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viernes, 27 noviembre 2020

Historias necesarias: el chico del león tatuado

Agustín abre las puertas de su estudio para contar su historia. Un recorrido por la adolescencia trans, la sociedad, la familia y las luchas colectivas.

Siempre supo que era Agustín. Así lo explica cuando recuerda su infancia. Hoy tiene 28 años y hace 17 que vive en Lujan. Con su familia se mudaron desde capital por el trabajo de su padre. De su biografía emergen algunos recuerdos dolorosos, otros de valentía. En la superposición de esas retrospectivas surge, también, una mirada hacia un futuro más justo. 

Quiero ser yo, loco. Eso pensó la primera vez que fue a la Marcha del Orgullo en el 2010. Por esos años ya se habían realizado las primeras modificaciones registrales de sexo y nombre a personas trans, pero la identidad de género aún no era ley en Argentina. Agustín recuerda chicos con el pecho tapado con cinta y con carteles que lo invitaban a esa celebración identitaria «pero todavía no estaba preparado». 

«Me encantaría haber tenido el valor en este momento. Porque en realidad era lo que yo quería. Me impresionó la diversidad que había y me sentí como wow, como en mi ambiente, re cómodo. Después fui a un par más y siempre me cabió porque me encanta la libertad con la que se expresa la gente. Pero la que más me llamó la atención fue la primera porque ya quería hacer la transición y no me animaba».   

Algunos años antes, cansado del ambiente hostil y discriminatorio de la escuela, había dejado de lado la ropa que le gustaba usar para adoptar una expresión del género más femenina. “Eso me duró un año, porque la verdad es que no aguantaba no ser quién realmente era” sumado a la palabra de una amiga muy cercana que le manifestó enojo porque había cambiado su forma de ser. 

Así, aún siendo un adolescente, empezó a utilizar el nombre Agus, porque no tenía una marcada de género y luego se sumó el uso de pronombres masculinos. Sin embargo, “hubo muchas idas y vueltas”, expresa. El miedo a cómo podría tomarlo su familia y la sociedad en general oprimían su deseo y su identidad. 

“En 2016 conocí a un chico trans de acá de Luján que había comenzado el tratamiento, creo que fue uno de los primeros. Yo de cierta forma le tenía envidia y bronca porque él estaba realizando mi sueño de hace muchísimos años. Después de eso empecé terapia y empecé a buscar doctores en capital”.  

En consultas con profesionales de distintas áreas de la salud, Agustín empezó un proceso de varios meses desde entrevistas hasta comenzar un tratamiento hormonal. «El 26 de marzo de 2018 me empecé a inyectar. Esa fue la primera vez. Me acompañó un equipo muy bueno, muy recomendable y gratuito en el Hospital Durán”.  

«La obra social me cubrió la operación. En ese momento yo estaba trabajando en una fábrica super machista que me trajo muchas consecuencias», pero la posibilidad de hacer la mastectomía lo motivaba a aguantar un poco más en ese espacio hostil. 

Todo eso ocurrió con su familia en Uruguay y un silencio de por medio cargado de inseguridades. “Lo oculté como nueve meses porque tenía miedo a la reacción. Me realicé la mastectomía y ellos todavía no lo sabían. Con ayuda de terapia terminé por contarlo y resultó que lo tomaron bien. Mi vieja me dijo que si me hacía feliz ella me iba a aceptar de cualquier forma». 

Agustín cuenta que siempre tuvo interés en el arte, pero que algo lo frenaba a aprender. Sin embargo, de la mano de un conocido, el interés por el tatoo prendió y hoy tiene su propio estudio en el barrio Lanusse. «Al principio me autotatuaba y después empecé con los cursos», recuerda. Una vez terminado el trabajo en la fábrica viajaba a capital para aprender la técnica.  

A les más jóvenes, adolescentes y niñes trans que puedan sentir miedo e inseguridades, Agustín hace llegar un mensaje: «Traten de hablarlo. Sé que cuesta y mucho más con la familia. Pero lo primero que a mí me resultó fue hablar con amigos. Es liberador».

Rock nacional e internacional ambientan su espacio de laburo. “Don’t stop me now”, elige Agustín como un tema que ilustra su vida. Un león de tinta mira con fiereza desde su brazo derecho. «Es el más importante» define Agustín, y tiene su significado. «Es un animal fuerte y con todas las experiencias que he pasado en la vida me siento identificado».

Fotos: Victoria Nordenstahl.

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