“Sí somos capaces de salir del infierno, como no vamos a sacar este país adelante” gritó Esteban “El Gringo” Castro, el próximo secretario general de Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Economía Popular, el gremio que nació para representar a la mitad del país que se tuvo que inventar su propio trabajo.

El 19 y 20 diciembre de 2001 un presidente dejaba el gobierno en helicóptero y un tendal de muertos, detenidos y reprimidos en Plaza de Mayo. El saldo político de los excluidos y las excluidas de la argentina se deja medir en la foto de otro diciembre, de este 2019, con los resabios de aquella rebeldía que maduró en las organizaciones del campo popular y resistió los embates recientes.

Sindicato, tenemos sindicato. Antecedentes de lucha y organización en esta crónica  de Ladran Sancho para entender la marcha de los excluidos y las excluidas y una nueva configuración de la clase trabajadora.

Foto: Emergentes

Cuando el macrismo todavía no tenía un año en el ejercicio del gobierno, más de 100 mil personas marcharon desde la Iglesia de San Cayetano hasta la Plaza de Mayo pidiendo Paz, Pan y Trabajo. El barrio de Liniers quedó tapado de banderas de organizaciones sociales y políticas y una cantidad de consignas y reivindicaciones que rompían con las muestras de devoción acostumbradas para el patrono del laburo. Barrios de Pie, la Corriente Clasista y Combativa (CCC) y la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP) conformaban el Tridente de San Cayetano un 7 de agosto de 2016.

Año tras año, se repitieron las peregrinaciones y marchas consolidando el numero de gente y la formulación de demandas. Las amplias consignas se transformaron en exigencias políticas concretas: emergencia social, salario social complementario, emergencia alimentaria, ley de barrios populares, entre otras que se plasmaron en leyes y normativas.

Mucha agua de movimiento popular pasó por los puentes del gobierno amarillo en sus cuatro años de aventura en el Estado. Este sábado en el Microestadio de Ferro las organizaciones sociales que apostaron toda su militancia al sector más golpeado por la política del descarte lanzaron la Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Economía Popular (UTEP) como la “herramienta para seguir conquistando derechos del sector”.

La unión de las organizaciones que conformaron el tridente se expande. Se habla de la posibilidad de construir un sindicato para quienes no tienen empleo formal. Se trata de 500 mil personas que ya integran el gremio y un número, varias veces superior, en condiciones de afiliarse. “No te puedo dar la personería gremial porque no tenés patrón” es una de las respuestas que surgen en torno la incapacidad de entender que existen otros modos de organizar el trabajo y la economía, otro modo de entender a la clase trabajadora. “En todo caso que se preocupen por los derechos que no tenemos” responde el Gringo Castro. Y por ahí va la cosa.

“La historia tendrá que contar definitivamente con nosotros y nosotras”. La voz afónica de Jackie Flores se combina con sus ojos al borde del llanto. La impulsora del Primer Bachillerato Cartonero Popular y referenta feminista en el Movimiento de Trabajadores Excluidos pidió en Ferro un nuevo Nunca Más para una “Patria dónde los pibes no tienen para comer”.

Foto: Emergentes

La economía popular es caracterizada como el sector que vive de su trabajo pero en condiciones de informalidad y sin un empleador identificado. Y también por el sueño de materializar el acceso al salario social complementario, la cobertura de salud, la protección familiar, la cobertura ART y los aportes jubilatorios.

Un contingente de Luján vuelve en el tren sarmiento con emoción. Albañiles, agricultores, quienes levantan y atienden comedores y merenderos, cuidacoches, vendedores ambulantes, talleres de carpintería, mantenimiento de espacios públicos. Son decenas y decenas de hombres y mujeres que laburan en distintas ramas productivas.

Marcelo Medina lleva construidas varias casas, entre ellas las de Olivera, donde se relocalizaron 30 familias para salir de la inundación y las del barrio El Ombú en Pueblo Nuevo. En su voz, la economía popular se fue convirtiendo en la única alternativa posible para muchos y muchas necesitaban afrontar la crisis e inventarse la forma de llevar un mango a la casa.

La economía popular sigue creciendo en Luján, por apuesta y convicción pero también como alternativa frente al descarte. «Hubo un mayor aumento durante los cuatro años de gobierno de Macri, donde las familias se vieron muy afectadas, no solo por la escasez de empleo, sino también por la gran caída del poder adquisitivo del salario» cuenta Marcelo.

El armado gremial, tendrá su reflejo en el pago chico, donde aspiran a consolidar una mesa de coordinación «convocando a las diferentes fuerzas, aspirando siempre a un marco de unidad que nos permita, no solo realizar demandas, sino también nos sirva para marcar el camino hacia donde queremos ir»

La cúpula del nuevo gremio expresa la potencia del trindente: a la Secretaría General va Esteban “El Gringo” Castro (CTEP) secundado por Daniel Menéndez (Barrios de Pie) y Carlos Alderete (CCC). El Frente Popular Dario Santillán es otra pieza importante en el armado sindical. La apuesta en el corto plazo es que confluyan en una misma nómina de demandas laborales el conjunto de las organizaciones sociales.

En el acto de lanzamiento durante el fin de semana en Ferro, varias personalidades de la política reconocieron la existencia del sector y saludaron la iniciativa. Dirigentes sindicales y políticos, gremialistas, funcionarios del gobierno nacional y artistas. Entre ellos y por vídeo, el presidente Alberto Fernández.

Las expresiones de reconocimiento, no son menores si se tiene en cuenta que se habla del subsuelo de la patria. De los excluidos, que de forma invisible participan activamente en la generación de riqueza del país, pero que son desposeídos a la hora del reparto. “Esta vez, la historia tendrá que contar definitivamente con nosotros y nosotras” vuelve a sonar la voz de una cartonera en el microestadio de Ferro.

El sindicato tendrá varios frentes abiertos: mantener la unidad del sector y ampliarla es la tarea primordial para ganar fuerza, la relación con el gobierno no será tarea sencilla si aspiran a transitar un mismo camino sin perder identidad ni autonomía y finalmente, abrir las puertas de la CGT para sellar una nueva configuración de la clase trabajadora.

Aquí, entonces, los descamisados del presente, los cabecita negra del siglo XXI, los descartados de la globalización excluyente, comenzamos a escribir un nuevo capítulo en la historia de la clase trabajadora y damos un nuevo paso hacia nuestro destino.

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