el Club Timón FC. Por su parte, las hermanas Atpai, Ayelén de 21 años y Paloma de 16, entrenan para el equipo del Colegio San Luis Gonzaga. Ambos compiten en la Liga Lujanense, que cuenta con 18 equipos. Un torneo en crecimiento ya que durante el 2019 se agregaron seis nuevos, y las fechas son una vez por mes.

Paloma Atpai comparte con su hermana la pasión por jugar a la pelota. Foto: Joaquín Laurelli

Paloma, Ayelén y Pilar juegan a la pelota desde chicas. Las tres atravesaron dificultades para insertarse en la práctica. Ellas resaltan que más allá del amor por el deporte, lo importante es divertirse, pasarla bien, disfrutar y sobre todo el respeto hacia el grupo. Recalcan que respetarse entre una y otra compañera es lo primordial para que los equipos funcionen correctamente.

También comparten el ser estigmatizadas y burladas, una variable que se repite por estar dentro del campo de juego. «Me han dicho que el fútbol es solo para hombres y que más que seguro que por jugar al fútbol me gustaban las mujeres», contó Paloma. Por su parte, Ayelén también recuerda sus experiencias: «Me han dicho que yo no sirvo para eso porque la mujeres tendrían que estar haciendo otra cosa y no estando dentro de una cancha, y me han descalificado hasta por mi condición física».

Pilar va por el triunfo de la igualdad en el fútbol.

Entre las deudas pendientes, las pibas cuentan que tienen que afrontar la falta de recursos. Los clubes suelen ofrecerles para entrenar materiales que sobran o que ya no usan las categorías masculinas, suponiendo que las mujeres no necesiten entrenar con materiales de calidad. Son las propias jugadoras las que deben hacer diferentes tipos de eventos para comprar los insumos.

En las vivencias de Ayelén se encuentra un campeonato ganado con Alsina de Chivilcoy después de ir a penales, un recuerdo inolvidable y sentimientos encontrados. «El último penal para definir le toca a una de mis compañeras y cuando estaba yendo a patearlo, se arrepintió. El DT me dice ‘Aye, patealo vos’. Me congelé de los nervios. Salí trotando al punto penal, mientras escuchaba de lejos que me decían que me tome mí tiempo, que no me ponga nerviosa, que vaya tranquila. Seguí corriendo sin escuchar a nadie, agarré la pelota, le di un beso y le pedí a mi amigo que desde el cielo me que ayude. Lo único que escuchaba era los de la radio que gritaban desde su cabina.’Si convierte Alsina es campeón. Ahí va Atpai y gooooooool’. No lo podía creer».

¡Hay equipo! En la fila de abajo, la quinta desde la izquierda, Ayelén con sus compañeras en 2016.

La profesionalización del fútbol es un gran paso para las jugadoras pero en lo social dista mucho la concepción del juego desde la vara del género. «Considero que a partir del suceso Macarena Sánchez van a cambiar más cosas hasta poder llegar a una verdadera igualdad entre el fútbol de ambos sexos. Siempre consideré injusta la diferenciación que se hacía con nosotras», consideró Pilar.

A partir de los acontecimientos del último año, el fútbol femenino dio un giro de 180 grados. Cada vez hay más torneos, más participación y más clubes. También creció la cantidad de clubes con categorías mixtas con participación de niñas de entre 6 y 13 años. Entre ellos, la televisación por primera vez gratuita del Mundial de Francia 2019.

«Mi sensación al ver el mundial fue de felicidad y de tristeza, de felicidad porque hace mucho tiempo que no se veía y ellas siempre, a pesar de todo, salen a la cancha dejando lo mejor. Y de tristeza porque al fútbol femenino aún lo tienen apartado y no le dan mucha importancia», explicó Pilar.

Hoy en día el FutFem ganó muchas batallas pero quedan muchas más por afrontar. De a poco la lucha por el reconocimiento en el deporte hace eco y los derechos crecen a pesar de las dificultades. Mientras tanto, las pibas siguen dedicándole tiempo con ganas de seguir aprendiendo no solo en lo técnico y dentro de la cancha sino para ir por más y lograr una completa igualdad.

Publicidad

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí