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sábado, 26 septiembre 2020

La juventud en tiempos de transformación

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“La juventud está perdida”, “nosotros a esa edad ya trabajábamos”, “son todos unos vagos”, “las chicas de ahora solo saben hacer quilombo y pintar paredes”, “nadie quiere estudiar”, “están todos metidos con esa porquería de la droga”, “no tienen futuro así”, y podrían seguir sumándose algunas de las palabras que a diario califican y adjetivan a la juventud.

Paradójicamente, hace 21 años la Asamblea General de las Naciones Unidas designó al 12 de agosto como el Día Internacional de la Juventud, con la finalidad de promover el papel de la juventud como “socia esencial” en los procesos transformadores y de esa forma permitir un espacio para generar conciencia sobre los desafíos y problemas a los que nos enfrentamos las y los jóvenes de todos los países.

El rol de la juventud a lo largo de los años ha ido evolucionando, mayormente estuvo ligado a la asociación al mundo del deporte y específicamente en nuestro país al fútbol, como deseo primordial de que el pibe llegue a jugar a las grandes ligas. Pese a esta cultura patriarcal, nuestro papel ha ido sufriendo mutaciones, propias del contexto de estos últimos años, ya que somos testigos y al mismo tiempo protagonistas de una serie de reformas de carácter institucional que nos obligó simplemente a exigir nuestro lugar en la toma de decisiones. Decisiones que exceden más allá de los ámbitos políticos, ya que nos convoca a una red infinita de espacios que debemos ocupar y no solo por una cuestión generacional, sino también por una cuestión transformadora.

En esa trasformación el plano local no queda exento: ¿qué es lo que verdaderamente le pasa y sucede a la juventud de Luján? Porque además nuestras inquietudes o problemas no son distintos a los que se dan en los niveles nacionales o regionales: la falta de inserción laboral, la deserción escolar, la falta de acceso a servicios básicos, y claramente la pobreza.

Transitamos así en un mundo en constante transformación, un mundo que se mueve progresivamente y donde las oportunidades cada vez son más escasas. La no visibilidad como primera variable de este proceso, en los últimos años se logró polarizar con las frases mencionadas anteriormente, pero nadie se ocupó de hablar y acompañar a esta juventud emprendedora, como quienes abrieron su barcito, pusieron su cooperativa de trabajo, inventaron una app, lanzaron su instituto educativo, quienes aplicaron en los medios de comunicación la perspectiva de género, también quienes tuvieron que irse a probar suerte a otro lado, o a entrenar su deporte profesional como arquería, natación, remo, atletismo, o artistas plásticos premiados por otros países, activistas, militantes políticos, una juventud inquieta y comprometida en cada una de sus disciplinas, y acá ni siquiera sabemos sus nombres.

Sin embargo, específicamente en la última década nos vimos invitados a participar en una serie de hechos y acontecimientos donde nos colocamos como protagonistas, claro que muchas de ellas a través de la propia promoción de la acción juvenil. Actividades para el cuidado del ambiente, la lucha por la igualdad de género y su identidad, los gritos del “Ni Una Menos”, el reconocimiento de la autonomía en la decisión sobre el cuerpo de la mujer, son sola algunas de las tantas marchas a las que muchas y muchos asistimos.

El 12 de agosto fue declarado como el Día Internacional de la Juventud por la Asamblea General de las Naciones Unidas. Foto: Julieta Brancatto

Hoy nuestra generación, casi como una nueva forma de vida, se involucra en los asuntos sociales, en los problemas comunitarios, nos preocupamos por la inestabilidad económica, por el papel de los medios de comunicación y la influencia de las redes sociales en el sistema con el que convivimos.

La pregunta sería ¿por qué lo hacemos? Parte de esa respuesta se explica simplemente porque somos una nueva generación que transita verdaderamente la transformación, porque adquirimos la capacidad de superar las propias adversidades que las malas decisiones de nuestros antecesores tomaron, pero al menos nos dejaron el poder de la resiliencia para transformar.

En los tiempos que corren, frente a una situación epidemiológica que sacude al mundo, no nos quedamos quietos. Ese ha sido el rol de la juventud en estos últimos años, donde somos testigos y al mismo tiempo partícipes de una renovación que se acerca y la cual se exige a gritos.

Donde las y los jóvenes queremos opinar sobre política, sobre la economía, sobre la decisión, sobre la conformación de liderazgos, sobre la defensa de los derechos humanos y la empatía ante situaciones de vulnerabilidad. Una juventud que no está perdida, sino una que está presente señalando donde está la corrupción, donde están arruinando pibes y pibas con el narcomenudeo, donde se necesita invertir en el deporte o en el arte, donde se necesita desarticular basurales y contribuir al cuidado del ambiente.

Esas acciones no son meramente enunciativas, son hechos, son realidades, por eso nos debemos únicamente nuestras exigencias, nos debemos la obligación en hacer mejor las cosas, en profundizar el estado democrático que no es más que fortalecer la participación comunitaria, integrar nuestras voces en los procesos de decisión, exigir oportunidades, buscarlas y obtenerlas, nos merecemos eso porque de nosotros depende también nuestro mañana. No habrá más que un ahora incierto hasta que todas las juventudes nos unamos para entender que de nosotros depende la transformación.

Nuestro lugar es este, y nuestras voces se tienen que oír, porque de lo que ellos y ellas construyen en este momento, nos podrá definir nuestro mañana. Nuestro rol como jóvenes en este proceso de transformación no es menos que simplemente estar, por eso sepan que acá estamos.


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