Fondos culturales en suspenso, el sector manifiesta su preocupación

La música, el cine, el teatro y las bibliotecas populares podrían sufrir la quita de presupuesto a causa de una ley que se promulgó durante el macrismo. Artistas populares comentan la situación en esta nota.

A comienzos de este año, la perspectiva de una catástrofe se hizo cada vez más palpable dentro del sector cultural en nuestro país. En  2017, la gestión de Mauricio Macri anuló, vía ley aplicable en 2022, la asignación de fondos propios para diversas instituciones culturales.

Entre estos organismos, se encuentran el Instituto Nacional del Teatro (INT), el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA), el Instituto Nacional de la Musica (INAMU), Radio y Televisión Argentina Sociedad del Estado (RTA), ENACOM, la Defensoría del Público de Servicios de Comunicación Audiovisual, la CoNaBiP (Comisión Nacional de Bibliotecas Populares) y el FOMECA (Fondo creado para proyectos especiales de comunicación audiovisual y el apoyo a medios comunitarios, de frontera, y de Pueblos Originarios).

Aunque existieron recortes, los fondos continuaron en menor medida distribuyéndose entre los sectores culturales. Ahora, se enciende una alarma respecto a la posibilidad de hacer efectiva la medida que sigue vigente desde 2017.

De hacerse efectiva la reforma, dejaría sin una autonomía presupuestaria a las instituciones antes mencionadas, afectando la actividad cultural de nuestro país. Según el Artículo N°4 de la Ley 27.432, el presupuesto asignado antes a dichos organismos culturales, quedaría destinado -de no haber una mayoría opositora en el Congreso a esta medida- al Tesoro Nacional, para uso discrecional de los gobiernos.

La actividad cultural a nivel local es intensa y el trabajo de los artistas ha sobrevivido a una pandemia gracias a los fondos que otorgados por el Estado.

Luján, al ser un Partido con gran diversidad de artistas, refleja una situación preocupante. Existen una Asociación Civil de Artistas (ACAL), un Colectivo de Realizadores Audiovisuales, seis bibliotecas populares y una amplia comunidad de trabajadores culturales que viven, directa o indirectamente, de los organismos cuya actividad se vería afectada por la quita presupuestal.

«El retiro de fondos a instituciones como el INAMU por ejemplo, afectaría enormemente al ámbito musical local, porque a través de diferentes herramientas este organismo ha permitido a la comunidad artística el logro de innumerables proyectos; desde la grabación de un EP a la realización de un video, generando a su vez un movimiento en todo el circuito: músicxs, productorxs, estudios de grabación, realizadorxs audiovisuales, diseñadorxs gráficxs, fotógrafxs, entre otras ramas», manifestó Rodrigo Almar, representante de la ACAL.

Desde la página del INT lanzaron un comunicado donde informan que, sin el financiamiento histórico que recibe la institución desde el año 1997, 553 grupos y elencos de todo el país no podrían concretar o sostener sus producciones y la actividad escénica anual; 516 salas y espacios de teatro independiente de todo el país quedarían sin financiamiento; y 222 Festivales, Eventos, Ciclos y Programaciones de Teatro Independiente dejarían de existir.

Por otro lado, tras la remoción por decreto del Presidente del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA), Luis Puenzo, luego de la protesta y el pedido de su renuncia por parte del Colectivo de Cineastas argentinos y de numerosas agrupaciones que trabajan en el sector audiovisual. En la carta abierta a Tristán Bauer, denuncian a una gestión política que atenta contra la autonomía del ente nacional de cine, al recortar cada vez más sus fondos y priorizar a grandes producciones en detrimento de medianos y pequeños realizadores.

«Las producciones audiovisuales en el país son parte de un acervo que compartimos como compatriotas. Involucran tanto a las personas que las realizan como a las historias que son contadas, los sujetos de esas historias y los espectadores. Eso, sin mencionar que cerca de 700.000 puestos de trabajo en todo el país, de forma directa o indirecta, involucran a la producción audiovisual», expresó Juan Mascaró, Director del DOCA (Documentalistas de Argentina) y integrante de Unidxs por el Cine.

Las bibliotecas populares quedarían sin la partida anual que las sostiene desde 1997.

«Si el presupuesto para la actividad cultural queda a disposición del Tesoro Nacional, sólo podrán grabar discos quienes puedan solventarlo con su propio bolsillo o cuenten con el apoyo de una productora «grande» o sello multinacional. Lxs demás quedarían prácticamente sin posibilidades, lo que pone en peligro la soberanía cultural y el recurso artístico de la zona que diverso y con una enorme riqueza de propuestas que surgen desde la juventud o de sectores económicamente marginados», sostuvo Almar.

«Los artistas emergentes son quienes más necesitan el apoyo y fomento del Estado para llevar a cabo sus proyectos; ya sean discos, películas, obras de teatro», dice Rodrigo Almar.

Hasta el momento, la única salida para poner un límite a la catástrofe cultural es el proyecto del diputado Pablo Carro, que propone prorrogar hasta diciembre de 2072 las asignaciones específicas previstas para industrias e instituciones culturales. «El hecho de que estas partidas sean quitadas afecta a la actividad cultural y a su soberanía. Lo grave es que se pierde la capacidad de realizar de quienes producimos en la periferia, de forma independiente, quienes producimos como entendimiento de una necesidad de contar una cierta historia. Y por supuesto, pierde la gente que vive gracias a su trabajo en esas instituciones, que investiga, que aporta a esta actividad de innumerables maneras», agregó Mascaró.

Mientras la aflicción crece en el sector de la cultura, aumenta también la necesidad de entender -de una vez por todas- que las artes no son un entretenimiento sino un pilar esencial de la sociedad, que necesita una política de sostenimiento digna y estable. «El trabajo en la cultura es un sector laboral importante, productivo como cualquier otro, que agrega valor material e inmaterial a un país. No podemos dejar que nuestro trabajo se vea amenazado por las voluntades de políticos que históricamente han relegado lo cultural por debajo de sus intereses económicos. La soberanía cultural es urgente, e indispensable», reflexionó Almar.

Fotografía: Archivo Ladran Sancho. 

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Emilia Gutiérrez
Lic. en Cs. De la Comunicación. Escritora. Collagista.

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