En un nuevo aniversario de su natalicio recorremos los inicios de un referente de la cultura popular. Junto a su carreta La Andariega y tras el impulso de Monjardín y Furt consolidó un cariño por nuestra ciudad gracias a su pasión por los títeres.

Según las conclusiones a las que arribaron diferentes investigadores la historia del teatro de títeres inició hace mucho tiempo, en la época colonial del Virreinato del Río de la Plata emigrado desde Europa.

Con el correr del tiempo, durante los inicios del siglo XX, entre los barrios porteños los títeres crecieron de la mano de los inmigrantes. Ubicados en un lugar marginal de la cultura, se trataba de titiriteros anarquistas que consolidaron su lugar con una fuerte impronta atravesada por sus ideales.

En ese contexto la importancia de la figura de Javier Villafañe en el mundo de los títeres cobra relevancia a partir de la década de 1930. Nacido un 24 de junio de 1909 en Buenos Aires, el escritor, poeta y titiritero es parte de la primera generación de titiriteros argentinos.

Con su carreta La Andariega recorrió diferentes ciudades del país y del mundo con la compañía de su equipaje y sus muñecos. Hospedado largo tiempo en Luján durante los años 30 estableció fuertes lazos con Federico Monjardín y Jorge Furt quienes apoyaron su arte desde los inicios.

Comenzó a jugar con los títeres desde niño gracias a los cuentos que su madre leía. Armaba el teatro con una silla cubierta por una sábana e improvisaba. Allí, los títeres eran medias que calzaban en sus manos. A los 17 años, con sus amigos poetas descubrió los títeres del barrio de La Boca, donde se acentuaron los teatros de títeres debido a la gran presencia de inmigrantes titiriteros. Un teatro estable con muñecos de origen italiano como Pupi, una marioneta construida en madera, con un peso de 20 y 30 kilos, manipulada por una barra que hablaban en genovés, al igual que todos los muñecos de esa época. “Encontrarme con los títeres de La Boca selló mi camino”, contó Villafañe en una entrevista para la Revista Uno Mismo.

Varios años más tarde junto al poeta y amigo Juan Pedro Ramos se encontraban en el balcón de la casa del hermano de Villafañe cuando pasó un carro conducido por un anciano que llevaba a un muchacho mirando al cielo mientras masticaba un pasto verde. En ese momento pensaron lo grato que les sería viajar toda la vida en un carro y que sea el caballo quien los lleve a donde quisiera.

Javier Villafañe junto a Ana María Linares y los hijos de Federido Monjardin: Ruth y Raúl con La Andariega en la estancia Los Talas. Foto: Javier Villafañe, Antologías.

Comenzó la búsqueda de la carreta y tras la venta de algunas pertenencias compró una a precio rebajado y comenzó a vivir allí. Así nació “La Andariega” con la que durante varios años recorrería el país. Comprada en un corralón, era un carro repartidor de hielo tirada por una yegua a la que llamaron La Guincha.

En un baldío en el barrio de Belgrano se instalaron para refaccionarla y decorarla durante largos meses. De ese modo comenzaban a preparar su aventura. Ambos recibieron ayuda de amigos artistas que colaboraron con los arreglos, los muñecos, el ensayo del texto y de la voz. Villafañe y Ramos habían aprendido la técnica de guante con viejos titiriteros y les había llegado la información que los títeres se hacían con mates. El primer muñeco bajo esa técnica fue Maese Trotamundos.

La visita de Federico García Lorca al país marcaría para diversos autores el punto de partida para la primera generación de titiriteros. En Argentina el títere nació vinculado a la intelectualidad y la poesía más que a la cultura popular.

Villafañe conoció a Lorca en esa visita por el estreno de “Bodas de Sangre” organizado por la compañía de Lola Membrives. En su encuentro hablaron sobre su actividad de titiritero junto a Ramos. La noche del estreno de la obra, una de las artistas le regaló una cabeza de títere construida por el escritor español, quien transmitía así su profundo entusiasmo por los títeres. En un encuentro posterior, García Lorca le comentó a Villafañe su pesar por la carencia de buenos textos y libretos sobre títeres.

“El titiritero es un vagabundo. Ser titiritero fue mi salvación. Primero porque es el oficio que amo y después porque el titiritero que se queda quieto en un lugar se aburre. El titiritero no tiene otra cosa más que su maleta y su teatro”, confesó en una entrevista en 1990.

La primera función del Teatro de Títeres La Andariega fue en el baldío del barrio porteño de Belgrano, en octubre de 1935 con una obra para adultos. Luego la carreta se puse en marcha y emprendieron viaje hacia la provincia de Buenos Aires rumbo al oeste, guiados en el camino por la elección de la yegua. Las obras eran representadas en la parte trasera de La Andariega que además era vivienda, oficina y sala de lectura.

Una presentación de La Andariega en el terreno baldio del barrio de Belgrano en 1935. Foto: Javier Villafañe, Antologías

En un camino sin apuros el espectáculo era a la gorra y su público los invitaba a comer a sus casas. Luego del robo de La Guincha al llegar a Ituzaingó, un vecino les regaló a Miserias con quien siguieron su camino hasta Luján.

Nuestra ciudad fue un sitio adorado por Villafañe, cariño que dejó plasmado en sus obras de ficción, poesías y teatro de títeres. “Las historias para adultos con las que arrancaron eran farsas de hombres que habían sido engañados por sus parejas y estaban basadas en un autor muy importante de la época: Ramón del Valle-Inclán”, cuenta el titiritero Pablo Sáez, que dirige el taller de títeres en la UNLu e investiga sobre la historia de Villafañe.

En Luján establecieron vínculo con Federico Monjardin, profesor, intendente de nuestra ciudad y Diputado nacional, que les organizó una función en la puerta de la Escuela Normal. En ese entonces no tenían repertorio para niños, y sobre la marcha y con su imaginación comenzaron a jugar con las obras que habían escrito para adultos convirtiéndolas para el público infantil. Influidos por Goethe, en particular por su obra Fausto, aquellos primeros personajes adaptados por primera vez en la escuela; luego de varias funciones se convirtieron en Juancito y María, publicada su historia en Teatro de Títeres.

En nuestra ciudad también forjó amistad con Jorge Furt, dueño de la estancia «Los Talas» y hacedor de una de las bibliotecas privadas más importante de la Argentina. Definido por Villafañe como un hombre de gran memoria y fina sensibilidad. “Furt fue un mentor muy importante para ellos, los alojó, les abrió la biblioteca y en 1936 una de las primeras ediciones de títeres en Argentina es dirigida por Furt. Inicialmente son romances muy simples que luego se complementan con otros libros que edita al recibir más apoyo de cultura”, identificó Sáez.

Títeres de la Andariega es el primer libro de Javier Villafañe editado en Luján por la Biblioteca de Publicaciones de la Asociación Cultural Ameghino en Luján dirigida por Furt desde 1934. Foto: Pablo Sáez

Luego de varios años y muy a su pesar dejaron atrás la estancia, ese “lugar tan acogedor” que permitió que el vínculo entre las familias perdure a lo largo de los años. Para el titiritero allí quedó mucho de su juventud “inquieta y movediza”. Dejando atrás nuestra ciudad La Andariega continuó su camino hacia el sur, hasta llegar a Mar Del Plata.

A lo largo de su carrera Villafañe escribió las historias que representaba en la carreta. Durante su juventud formó grupos de amigos escritores, poetas y dramaturgos y su profesión de titiritero lo llevó a recopilar y ampliar variedad de obras infantiles. Publicó varios libros entre los que se destacan: Coplas, poemas y canciones; El Gallo Pinto (poesía); Libro de cuentos y leyendas; Los sueños del sapo; y Maese Trotamundos por el camino de Don Quijote.

Entre sus andanzas recorrió países de Europa y Latinoamérica, vivió largo tiempo en Venezuela y México exiliado debido a la dictadura cívico-militar en nuestro país y hasta tuvo tiempo de llegar a China haciendo títeres sin palabras, confirmando así que el idioma de los títeres no reconoce de fronteras.

Las obras de Javier Villafañe guardan con Luján un vínculo entrañable, destacado referente en las escuelas de títeres es un inspirador de la imaginación de los más chicos hasta nuestros días, según sus propias palabras: “Los chicos tienen esa capacidad natural de captar lo mágico. Los títeres los transportan a sus fantasías”..

Fuente: Bettina Girotti (2015) “El teatro de títeres en Argentina: desde la colonia hasta los pioneros”. Anagnórisis. Revista de investigación teatral, nº. 12, diciembre de 2015 Págs. 174-193, ISSN: 2013-6986.
Medina, Pablo. Javier Villafañe. Antología. Obra y Recopilaciones. Buenos Aires, Sudamericana, 1990.
Javier Villafañe: Maestro de titiriteros, trotamundos, poeta… por Horacio Ceccbi. Revista Uno Mismo.
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2 COMENTARIOS

  1. Josefina,
    Mil gracias por la nota de Javier Villafañe! Me encantó. La encontré recién ahora al comentarle a un amigo de Salta sobre la Ronda del sapo y la rana!!
    El dibujo adjunto a este tema en su libro, lo hice cuando tenía 6 años!! En el jardín de infantes de la Anexa! Lo adoraba!!
    Saludos
    Jorge

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