El Municipio pasa a integrar la Red Orgullo. El programa del Ministerio de Mujeres y Diversidad de la Provincia está destinado a la formación y al fortalecimiento de referencias territoriales en materia de diversidad sexual. El objetivo es acompañar a la comunidad LGTBI+ en el acceso a derechos a través de políticas públicas y fomentar la promoción de aquellos.
La primera parte de las capacitaciones inició el lunes 21 de julio en la Escuela Normal. La convocatoria abierta estuvo a cargo de la Dirección de Géneros y Diversidad de Luján. Próximamente, participarán organizaciones sociales diversas y representantes de dependencias municipales.
De cara al desafío de recuperar la presencia estatal, Federico Vanín, secretario de Desarrollo Humano, especificó que «se viene un escenario aún más difícil en términos de políticas sociales», en alusión al desfinanciamiento nacional en el área.
Desde les presentes, se observó que, gracias al aparato legislativo en términos de diversidad, ha menguado la migración a CABA en busca de experimentar la disidencia sexual de forma más libre frente a los obstáculos que representa Luján. Sin embargo, hubo consenso sobre la urgencia de reeducar la sensibilidad.
«Los discursos de odio no solo arrebatan la dignidad, sino también la vida», dijo une de les participantes, lo que dio pie al siguiente testimonio: «Iba caminando con un buzo que tiene la bandera del orgullo. Por eso, un tipo me paró y me dijo “Milei te va a matar”».
En su artículo 12, la Ley 26.743 explicita el derecho a la identidad de género adoptada por las personas y su correlato en las actas y registros de carácter obligatorio. De acuerdo con el «trato digno» allí especificado, se debe respetar la identidad de género adoptada por las personas que utilicen un nombre de pila distinto al consignado en su documento nacional de identidad.
Al margen de los cambios registrales, resulta fundamental comprender que ese derecho implica más que una mera modificación de signo lingüístico. Su sanción incentiva a trabajar desde el Estado la concreción de políticas públicas para desmontar los mecanismos institucionales de discriminación.
«Voy a pedir un turno para sacar el registro de conducir, y me mandan a buscar un certificado de aptitud psíquica al área de géneros», denunciaron. En tanto, otra persona expresó: «No somos peligrosxs, estamos en peligro». Al respecto, cabe aclarar que el promedio de vida de las personas trans/travestis es de entre treinta y cinco y cuarenta años en la Argentina.
Asimismo, la Ley 26.743 sitúa a la comunidad travesti trans en igualdad de derechos con toda la ciudadanía y comienza a abrir un camino de cambios sociales y culturales más profundos, vinculados con el ejercicio pleno de derechos como el acceso a la salud integral, la educación, el trabajo y la vivienda digna.
Finalmente, se debatió sobre la dificultad que la población en general tiene para incorporar el lenguaje no sexista, dada la hegemonía de la heteronorma blanca y biologicista. Y cuando no se respeta la identidad de una persona, se vulnera su derecho al «trato digno»: lo que no se nombra no existe y, por lo tanto, tampoco tiene garantías civiles.
Identidad de género y trato digno
La Ley 26.743 de Argentina (2012) establece la identidad de género como un derecho de todas las personas y en su Artículo 2 la define como la vivencia interna e individual del género tal como cada persona la siente. Esto puede corresponder o no con el sexo asignado al nacer.
La identidad de género puede variar a lo largo de la vida de una persona. Así también las posibilidades de identificación han ido cambiando y se han multiplicado a lo largo de la historia. Hoy reconocemos diversas identidades de género como mujer trans, varón trans, travesti, mujer cis, varón cis, género fluido, no binarie, entre otras.
Hay formas de usar el lenguaje sin hacer referencias personales generizadas, es decir,
evitando todo lo posible las referencias al género de las personas. Algunas personas usan más de un pronombre, algunas solo uno, otras ninguno. Y esto puede cambiar o no a lo largo de su vida. No son pronombres elegidos o autopercibidos, son sus pronombres. No respetarlos es discriminación y violencia.
Por eso es importante no asumir la identidad de una persona a partir de la percepción de su apariencia. Primero hay que preguntar qué pronombres utiliza, porque la vestimenta, el tono de voz, los modales y demás expresiones de género quizás no se condicen con aquellos.






