abril 24, 2024
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La Amistad Biohuerta: “No se puede pensar en la soberanía alimentaria sin que se produzcan semillas propias en el país”

La Amistad Biohuerta produce alimentos usando la agricultura biológica como proceso integral. Conocé la historia de dos hermanas que trabajan desde hace más de 10 años con alimentos agroecológicos certificados.

Martha y María Isabel son las dueñas de La Amistad Biohuerta, una sociedad anónima de Luján la cual posee certificación agroecológica hace una década. En La Amistad Biohuerta se producen productos hortícolas y frutas apostando a la sustentabilidad, la agroecología y la soberanía alimentaria.

La historia del campo La Amistad comenzó lejos de la producción agroecológica. La tierra fue adquirida por el padre de Martha e Isabel con otros objetivos: un lugar de encuentro familiar. Luis Jones Giusti fue un exitoso empresario dedicado a la producción de laminas para medicamentos.

Con los vaivenes económicos de la Argentina y las políticas neoliberales de Martínez de Hoz y Carlos Menem la industria argentina se debilitó. Giusti en un primer momento de neoliberalismo explicitó dedicarse a la importación del mismo producto que fabricaba en Argentina. Pero con la llegada de Menem al gobierno decidió cambiar de rubro, comprar la estancia La Amistad y avanzar hacia la producción de césped.

Años después, la propiedad cayó en manos de Martha y María Isabel. Ambas hermanas decidieron comenzar a producir de manera sana. “Recibimos esta tierra como una herencia, fue un privilegió, pero también fue una gran responsabilidad”, comenta Martha.

En 2012, las hermanas comenzaron la producción. Su primera definición fue que sea de manera agroecológica. Para ello, llamaron a certificadores del INTA y del Ministerio de Desarrollo Agrario de Nación para meterse en el mundo de la agricultura orgánica.

Martha es quién más tiempo le dedica a la empresa familiar. Hoy en La Amistad trabajan 5 laburantes de manera fija y para trabajos específicos suelen contratar a empresas por falta de herramientas o porque es más conveniente.

Meterse en el mundo de la agroecología tenía un desafío extra para Martha. Ella es arquitecta, profesión que aún mantiene y combina con su trabajo en la biohuerta.

El interés de Martha provino tiempo antes de heredar el campo. En sus 30, Martha sufría de problemas digestivos y, sin un diagnóstico claro, investigó por su cuenta y comenzó a relacionar sus dolencias con lo que comía.

Allí descubrió la importancia de una alimentación sana y libre de agroquímicos. Desde ese momento cambió por completo su dieta, comenzó a comer frutas y verduras que no estuvieran producidas de manera convencional y armó una huerta pequeña que le servía de abastecimiento para su familia, la de su hermana y algunos vecinos.

“En una hectárea comenzamos con remolacha y zanahoria, y rotábamos los cultivos”, afirma Martha. Hoy, La Amistad Biohuerta tiene 41 hectáreas producidas de manera agroecología y certificadas.

En el 2020 comenzaron con una producción de cultivos extensivos. “Lo primero que hicimos es hacer abonos verdes para el recupero del suelo”, explica Martha. Un principio que rige es que los cultivos tienen que ser diversos y, respetando los tiempos del suelo, se rota lo que se planta.

Poco a poco, la producción fue creciendo. Abrieron nuevas hectáreas con diferentes producciones de hortícolas o frutales. En 2022, el Ministerio de Desarrollo Agrario entregó frutales a producciones agroecológicas, lo que les permitió seguir con la producción.

“Hay una mala noticia, hoy no somos completamente suficientes económicamente. Lo cierto también es que hemos ido invirtiendo todos los años. Empezamos con una sola bomba de riego, hoy tenemos riego en varias partes y bombas de riego en todas las parcelas. Compramos una cosechadora y más cosas”, describe Martha.

Sin embargo, Martha sabe que la discusión de que la producción convencional es más rentable y beneficiosa para el país frente a la producción agroecológica es falsa. “Hay muchas confirmaciones científicas que desmienten que la manera de convencional es más productiva que la agroecológica. Hay una experiencia, en Benito Juárez, donde el rinde que se tuvo fue algo de 200 gramos por hectárea. Ósea, nada. Y los gastos que se tienen en este modelo agroecológico son menores”, afirma.

Además de la rentabilidad inmediata existe una necesidad de prestar atención al tiempo de los suelos y a conservar su riqueza. Martha sostiene que “el modelo convencional es rentable por muy poco tiempo, no es sostenible en el tiempo. Lo que hoy se hace es alquilar un campo, destruirlo con la cosecha de una temporada e irse a otro campo. Lo que queda es un suelo destruido. Yo comencé por una cuestión de alimentación y me di cuenta lo importante que es respetar el suelo”.

Los 300 productos que existen en La Amistad Biohuerta se venden en diferentes puntos y de manera directa a través de la web o las redes sociales. Además, trabajan con empresas de Luján como Campo Claro, o locales de Capital, San Antonio de Areco, Capitán Sarmiento y Castelar.

El producir sano es una filosofía de vida para Martha. “Los alimentos que tienen una carga importante de agroquímicos no te nutren y además te hacen mal. Para mí el alimentarse es para nutrirse y no es comer por comer. Eso es lo que a mí me importa y por lo que apuesto a la agroecología”, argumenta.

El compromiso de muchos productores no es solo el de alimentos saludables, sino es de un precio justo entre productor y consumidor. “Hay una falacia con que lo agroecológico es más caro. Nosotros vendemos al público a un precio mucho más accesible que el que a veces se vende en las negocios. Ahí el intermediario juega su rol”, explica Martha.

La falta de lluvia y la sequía histórica trajo problemas a las y los productores. Los últimos cuatro años de poca lluvia se sienten fuertemente. En las 50 hectáreas certificadas como agroecológicas se nota la falta de agua, aunque desde La Amistad Biohuerta no se resignan y continúan con la producción y sus principios.

En 2023 la apuesta es producir semillas nativas propias. Para ello, Martha mantuvo reuniones con el Ministerio de Desarrollo Agrario, INTA e Instituto Nacional de Semillas (INASE).

La apuesta es recuperar las semillas criollas y no depender de las importadas. En ese sentido, Martha busca transformar a La Amistad Biohuerta en la primera empresa de Luján en producir este tipo de semillas genéricas y de fácil acceso a distintos productores de la zona.

“No se puede pensar en la soberanía alimentaria sin que se produzcan en el país semillas propias. Nosotros tenemos que comprar semillas que son importadas en su gran mayoría, salvo que sea a partir del compartir entre diferentes productos”, concluye.

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