Ladran Sancho se hizo presente en la Plaza de los Dos Congresos para cubrir la masiva movilización en rechazo al ajuste previsional, integrando la columna de sindicatos y organizaciones políticas de Luján. En la siguiente crónica te contamos cómo transcurrió la manifestación, en la jornada más represiva del gobierno de Cambiemos.

No es lo mismo una ley contra los sectores populares más necesitados votada ante una plaza vacía, que tratada en el marco de cientos ciudadanxs organizadxs y manifestándose contra la norma. El conjunto de la sociedad así lo entendió y también parte de la comunidad de Luján que se movilizó en defensa de los viejxs.

Por eso vecinxs de nuestra ciudad se encontraban sobre las calles porteñas. Y una vez sobre la 9 de julio, después de haber ido de acá para allá, el grupo de lujanenses volvió al micro. En el camino, la incertidumbre; otros manifestantes arengaban a volver a la plaza, «la sesión no terminó, continúa, volvamos compañeros».

En una asamblea express, el sindicato informó su postura: «Hemos hecho una demostración de fuerza increíble, para nosotros la movilización termina acá, no hay garantías para volver, con la oscuridad y la desconcentración de varias organizaciones hay lugar para la persecución indiscriminada. Si alguna organización se quiere quedar hablamos en privado para poner a disposición algún micro». ¿Y qué pasó? Vamos por partes, la jornada fue larga. Pero recuerden esa pregunta.

Foto: Julieta Brancatto

Arriba

Porque la convocatoria era a las diez y media en la Universidad de Luján. A las once, puntual, los micros se iban. Se resaltaba la puntualidad porque entre las organizaciones políticas hay muchas diferencias y coincidencias, pero algo las unifica a todas: el vicio de la impuntualidad.

Diez y media se armó la primera asamblea. ¿El temario? Mecanismos de seguridad, lxs responsables por micros y los puntos de encuentro. Una vez decidido eso, todxs arriba de los bondis, los lugares no alcanzan, pero la solidaridad entre compañerxs siempre encuentra un hueco para dejar subir a unx más.

En viaje se activaron algunos mecanismos de seguridad y precaución. Una hoja pasa de asiento en asiento, de persona en persona, todxs anotan su nombre y apellido, su  DNI, un número de contacto y si vuelven en el mismo micro. Otrxs comienzan a repartir limones y pañuelos, ante el gas lacrimógeno son los mejores aliados.

Cerca de Rodríguez llegan algunas noticias que impacientan al grupo, en Ituzaingó gendarmería está requisando los micros e impidiendo que lleguen a la Plaza de Los Dos Congresos si encuentran algún «elemento peligroso». Un raro proceder si se comprende que históricamente las movilizaciones de los sectores populares se han llevado la peor parte y las muertes del pueblo se cuentan de a montones.

Entonces, el bondi. Los cánticos comienzan a ahogar esos malos mensajes que llegaban, la marcha se empieza a vivir con alegría. El siempre presente «unidad de los trabajadores, y al que no le gusta se jode, se jode” y el más orga «dale alegría, alegría a mi corazón la sangre de los caídos se rebeló».

La algarabía no puede durar mucho cuando los mecanismos de represión se empiezan a hacer evidentes. Volvió la tensión al ambiente. El micro bajó de la autopista para ir por colectora, Gendarmería que estaba apostada en Ituzaingó miraba anonadada como pasábamos por la colectora. Sería mejor no sentir temor ante las fuerzas nacionales de nuestro país, pero la trayectoria no los ayuda.

En definitiva, estalló la alegría. Evitar el manoseo, la prepotencia, el abuso de autoridad, la violencia y la falta de respeto por parte de los oficiales de las fuerzas fue un aliciente necesario para llegar con más energía. Otros bondis no tuvieron la misma suerte.

Abajo

Estado Unidos y 9 de julio. Nadie puede desconocer el olor a Capital un día de marchas. Los puntos de encuentro definidos en la asamblea se reconfiguraron porque la cantidad de colectivos que ya habían arribado impedía que el micro que nos había llevado se estacione cerca de Av de Mayo y Lima.

La columna se armó y se comenzó a marchar. El ingreso a la Plaza de Los Dos Congresos iba a hacer por Hipólito Yrigoyen, una de las calles que desemboca en la plaza. Ahí estábamos, por los viejxs.

Foto: Julieta Brancatto

Mientras se marchaba, se cantaba, y cuando se cruzaban las diferentes columnas el grito era más fuerte. Jubilados, jóvenes, trabajadores y trabajadoras, también estudiantes. Allí se dejaban un mensaje: la unidad de los trabajadores es necesaria.

A metros de la plaza la columna se frena. Por un televisor de un bar se podía ver los primeros incidentes en el congreso. «Vamos a esperar acá hasta que las condiciones estén dadas, un compañero se fue a fijar como está la situación para decidir si avanzamos» manifestó uno de los dirigentes sindicales.

Una vez sobre la plaza la columna se relajó, algunos se pusieron a comprar comida y otros se sentaron en el piso. Al tiempo llegó el primer aviso «estén atentos, están reprimiendo», y a los segundos la primer corrida. Las manos no alcanzaban para recoger las mochilas y bolsas, la columna se corrió metros para atrás hasta un edificio cercano.

A cada avance de la policía el grito se hacía más fuerte, parecía que los balazos de goma y los gases lacrimógenos exacerbaba el espíritu de lucha de los militantes y reforzaba el pedido de unidad de los trabajadores. ¿Y al que no le gusta? Se jode, se jode.

Luego de la primer corrida el grupo decidió cambiar de lugar, la nueva locación era Avenida de Mayo y Sáenz Peña, en la boca del subte. Los militantes pedían señal, querían poner C5N en vivo pero los datos no les daban. Una compañera sacó su celular y puso la vieja y querida radio, cual partido de fútbol iba relatando lo que sucedía. La primera noticia fue la obtención del quórum por parte del oficialismo.

La sesión continuaba, llegaban noticias: pedidos de cuarto intermedio que se festejaban como un gol, pedidos de levantar la sesión por lo que sucedía afuera, entre otras. Los cánticos también se hacían sonar, más cuando pasaban columnas multitudinarias que no paraban de llegar para copar Plaza de Los Dos Congresos.

¿Y qué pasó?

La discusión que se relata al comienzo llegó a la columna, unos querían avanzar y otros quedarse donde estaban. La pequeña asamblea entre referentes de organización no llegó a un acuerdo, pero como los melones se acomodan al andar, otra corrida, ahora motivada por un patrullero que pasó a una cuadra y por el medio de las columnas, resolvió las cuestiones: la columna no iba a avanzar.

Adentro del congreso la discusión seguía por lo que sucedía afuera. Un cuarto intermedio para que los presidentes de los bloques lleguen al acuerdo de si continuar con la sesión o no. La promesa del gobierno de que en treinta minutos «controlaría la situación» se cumplió. La represión comenzó a avanzar por Av de Mayo, la columna desconcentro de inmediato, detrás las balas retumbaban y los gases ardían.

Foto: Julieta Brancatto

Los espacios se achicaban, de pronto, la bandera que estaba junto a las vallas estaban al lado de la columna. Por los costados pasaba gente desmayada y con golpes de cachiporras y heridas de balas de goma en la cara. Los gases avanzaban, la gente retrocedía y las balas iban detrás.

Los mensajes llegaban, la represión había avanzado hasta la 9 de julio, las organizaciones decidieron volver. La movilización dejó varios mensajes: el ajuste previsional es impopular, la unidad de los trabajadores es urgente y necesaria y el gobierno tendrá que reprimir al pueblo para ajustar la economía.

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