¿Artistas o laburantes del arte? Forman parte de uno de los sectores más afectados por esta crisis. Carlos Scappatura, teatrero local, recorre respuestas, falencias y los interrogantes que se abren para el mundo de la cultura y el entretenimiento.

La mitad de la población mundial está en cuarentena. La producción mundial cayó un 50%. El campo de la cultura fue de los primeros en ser afectados y será de los últimos en restablecerse, si es que es posible.

Muchas actividades artísticas y clases de arte fueron canceladas. Trabajadores del arte quedaron sin ingresos. Ante esta situación les artistas reclamaron soluciones al Estado y algunes se adaptaron al formato virtual. ¿Cuál es la respuesta? ¿Es prioritaria la actividad cultural? ¿Cuál es el rol de la cultura en esta angustiante realidad?

Desde los distintos niveles del Estado se tomaron medidas para paliar la crisis sectorial. Desde el flamante Ministerio de Cultura se lanzó una encuesta dirigida a les hacedores de la cultura, no se sabe en qué políticas resultará pero algunas ya se tomaron. Desde el Instituto Nacional del Teatro se lanzó el Plan Podestá. Tanto el Instituto del Cine como el de la Música hicieron lo propio.

Son medidas necesarias, pero insuficientes. El gobierno de la provincia de Buenos Aires lanzó una convocatoria de videos llamada “Mi vida en cuarentena”.

En la primera etapa les artistas seleccionades obtendrán una ayuda económica y luego pasarán a una segunda etapa donde, si el público les vota, pueden acceder a un monto extra. La política de la provincia se parece a “Los juegos del hambre”. Desde los Estados municipales las medidas son tan dispares como lo son sus presupuestos o los criterios con que las gestiones priorizan las diferentes áreas.

Pero en general hay un desentendimiento total y en municipios que hasta el momento eran referencia en materia cultural, como los casos de Tigre o Escobar, decidieron dejar librades a su suerte a artistes o profesores de arte o les rebajan los sueldos y les exigen que continúen las actividades de modo virtual, modalidad que no en todos los casos es posible. En Tigre además decidieron no hacer efectivos subsidios ya otorgados para artistes locales, “hay otras prioridades”.

En Luján, municipio que viene con décadas de atraso en la materia, se prometió que se sostendrán los contratos de los talleres (se supone que se sostendrán a distancia), se difundió una breve serie de charlas en video y se lanzó una “convocatoria”, habiendo una ya realizada. En una entrevista periodística a Pares TV, el presidente del Instituto de Culturas y Turismo, Nicolás Capelli, la anunció como un “concurso”, cuyo alcance no queda claro por el momento.

Es claro que la actividad cultural no es prioridad tampoco durante la pandemia. Aún para gobiernos que proponen un “capitalismo con rostro humano” la cultura aparece como algo accesorio. No basta con que la Organización Mundial de la Salud recomiende incluir a las artes en la promoción de la salud. La cultura no parece jugar para los Estados ningún rol esencial, tampoco en esta crisis.

Mientras tanto les trabajadores del arte, les artistas independientes, que vivimos desde siempre en la precariedad laboral, somos más pobres que antes. No podemos sostener nuestros hogares y dependemos del bolsón de comida que ofrece la Asociación Argentina de Actores o emprendimientos como “Artistas Solidarios”.

Además el futuro es incierto ¿Cuándo podremos volver a dar un recital, una función de teatro, una clase de canto? ¿Cómo será la sociedad que devenga de esta pandemia? ¿Necesitará del arte? Y en este panorama ¿Pensamos que esta crisis es la oportunidad para que se empiece a valorar nuestro trabajo?

Difícil de creer. Quizás sea otra oportunidad para entender que les hacedores de cultura somos “trabajadores (precarizades) de la cultura” más que “artistas”. Para aceptar que estamos más cerca del albañil que hace changas, de la madre que trabaja en el servicio doméstico, del cartonero que recorre las ciudades reciclando que de las “figuras” televisivas o de las PYMES. Somos laburantes como tantos millones, trabajadores informales, sin cobertura de salud, sin ART, sin sueldos ni aguinaldos, sin acceso al crédito ni a la previsión social.

Quizás es un momento para reconocer que nuestra suerte es la suerte que corren millones en nuestro Pueblo y que nuestra función quizás sea aportar a una identidad popular y podamos darle a nuestra tarea, hoy más que nunca, un sentido colectivo y liberador.

Por Carlos María Scappatura, teatrero popular
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