Vientos de libertad soplan entre los plátanos que rodean al ex Instituto Alvear. Y el viento trae historias. Y verdades. Verdades que se comparten, que coinciden, que se funden en una, porque las historias son distintas pero conllevan el mismo dolor. Ese dolor que convertido en palabras, en texto, en poesía, en historias de vida; se transforma en esperanza.

Historias y verdades es la propuesta literaria en forma de revista, realizada en el taller de escritura de Vientos de Libertad Luján. La confeccionan mujeres en rehabilitación de consumo de drogas, por lo que el consumo está presente, pero no es una revista sobre esa temática o para quienes se están rehabilitando. Simplemente son mujeres hablando, con historias para decir, contar y compartir.

Ellas son las protagonistas de la revista. Dueñas de sus palabras y de sus destinos, que al leer las páginas de Historias y verdades se transforman en uno solo. Por eso el trabajo entre compañeras, la creación horizontal, colectiva y sorora forman un manifiesto de vida compartido y para compartir.

Barbi y Romi son dos de las mujeres que participan del proyecto. Tienen casi la misma edad, vienen de otras ciudades y ambas comenzaron a consumir para borrar sus recuerdos más dolorosos. Son amigas. Lo enfatizan cada vez que hay lugar para hacerlo, pero no es necesario aclararlo porque se nota. La forma en que se miran y la complicidad que hay entre ellas es de amistad, de compañerismo, de amor incondicional.

Resistir para vivir es la rutina de esas mujeres que eligieron internarse en Vientos de Libertad. Ser parte del dispositivo es difícil: “Vivimos de a 24 horas” dice Romina que hace tres meses está en el ex Instituto Alvear. Tampoco es fácil para Barbi, que en poco tiempo tendrá su alta. Hace un año que está internada y durante las primeras semanas en Vientos apenas dormía unos minutos por noche.

En ese recorrido diario fueron entendiendo que la mejor forma de aguantar para vivir, es hacerlo entre pares. Y entre necesidades, angustias, dolores y tareas, el taller de escritura apareció como un espacio de encuentro y fundamentalmente de transformación: del dolor en arte.

“Para mí fue un motor para seguir adelante”, dice Barbi. “Aprendí a trabajar sobre mis frustraciones, mi desconfianza, todos mis problemas. Todo lo que no me dejaba salir adelante. Aprendí a valorarme a mí misma y a valorar y confiar en los demás. Ahora me doy cuenta de que por muchos años no tuve amor propio, y acá lo descubrí”.

Ese amor propio del que habla Bárbara es el mismo que hizo que Romina llegue a Vientos. El amor por la vida y por quienes la quieren. Y más allá de las historias que cada una tenga para contar, al llegar al dispositivo, al encontrarse en el taller y al momento de escribir, de poner en palabras lo que les pasa; todas son la misma persona. A todas les duele igual y Romi lo entiende perfectamente:

“Más allá de las historias de vida nuestras, que tienen su carácter, su recorrido, su crianza particular; terminan siendo todas la misma. El consumo y el dolor termina siendo el mismo y ahí es donde hacemos espejo. Y no tiene que ver con la clase social ni nada. Somos iguales, todas consumimos para tapar un dolor que a todas nos duele igual. Es ahí donde podemos entendernos y acompañarnos entre nosotras”.

Escribir para “transformar nuestras mierdas en palabras”

Una lucecita que se prendía y llamaba la atención. Así fue el primer encuentro con la escritura para Barbi, porque no la conocía y no sabía si era capaz de hacerlo. Pero tanto ella como Romina son mujeres fuertes, empoderadas, que no le tienen miedo a nada. Por eso comenzaron a escribir, y se dieron cuenta de que lo que estaban haciendo era transformador y valía la pena ser compartido.

Armaron el proyecto de la revista Historias y Verdades. En la primer entrega imprimieron 125 números y van por la segunda edición. Y cuando lo dicen, la sonrisa de las mujeres muestra el orgullo de ser parte de ello y la alegría de saber que no hay límites para su arte. El mundo es de ellas y está frente a sus pies, esperando seguir siendo conquistado.

“Cuando me llegó la propuesta de escribir me animé al instante porque ya lo había hecho en otras oportunidades. Y lo tomé desde el dolor, escribir cuando peor me sentía. No me daba cuenta de lo que escribía, no lo pensaba, pero me servía soltar mediante la escritura, el dolor que me causaba haber estado con una persona tóxica y haber consumido, entre otras cosas”, reflexiona Romi.

“Nunca me imaginé que alguien me podía llegar a decir que escriba, o que podía llegar a ver interés en mi escritura o que les iba a gustar lo que escribía, porque siempre escribí para mí. No lo compartía porque me daba vergüenza. Cuando me animé a mostrarlo, muchos me dijeron que no sabían que escribía así, pero la realidad es que lo descubrí acá, con mis compañeras. Además fue muy bien recibido, entonces eso te da más ganas de seguir haciéndolo. Son frases que nacen de emociones y sentimientos que están muy adentro nuestro”, completa.

La revista no sólo es el producto final de un taller de escritura, la revista representa el trabajo colectivo de un grupo de mujeres con historias que contar y compartir. Ellas, a través de las palabras transformaron su dolor en mensajes, en relatos, en trabajo; dejando una huella que posiblemente aún no puedan comprender.

Cada palabra plasmada en Historias y Verdades tiene una carga, tiene un mensaje, una historia detrás. Cada palabra habla de ellas, de sus historias y sus verdades, de sus miedos, frustraciones, alegrías, del amor, de la amistad, de Vientos de Libertad, de su familia, de sus pesadillas, de sus dolores más profundos, de sus sueños de vida. Del amor por la vida, porque por eso están ahí. Porque eligieron vivir.

“Yo me quiero ir de acá y dejar mi marca en Vientos de Libertad. Porque a mí este taller y el paso por Vientos me dio mucho. Entendí la importancia de tomar los aprendizajes de los demás. Aprendí a captar muchas cosas positivas que me llevaron al día de hoy. Esta revista llena de compromiso va a llegar a mucha gente y espero que sean otras personas con el mismo compromiso la que la continúen. Espero que en unos años pueda decir ‘yo estuve en Vientos, me rehabilité y además hice una revista. Dejé mi marca'” asegura Barbi, que el día de la entrevista cumplió un año de rehabilitación.

“Esto para mí no para, no queda en Vientos cuando me vaya”, apuesta aún más Romi. “No queda sólo como un recuerdo. La escritura se volvió un proyecto de vida para mí, porque nunca es tarde para hacer lo que nos gusta y a mí me gusta escribir”.

“Estamos en una encrucijada en nuestra vida, donde tenemos que decidir cómo queremos vivir. Y acá nos damos cuenta de que se puede vivir mejor y depende de nosotras hacerlo de la mejor manera. Pero lo más importante es que vemos que realmente podemos. Todos los días podemos un poquito más. Todo eso surge de mi paso por acá. Es un sueño que se volvió realidad, porque después de 23 años yo puedo ver los colores del día. Con Vientos pude volver a soñar”, completa Bárbara en una mirada cómplice y emotiva con su amiga.

¿Por qué Historias y Verdades? se vuelve una pregunta inevitable aunque con respuesta esperable. Historias y Verdades Desnudas también podrías ser un título válido para el proyecto que encabeza este grupo de mujeres, que libres de prejuicios y ataduras cuentan al mundo sus historias de vida.

“Es contar las historias nuestras y de otros, es la historia de todas y las verdades de todas. Venimos de diferentes lugares pero pasamos por lo mismo, compartimos los mismos dolores. Son las historias de cada una, que son verdades que nos ocurren a todas en general, sin pensar en diferencias sociales, económicas o de vida. Son historias distintas pero con verdades en común, que es lo que nos hace encontrarnos y transformarnos juntas” resume Romi, quien termina la charla con un abrazo con Barbi y juntas vuelven a sus tareas.

Historias y Verdades es sólo una parte del proceso de empoderamiento de un grupo de mujeres que está sanando y eligiendo vivir. Es sólo una parte de la lucha cotidiana contra el dolor, pero una de las más importantes porque permite transformarlo. Hablar sana, escribir sana. Compartirlo sana a uno mismo y a los demás. Por eso Historias y Verdades no es sólo un proyecto de escritura. Historias y Verdades es un proyecto de amor.

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Para solicitar la revista, contactarse con Bárbara al +54 9 223 558-4629

Fotos: Victoria Nordenstahl

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