Entre las noticias de la semana destacó una imagen. La que muestra a un presidente electo junto a un pibe de barrio. Federico Aime acerca su opinión sobre un gesto que vale más que mil palabras.

En estos días circulo una foto del presidente electo con Brian, un joven que fue blanco de la discriminación y la estigmatización que un sector de la sociedad reivindica como forma de vincularse con la otredad.

Ese menosprecio y desvalorización del otro por su identidad, su forma de vestir, sus costumbres o sus rasgos estéticos. Esa forma de vincularse con les otres tiene asidero en el racismo y el clasismo que han caracterizado a una porción de la sociedad a lo largo de la historia.

Esa foto fue como una palmada en la espalda, una especie de recordatorio: “ves, el pibe existe y el presidente lo reconoce”. Muchas veces pasa en Luján que se cree que la ciudad sigue siendo el centro y un par de cuadras más. Y que la ciudad es blanca, de clase media y todo queda cerca de la municipalidad, pero no, el pueblo creció, y tiene muchos barrios, y en esos barrios hay necesidades, muchas más que antes, y muchas más después de ocho años de abandono sistemático. En esos barrios viven los Brian, y no podemos hacer como si no existiesen, todo lo contrario, tenemos que poder ver y estar en esos lugares, para que el Estado llegue, para que la política llegue, para que las soluciones lleguen.

En esa foto Alberto es un pedagogo y su ejemplo es una pedagogía. La foto no es solo un acto de reivindicación y defensa de los sectores más humildes de la sociedad. Esa foto representa una opción política y una toma de posición frente al nuevo escenario que se configura en nuestra Argentina.

La fuerza de la imagen, en esta sociedad hiperconectada y ultraexpuesta tiene la capacidad de contar con mayor velocidad lo que la palabra a veces ni siquiera puede. La imagen a su vez permite la “libre interpretación”, interpela y al mismo tiempo invita a pensar con quienes y para quienes andar el camino de recuperación de nuestra sociedad.

En el imaginario republicano un presidente tiene que representar los valores que esa sociedad entiende como positivos, valores inalterables del orden ciudadano y de la convivencia social. Esos valores están en disputa. Se enfrentan dos lecturas del mundo, de un lado el gatillo fácil y la foto con Chocobar, del otro la empatía y la foto con Brian. De un lado la discriminación y el odio, del otro la aceptación y el amor.

En nuestros pagos, muchas veces no dimensionamos la cantidad de casos similares que sufren día a día nuestros pibes y pibas. El peso de la “civilización” cayendo sobre sus hombros con toda fuerza. Brian es una metáfora social, es un caso “testigo” que podemos ubicar en cualquiera de nuestros barrios populares, donde la desigualdad social apuntala la exclusión, y con ella la necedad que algunos sectores practican con total naturalidad.

La foto que circulo por las redes sociales y los medios de comunicación fue una bocanada de aire fresco, fue un alivio de saber que nuestro presidente se paró de un lado. Que ese presidente eligió a los que luchan y se comprometen, que eligió defender a nuestros pibes y pibas, que eligió el respeto, que eligió sacarse una foto que con su ejemplo, con su pedagogía, nos invita a construir un país más justo para todos.

Etimológicamente la palabra pedagogía tiene su origen en el griego. Paidós que significa niño y Agein que significa guiar o conducir. Entonces, si pedagogía significa conducir, Alberto nos marca un horizonte. La pedagogía de esta foto enseña el ejemplo de abrazar a los que más sufren el neoliberalismo dia a dia, el aprendizaje de construir un país que nos incluya a todos. Brian también nos muestra un camino, en un reportaje parafrasea “podemos ser mejores”, debemos ser mejores.

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