Un candidato reincidente electoralmente que habita el sector del peronismo local definió alguna vez que a la hora de la interna se desatan las pasiones. Pero no es la fragmetación nac&pop lo que prima por estos días, sino más bien la profundización y exposición de las tensiones y rupturas hacia adentro de la alianza gobernante.

Desde el surgimiento de la denuncia que recibió el concejal Quarenta -por parte del abogado y militante Lilito Jeremías Rodríguez- hasta la aparición pública de Héctor Griffini y la renuncia del subsecretario Néstor Luciani, el núcleo Cambiemos está en permanente cambio. La dinámica de lo político cotiza en la bolsa de los proyectos a futuro inmediato, con el 2019 a la vuelta de la esquina, pero con suficiente tranco para que pase de todo. «Es muy pronto», repiten todos. Pero nada les impide moverse a quienes se propusieron modificar el mapa oficialista, por caso el sector que volvió a pedir información sobre Quarenta y la camioneta del Ministerio de Salud, ahora con firma de la diputada Campagnolli.

Hasta acá Jeremías Rodríguez, Héctor Griffini y Nicolás Quarenta componen figurativamente un grupo whatsapero virtual donde se envían mensajes a cada rato. Los emoticones, textos y gifs ganan los tildes azules de inmediato. Sin quererlo, los tres confluyen en una interna en la que el intendente Oscar Luciani parece mirar algo retirado, con cualidad de administrador del grupo, ni más ni menos. Mientras, Fernando Casset y Néstor Luciani pescan alguna que otra captura de pantalla o un audio naranja reenviado por uno de los participantes ya que radicales y vecinales observan con atención.

Septiembre y octubre trajeron tareas para dos vecinos. Una de ellas es frenar, ordenar y -en todo caso- sacar de carrera a Nicolás Quarenta, señalado como quien erosiona la gestión de Luciani y al mismo tiempo evita aportar cierta protección al intendente, con el consecuente impacto en la gobernabilidad, palabra clave y más que reiterada en las últimas horas. Indefectiblemente la pelea surge cuando los sin tierra, lo que no están en el poder -como es el caso de 40- aplican la orden de «municipalizar el mensaje de campaña», tal como lo manda la dupla Triaca-Campbell a Nicolás. En ese esquema, Quarenta penetró con comodidad el territorio. Pero…

Luz roja

Con paredes pintadas, actividades en clave candidato, una maquinaria de oficinas con call center, encuestas y producciones audiviosuales, los caminos por donde avanzó el actual concejal y hacedor de la alianza PRO-UV-UCR en 2015 llegaron algo lejos para quienes regulan la disputa de poder amarillo. A Quarenta parece no importarle y ya estableció contactos con el sector de Toty Flores (el vice de Carrio) con quien intentará trabajar en Luján. Un paso provocativo para el abogado Rodríguez que monopoliza el armado local de la Coalición Cívica ARI y quien también manifiesta contactos con Flores.

Según las miradas por fuera de lo estrictamente local, hace algunos meses que a partir de encuestas y focus group, Cambiemos «era un partido y ahora es otro». El oficialismo tiene chances ciertas de perder uno de los tres Estados (nación, provincia, municipio) por lo que la estrategia a nivel nacional será reforzar el cuidado a los distritos y sus intendentes: de este modo la gobernabilidad local se convertirá en la base para mantener el poder a nivel país. En lo conctreto la alianza de gobierno tiene el objetivo global de cuidar a los cuadros políticos locales y en nuestra ciudad la puesta en funcionamiento de un filtro, de una zaranda, deja definitivamente en jaque a Nico40, con línea Alex Campbell y representante único en Luján de «El equipo de Vidal».

En una agenda anillada, en los renglones de octubre, hay una consigna escrita con lapicera y subrayada caprichosamente: «Cuidar al intendente cuando es del mismo partido y no hacer leña de sus errores, no matarlo a críticas». Desde los monitoreos generales, las alarmas se encienden cada vez más seguido en Luján y el análisis partidario marca que los niveles de caos aumentan a partir de una interna desatada que no gusta para nada en un horizonte donde lo que se prevé es la reelección de Oscar Luciani.

En ese punto, el dueño del joystikc local vende respuestas según quien las pida y según el momento. Para con algunos actores de la política expresa la intención de no ir por un nuevo mandato y que todo está dado para que Fernando Casset se ponga el traje de candidato con Rita Sallaberry como primera concejala. Pero a otros les contesta con el presupuesto en la mano: si hay recursos se anima a poner la cara, pero si no se estipulan obras o ayuda económica el «no» será la contestación.

Charlas de quincho

En la semana, el vecinalista puro y de paladar negro Néstor Luciani (ya ex subsecretario de Gobierno) dejó su lugar en la gestión y los teros políticos comenzaron a gritar allí donde no está su huevo. Un sector apuntó a que la bronca se desató ante el acercamiento con Héctor Griffini, pero otro señala justamente un enojo del farmacéutico ante la intención sostenida del intendente de dar paso a los radicales. En una tercera versión, el malestar pasaría por el mal momento en el plenario en Open Door donde Néstor fue duramente criticado, sumado a la perdida del manejo de algunas tareas de la subsecretaría a partir de nuevos programas ideados por el intendente. Las cortinas de hierro del vecinalismo resultan impermeables y el tiempo dará su veredicto.

Respecto al pacto de alternancia conocido, los muchachos de la calle Mitre deberían tener su chance de poner el candidato para la intendencia en 2019. Incluso Héctor Griffini y Jeremías Rodriguez -ambos con reuniones con Casset- guardaban buenas referencias para el actual presidente del Concejo y futuro presidente de la UCR. Pero el panorama varió y el Lilito ya lo tiene en la mira a partir del modo en que se manejó la denuncia a Quarenta.

La idea vuelve. Porque desde arriba piensan en nuevo y más poder. El concepto de intendentes más fortalecidos responde, una vez más, a un eje central de gobernabilidad territorial. La macropolítica macrista recibe información que emerge del nivel local y la cual resulta «negativa y contaminante» contra Luciani, y por consiguiente con impacto directo al modelo de gestión PRO. A un año de la elección, cualquier cambio de figuritas -candidatos- sin planificación no es negocio, por lo que el freno apareció en forma de nuevas caras.

La posibilidad de más renuncias, operaciones mediáticas, rompimientos de bloque y desplantes al por mayor configurarán una contienda silenciosa pero ensordecedora, al menos hasta el inicio del año que viene, cuando por el mes de marzo la pintura cobre una nueva interpretación. Por estos momentos la banca la siguen teniendo los intendentes -Luciani incluido- y el resto, a la fila.

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