El efecto Thelma atraviesa todos los sectores y la política no es una excepción. En medio de la ola de denuncias el ex diputado provincial es apuntado por abuso de autoridad y acoso sexual. “Se muestra encantador y es un gran impostor”, relató a Ladran Sancho una de las víctimas.

El pronunciamiento del Colectivo de Actrices Argentinas contra Juan Darthés sacudió todos los estamentos. El destape de denuncias por acoso y abuso se explica por un fuerte posicionamiento del movimiento de mujeres, que terminó de cerrar un año de conquistas para el feminismo. Esa marea imparable puso en evidencia la transversalidad del patriarcado y la violencia machista, incluyendo la violencia de género en la política institucional, uno de los sectores más rancios y con más pactos de silencio entre machirulos.

El viento de cola arrojó testimonios y acusaciones para todos los colores y sectores. En ese tren, el dirigente y referente local del GEN Juan Carlos Juárez es señalado por al menos dos mujeres por ejercer abuso de autoridad y acoso sexual en el ámbito del trabajo. En diálogo con Ladran Sancho, una de ellas compartió su experiencia con la esperanza de «desenmascarar las redes de complicidad de la política patriarcal y machista».

«Empecé a militar en el GEN de la mano de Margarita Stolbizer y en el 2010, cuando empecé a desempeñarme profesionalmente, Juárez me ofreció trabajo en su despacho. Ahí empezó el calvario». Así comienza el relato de Sofía, a quien se hará referencia mediante ese nombre de fantasía, para preservar la identidad de la denunciante.

«Está muy lejos de ser un tipo de bien, como se vende», dice Sofía sobre el ex diputado y probable candidato a intendente de Luján. Su testimonio da cuenta de situaciones de abuso de poder, acoso laboral y sexual; una historia repetida en las relaciones desiguales entre hombres y mujeres, en el ámbito laboral. Desiguales no por jerarquía sino por género.

«Es un misógino perverso y narcisista que se topó con una cuota de poder y a solas podés ver su verdadera personalidad y sus bajos instintos. Es un ser de lo peor. Creo también que es un gran impostor. Se muestra encantador y es un gran impostor».

Foto: Victoria Nordenstahl

Con la ilusión de desarrollarse profesionalmente, Sofía aprovechó la oportunidad de trabajar en la Cámara de Diputados de la provincia. Pero rápidamente las actitudes en el ámbito laboral cambiaron de tenor.

«El acoso era constante y sistemático. Quedarte sola con él era que te avance, que te toque, que te agarre la boca para besarte, me transpiraban las manos de los nervios, me volvía torpe del miedo. El tipo te agarraba las manos y te decía ‘¿Qué te pasa? ¿Tenés miedo? Tenés las manos transpiradas’. Si, claro, tenía un miedo terrible a que me hiciera algo, a perder el trabajo, a cargar con el estigma, a que me traten de traidora en el partido por salirme de la organicidad. Así cada vez que me quedaba sola con él», relata Sofía.

«Yo llegué muy ilusionada porque era mi primer trabajo vinculado a mi profesión, pero enseguida se me encendieron las alertas porque empecé a ver cosas. La cara de descompuesta con la que salía mi compañera de la oficina era terrible. Después empecé a notar que siempre intentaba tocarme, de hecho muchas veces lo hacía. Me decía que linda que estás, mirá como estás, mirá que lindo escote. Empecé con ilusiones pero terminó siendo un lugar de terror», recuerda.

No es no

Sólo tomando en cuenta el GEN, la lógica se repite en varios casos. El más resonante es el del concejal de La Plata Gaston Crespo, denunciado esta semana en la justicia penal por abuso sexual en el ámbito laboral.

Cabe destacar que luego de la denuncia de Thelma Fardín y el artículo publicado en Infobae por la periodista Marisol De Ambrosio, señalando los abusos en La Cámpora, fueron varios los espacios que se vieron atravesados por diferentes casos de acosos y abusos sexuales que pusieron bajo la lupa las estructuras partidarias.

«Yo entiendo lo que es un coqueteo, una conquista, un piropo, un halago, y lo distingo de un acoso o abuso en el trabajo. Es la única vez que me pasó en mi vida», afirma Sofía. «Era tal el acoso y el abuso que entre compañeras tratábamos de no dejarnos solas porque sabíamos que el momento en que nos quedábamos solas con él, era terrible», dice sobre Juan Carlos Juárez.

«No le gustaba ni un poco que le dijeras que no. Se molestaba si le ponías la mano adelante para que no te avance o si te hacías la boluda. Porque tampoco es fácil ponerle ese freno, porque es tu jefe, es tu partido, porque te hacen sentir que te estás desordenando, por un montón de cosas. Yo sabía que si lo enfrentaba me quedaba sin trabajo y sin militancia. Es horrible».

Foto: Julieta Brancatto

Es en este punto donde la presión y violencia psicológica entraron en el escenario. Un modus operandi repetitivo en los estamentos de poder. Las ilusiones de la realización personal se vieron quitadas de plano por el miedo, la extorsión, el terror de perder lo conquistado y la posibilidad de seguir creciendo profesional y personalmente.

«Al principio te hacía trabajar cinco veces más de lo debido, porque sos mujer, sos atractiva, porque te quiere levantar y no puede. Y se daba esta idea de que si accedés a sus bajos deseos por ahí no tenés que trabajar tanto y no tenés que demostrar lo buena que sos para que te suba el sueldo. Porque ir a pedir un aumento o un cambio de categoría era ir al matadero. Era someterte a que te diga que no y que tenías que acceder a lo que te pedía para que te lo de. No lo decía en lo concreto pero estaba súper implícito».

«Trabajábamos varias mujeres ahí y creo que todas fuimos víctimas de él» reflexiona Sofía. «Pero era muy cagón también porque a una de mis compañeras le decía ‘vos no sos como las demás que tienen una familia de bien, que tienen marido, vos sos una negrita que traje del campo’, y le insistía en que si accedía a sus pedidos de tener sexo con él, iba a poder escalar en su trabajo».

Complicidad patriarcal y estructuras partidarias

Cuando el efecto Thelma llegó a los partidos políticos, las denuncias de acoso y abuso en las estructuras partidarias dejaron entrever los silencios y pactos entre los hombres del poder. El cuidado entre machos, comienza a resquebrajarse con el avance de las mujeres que denuncian la complicidad machista en las prácticas misóginas y violentas de los hombres. El caso del «Loco» Romero de La Cámpora es un ejemplo resonante de eso.

Sofía afirma que terminó renunciando al GEN por la reproducción de estas mismas lógicas de complicidad dentro del partido. Cuando le contó a «un primera línea lo que vivía con Juárez», éste sólo esbozó un «mirá vos» y no pasó nada más. Incluso enfatiza en que ese mismo personaje le dijo al referente del GEN local lo que ella le había relatado, y le advirtió que Sofía «no era confiable porque en algún momento podía contar lo que pasaba con Juárez y eso era perjudicial para el partido. El GEN no hizo nada y yo seguí presa en ese despacho», expresa la mujer.

Foto: Julieta Brancatto

«Mientras trabajaba en la oficina de Juárez pedí auxilio a un montón de gente. Y ahí las redes de complicidad se van tejiendo porque cada cual juega su juego, y te dejan sola. Las situaciones que vivimos ahí fueron muy feas. Ese tipo, ese lugar, ese despacho y esa red de complicidad que se tejió alrededor de eso, me quitó absolutamente las ganas de volver a militar», dice con desgano. Tras los ninguneos, los destratos y las situaciones de acoso, Sofía terminó renunciando al despacho de Juan Carlos Juárez y al GEN.

Años después se animó a hablar. Margarita Stolbizer, referente nacional del espacio mostró un acercamiento al feminismo durante la votación del proyecto de ley para despenalizar el aborto, donde expuso su posición a favor, en la discusión en comisiones previo a la votación en la Cámara de Diputados. A partir de ese gesto Sofía decidió confiar en la referente y le pidió ayuda por su pasado en relación a Juan Carlos Juárez.

Las respuestas tardaron en llegar, y este viernes por la mañana la ex diputada demostró que el patriarcado también tiene pollera. «Plantea que tenemos que ir a la justicia para probar lo ocurrido. La falta de sororidad nos tiene desilusionadas», afirma Sofía. «Es dura la falta de apoyo del partido y el ninguneo de Marga porque le dije que Juárez me agarraba las piernas, me tocaba, me elogiaba el cuerpo, el perfume, las tetas, apreciaciones de todo tipo que nadie le pidió y ella ahora no hace nada».

En su respuesta por mensaje de texto, Stolbizer le dijo a Sofía que lamenta «que la declaración del partido no alcance y me parece lógico que así sea. Es una declaración de un partido político y no es posible desde ese lugar ni absolver ni condenar. Por eso y porque así lo exigen todos los grupos de mujeres es que ir a la justicia es lo único que puede darles a ustedes alguna respuesta. […] Las sanciones se deben resolver en los ámbitos donde corresponde», dijo la dirigente, desconociendo su responsabilidad institucional y desligándose de una denuncia dada en el marco del partido que ella encabeza.

Por estas horas Sofía tiene la esperanza de que los llamados de los ex legisladores y autoridades partidarias que la apoyan sirvan para exponer las redes de complicidad de los machos del GEN. «Fue un calvario de acoso, abuso, silencios y complicidades. Me alegra mucho poder haberlo dicho y espero que el tribunal partidario esté a la altura», sintetiza sobre los pasos a seguir.

La historia de Sofía es la de muchas. Hoy el señalado es el ex diputado y posible candidato a intendente municipal Juan Carlos Juárez. Mientras tanto, los pactos de silencio sostienen a los violentos y acosadores que ocupan desde las estructuras políticas a las familiares. Ellos saben que el feminismo llegó para quedarse y que son muchas las Sofías que ya no callan más, para que las cosas cambien.

Publicidad

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor, dejá aquí tu comentario!
Ingresá tu nombre