El barrio Los Laureles aglutina a grandes y chicos que por las tardes confluyen en la escuela de fútbol El Lucero. Los más pequeños debutaron en la liga de ACIFO con un equipo de varones y mujeres. Derrumbando prejuicios, son los más chicos quienes golean al patriarcado.

«El Lezica tiene algo especial» coinciden los entrenadores mientras vecinos y vecinas asienten con la cabeza. Cuando alguien siente propio un territorio, ese amor por lo de uno se contagia y se vuelve sinergia. Y para quien no es del barrio, eso se puede palpar fácilmente.

El barrio no tiene las diagonales de la capital bonaerense pero por momentos se le parece. Las familias conocen cada uno de los atajos para llegar fácil y rápido a destino; y cuando se acerca la hora del entrenamiento, chicos, grandes, familias enteras copan las calles con un mismo rumbo y objetivo: la escuelita de fútbol El Lucero.

La misma tiene varias categorías que compiten en la liga de ACIFO y con la particularidad de ser el espacio deportivo con más mujeres inscriptas en sus equipos. Entre ellos está la última categoría, que convoca a chicos y chicas de entre tres y seis años. Comenzaron a entrenar hace dos meses y ya debutaron en el torneo.

Los entrenadores Pedro y Damián -Pepi y Zapa, como los conocen en el barrio- buscan una nueva forma de enseñar y aprender recíprocamente, involucrándose más con los pibes y pibas y generando un espacio de encuentro y desarrollo que vaya más allá de lo deportivo. Por ejemplo, un repaso en ronda sobre cómo se sienten los niños o si fueron o no a la escuela, es parada obligatoria antes de que la pelota ruede.

Foto: Julieta Brancatto

«Los entrenamientos tienen que ser divertidos, estamos aprendiendo a divertirnos nosotros también gracias a y con los niños. Se forma un círculo virtuoso donde todos nos vamos enriqueciendo en el camino. Es una experiencia hermosa, estamos acá porque confluyen dos pasiones, por un lado el fútbol y por el otro la niñez. Si ganamos, mejor, pero queremos que los valores sean otros. Si formamos un grupo, si contenemos a los pibes, si intercambiamos valores, creo que ya ganamos», explica Zapa.

«La realidad es que tenemos un barrio muy homogéneo en el sentido de que los pibes comparten casi todo, se ven en todos lados. En la escuela, en la calle, en la plaza, en el quiosco y acá. Es continuamente un mismo grupo que comparte todo. Si comparten hacer gimnasia, ir a la escuela o a cazar pájaros, ¿cómo no van a compartir el fútbol?» reflexiona Pepi mientras las chicas se acercan a la cancha.

Cada vez son más las mujeres que juegan al fútbol, sin ir más lejos el Club Luján tiene su equipo propio que cada día crece más. En el fútbol infantil las cosas están cambiando lentamente y ACIFO habilitó el fichaje de nenas en todas las categorías. En ese contexto se inscribe la última categoría de El Lucero que ya tiene a tres nenas entrenando y espera la llegada de varias más.

Foto: Julieta Brancatto

«Es difícil porque el fútbol viene con tradición masculina», reconocen los entrenadores. «Uno tiene que ponerse a pensar de qué manera le da un cambio más significativo a esta nueva modalidad. Aunque en El Lucero, en las categorías más grandes ya hay chicas, y eso está bueno. Cuando tenés un precedente es más fácil, marcás la regla».

«La Argentina es un país muy machista. Cuando nacés, ¿qué te dan? La muñeca, cositas para la casa…Y al pibe, la pelota. Es una estupidez, pero es así; son estereotipos», explicó Evangelina Cabrera, presidenta de la Asociación Femenina de Fútbol Argentino (AFFAR) para Revista La Nación.

Esa lógica se da en todos los estamentos del deporte más popular de la Argentina. Los primeros años son los más importantes para el desarrollo motriz a futuro, por eso es fundamental que las niñas puedan acceder a una pelota desde pequeñas y ya no de grandes.

«Siempre se dice que la diferencia entre el hombre y la mujer es la fuerza de cada uno, nosotros vemos que la diferencia está en que cuando yo tenía tres años a mi me daban una pelota y me trepaba a los árboles y a mi hermana o a cualquier chica cuando tiene tres años la mandan a jugar las muñecas o la maestra. Cuando vos no trabajás en lo muscular y lo motriz desde chiquitos, siempre vas a tener una desventaja», destacan los entrenadores.

Foto: Julieta Brancatto

«La desventaja se da cuando criás a uno para una cosa y a otro para otra, y no les permitís un desarrollo igualitario. Por eso en esta edad que son tan chiquitos, esa diferencia no se nota. Un poco más grandes, ves que el varón en su mayoría juega mejor, pero es porque arrancó antes».

La edad resulta fundamental para la condiciones igualitarias entre niños y niñas. A temprana edad, las personas no están tan atravesadas por la cultura patriarcal por lo que la reproducción de las lógicas machistas quedan desactivadas.

«Entre los propios pibes no hay ningún tipo de drama porque al tener contacto continuamente, se identifican como iguales. Está naturalizado que estén las chicas. Cuando son más grandes cambia un poco, el tema es que se juegue bien. Si la nena es chiquita y quiere jugar al fútbol no le dan pelota, pero si la nena juega bien la piden para que juegue. Ahora no, ahora son todos chiquitos y juegan todos con todos», ejemplifica Pepi.

«Trabajar con chicos te muestra que los bagajes que uno tiene se van construyendo socialmente. Algo que siempre pienso es que ningún nene te va a decir ‘¿por qué está jugando esa nena?’ Lo naturaliza mucho más fácil que una persona que ya tiene un tránsito en la sociedad y construye prejuicios», agrega Zapa.

Foto: Julieta Brancatto

El momento histórico resulta clave y significativo. Tras 31 años de trabajo en el fútbol infantil, recién ahora ACIFO decidió darle lugar a las mujeres para que puedan ficharse y jugar en sus respectivos equipos. La decisión no es aislada ni inocente: el movimiento feminista empuja y mueve las lógicas patriarcales y machistas.

«Recibir a las pibas, lo que nos hizo pensar en el tema fue eso, que las mismas pibas te van corriendo con esta ola que viene. Y un feminismo que se impone desde todos lados, desde lo laboral, el barrio, la familia. Y las nenas no quedan afuera de esa lógica. Los niños te ayudan a deconstruirte. Esa inocencia llena de pureza te hacer ver que trabajar con los niños presenta un futuro más encantador y mucho más prometedor. No hay malicia, es todo cariño, es todo pasión, alegría, juego».

Los tiempos que corren invitan a actualizarse. La exclusión femenina en el deporte así como en otros ámbitos, resulta obsoleta para momentos en los que el movimiento feminista avanza a pasos agigantados en nuestro país. Aún los espacios más conservadores comienzan a mostrar fisuras en sus bases y a posicionarse de manera más receptiva a la revolución de las mujeres.

En ese contexto, los ámbitos de sociabilización resultan fundamentales para la construcción de nuevas interrelaciones despojadas de la lógica machista y patriarcal; y la niñez se presenta como el momento más importante para el desarrollo y consolidación de sujetos libres. Por eso los clubes, la escuela, las plazas barriales y la escuelita de fútbol como la de El Lucero son los lugares que formarán nuevas generaciones, más justas y de iguales.

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