Foto: Fernando Puig - Helvética Estudio.

El artista presenta este sábado 13 de abril su nuevo material discográfico. Antes del estreno, pasó por Ladran Sancho para hacer un recorrido por su vida y su carrera de cara al lanzamiento de “Compañera Libertad”.

Dice que “sabe poco de música y de literatura” y elige tirarle la pelota a sus compañeros de banda con los que se deshace en elogios. Confiesa que “no puedo estar sin música, más allá de salir a tocar afuera. Hacer música es alimento y lo necesito cotidianamente. Sino tuviese eso, no me imagino la vida”.

Antes de la presentación de su nuevo material, nos metemos en la intimidad de Hernán Rebotaro y en la cocina de su nuevo disco: “Compañera Libertad”.

Lo grabó durante los últimos meses en el estudio de Achi Deuz, lo escribió a lo largo de su vida en distintos momentos y lugares y lo terminó de cerrar entre amigos y ensayos. Tiene 11 canciones que bailan ritmos como chacareras, bailecito, murga, candombe, rumba. De todo y variadito, como el autor.

“Compañera Libertad” se presentará este sábado 13 de abril en el Teatro El Galpón desde las 21.30hs con la banda Caja Negra, compuesta por Alfredo Bogarín en guitarra, Pablo Ricci en bajo y Mariano Prodocimo en percusión.

-¿Cómo arrancás con la música?

-Siempre fui por dos ámbitos. De pendejo jugaba al tenis y también tenía mis actividades en el barrio. Después en la secundaria armé mi primera banda, cuando llega la ola del hardcore a Argentina. Ahí tocaba la batería. Cuando empiezo a estudiar el profesorado de educación física me encontré con un amigo que venía de hacer teatro en El Galpón y ahí caí a hacer teatro. Desde entonces mi vida va por dos caminos entre los artístico y la profesión como profe de educación física. Y dentro de lo artístico siempre en la música y el teatro.

-¿Qué encontraste en el teatro?

-Cuando empiezo a hacer los talleres de teatro, me rompe las barreras y me llevó nuevamente al niño. Los dos primeros años fue un cambio de vida. Veía las cosas desde otro lugar. En ese tiempo la banda  que tenía se rompe, sentí un vacío terrible y no tenía donde depositar la energía. Y apareció el teatro y quedé a full ahí, durante diez años.

-Contanos cómo fue ese comienzo, tiene una anécdota ligada a la música también. 

-Después de la foto esta que estoy revoleando una patada al aire (risas). Habíamos tocado en el Teatro El Galpón con una banda que se llama “Alas de agua” y habíamos dejado todo hecho un desastre. Nos querían matar porque era un lugar tranquilo y muy bien cuidado. A la semana que viene me cruzo con un amigo, me contó que hacia teatro y fui. Me atendió Liliana (Motto) por la puertita de la calle Francia y arranqué. Años más tarde estudié un poco de cine en Capital, hice algunas propagandas y por esas cosas de la vida me volví.

-¿Cómo se te despertó las ganas de hacer folclore?

A eso de mis 30 hago mi primer viaje al norte, con Mauri Miglioranza. Ahí descubro el folclore argentino.  Tenía un bongó, ni siquiera el bombo. Pero lo descubro en el sentido de que me moviliza y dije: qué bueno que está esto. Entonces volvimos y seguimos tocando juntos. Formamos el grupo Amauta, grabamos dos discos y anduvimos bastante. Andábamos muy bien y gustaba mucho, pero después de seis años dejó de existir. Sentí un vacío enorme y no sabía que hacer. Volví al teatro y a las clases de canto y me refugié ahí por un tiempo.

-¿Cómo nace tu primer material?

-Cuando me separo encuentro en la música mi mejor refugio ante el bajón. Era mi medicina. ¿Estás mal? En vez de tomarte una bayaspirina, anda a tocar. Se empezó a dar de manera intencional incluso y un día me encontré con que tenía varias canciones, entonces pensé en hacer una fecha. Dos meses después hice un recital en La Trova, con varios amigos músicos. Como salió lindo el recital, lo mezclé, lo limpiamos todo y ahí le empecé a sumar instrumentos arriba. Así quedó el primer disco, entonces dije, sigo por acá.

-¿Qué pensás que le sucede a la gente que te escucha?

Y… no sé. Las criticas me llegan de entornos cercanos, que sé yo. Es raro. Uno me dijo “me hiciste llorar boludo, que linda canción le hiciste al Pini” y nada que ver, hablaba de otra cosa la canción. Pero está buenísimo que pueda pasar eso, que vuele la imaginación y que se puedan trasladar a otros lugares que no son los mismos en los que yo pensé y escribí. Ojalá haya algo que despierte interés, con eso me recontra conformo. Sin caer en ser pedante, creo que puede pasar que a la gente le pase algo porque las canciones vienen de cosas que vivo y que cuando las escribo estoy totalmente sensibilizado con la situación.

-¿Qué nos vamos a encontrar en este nuevo disco?

-Ya lo empecé a trabajar en formato banda. Lo anterior sucedió así. Las canciones se fueron acumulando, pero se trabajó con la banda. El disco llegó al estudio casi cocinado. Tengo a unos monstruos tocando conmigo que le dan un vuelo increible a las canciones y pudimos meter ritmos como chacareras, bailecito, murga, candombe, rumba, de todo.

-¿Por qué eligieron ese arte de tapa?

-El Pini fue un gran amigo. Yo consultaba todo con él, le mostraba las canciones que hacía y me daba sus opiniones. Lo considero como parte del disco. Después de lo que sucedió, le dedico el disco a él y me pareció una manera de que esté presente. Que nosotros estemos sentados en su escenario. Un escenario que armé en el patio de casa, que lo homenajea.

-¿Cómo hiciste para solventar la grabación del disco?

-Hice una rifa con todos discos de artistas de Luján. No tenía la guita para grabar y se me ocurrió esto. Una canasta musical. Me conecté con todas bandas de Luján para pedirle que me donaran sus discos y todos me dijeron que sí, junté como 50 e hice la rifa. Con esa plata grabé los primeros cinco temas.

-¿Por qué Compañera Libertad?

-No sabía qué nombre ponerle, por carecer de un hilo conductor entre canción y canción. Elegí ese título por lo que dicen esas dos palabras. Se lo podríamos atribuir a lo que significa la música para mí. De lanzarte a hacer y crear. Uno tiene la posibilidad de hacer lo que quiere.

-¿Cómo te ves de acá a diez años?

-Yo creo que voy a andar rondando entre el teatro y la música. Eso va a estar siempre. Son mis dos grandes compañeras. Dibujando soy malisímo, el cuerpo no me va a dar para la danza y con hacer teatro y música mi vida va a estar bien. Me permito no tener barreras con los géneros, conocí el foclkore y me dejo conectarme con las raíces latinoamericanas y generarme unos quilombos enormes porque te hace pensar en quien sos. Si ese quilombo lo trasladas a la música y haces tus propias canciones esta buenísimo.

Publicidad

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor, dejá aquí tu comentario!
Ingresá tu nombre