Pasó un nuevo #8M en Luján. Con los cuerpos y corazones apenas más tranquilos se vuelve necesario revisar el proceso histórico de la Asamblea Feminista para ver cómo seguir, enfocándose en tres ejes fundamentales: la modalidad asamblearia, el trabajo territorial y la capacidad revolucionaria del feminismo.

Tercera posta para la Asamblea Feminista de Mujeres, Lesbianas, Travestis y Trans, que en los últimos tres años -desde su creación-, entre otros logros, cambió de nombre, hizo tres paros con cientas de mujeres y disidencias en las calles, organizó un pre Encuentro Zonal de Mujeres en la Universidad Nacional de Luján y consiguió que el Concejo Deliberante aprobará nueva legislación a favor de las mujeres.

Con una gran apuesta para el momento del espacio, que incluyó paro, actividades, intervenciones y un festival cultural, el proceso asambleario parió un #8M a la altura de las circunstancias. Tal como se esperaba, la campaña por el aborto legal, seguro y gratuito fue protagonista así como el rol transversal del Estado en las demandas del movimiento feminista.

El paro de mujeres de 2018 dejó la vara alta para la Asamblea Feminista de Luján, sentando una posición política frente al Gobierno Municipal, quien desconoce la organización y carece de un plan de trabajo que genere y aplique políticas integrales de género.

Se trata de aplicar un presupuesto acorde a la demanda y a la necesidad de prevención; mayor cantidad de profesionales especializados en el tratamiento de la violencia de género; ordenanzas y decretos efectivos y que no queden sólo en la letra de concejales y concejalas; formación en géneros para toda la planta municipal; la jerarquización de la Subdirección de Políticas de Género; paridad de género; efectivo cumplimiento de la Ley 26.485; y la lista sigue.

Mientras tanto, por aquel 2018, madurez, organización colectiva, horizontalidad y mucha fiesta fueron los elementos centrales de un 8 de marzo que dio inicio a una nueva etapa para el movimiento feminista local, configurándose como imagen de presión propositiva para el ejecutivo y legislativo local, y referente de las temáticas de género de la ciudad.

Con estos elementos sobre la mesa, el #8M 2019 cumplió con las expectativas y como sorpresa sumó una significativa cantidad de cuerpos en relación al año pasado.

Es necesario hacer espacio para hablar del proceso de la Asamblea Feminista MLTTL de un año a otro, con el enfoque en tres pilares, algunos más desarrollados y otros no tanto: la modalidad asamblearia, el trabajo territorial y la capacidad revolucionaria del feminismo.

(A)samblea

Desde hace tres años, diferentes organizaciones y mujeres autoconvocadas forman parte de la Asamblea Feminista de Mujeres, Lesbianas, Travestis y Trans de Luján. Foto: Victoria Nordenstahl.

Resulta difícil establecer una fecha exacta de la convocatoria a organizarse colectivamente, pero el paro de mujeres del 2017 fue el motor del encuentro feminista local, que fue creciendo año a año hasta establecerse como referencia legítima.

¿Por qué una asamblea? La asamblea tiene sus propias lógicas. Entre tantos espacios diversos, las diferencias estuvieron siempre latentes y sobre la mesa, pero la organización horizontal apareció como la mejor opción para generar consensos, aún con sus dificultades. Sobran los dedos de una mano para contabilizar las veces que se tuvo que votar para definir una decisión. Y en algunas de esas ocasiones, ante la falta de acuerdo, a veces no se tomaron determinaciones y a veces sí.

Es importante destacar que a pesar de los riesgos de ruptura –los hubo y los hay- la asamblea se mantuvo firme a la necesidad de tener un espacio colectivo de encuentro y construcción feminista horizontal, en y para Luján.

Organizaciones políticas, sociales, gremiales; espacios de mujeres, disidencias y adolescentas; colectivos educativos y estudiantiles, muchas pero muchas autoconvocadas, mujeres de los barrios, trabajadoras de la economía popular, emprendedoras y autogestivas. Madres, hijas, hermanas, amigas, compañeras. Todas forman parte.

Ante esa diversidad de cuerpos, de ideas, de identidades, la asamblea y su lógica de participación igualitaria resulta ineludible y adecuada a la necesidad de discusión, resolución y acción; una metodología que, acompañada de mucha creatividad, caracteriza al movimiento feminista.

En este escenario los egos y ambiciones particulares quedan a un costado. Luego de tres años de trabajo asambleario el protagonismo de una organización o incluso una persona resulta impracticable. Las referentas son todas y es ninguna. La verdadera referencia es la asamblea y de allí que sea necesario orden y organización, porque ahí es donde se cocina la cosa.

(T)erritorio

Decenas de mujeres de los barrios de Luján participan de la Asamblea Feminista de MLTTL, así como en las distintas organizaciones que la conforman. Foto: Victoria Nordenstahl.

Durante los tres años de su existencia, la Asamblea Feminista de Luján se pensó como fuerza territorial, es decir, como actora del escenario local y de la puja por la mejora en la calidad de vida de las mujeres y disidencias locales.

De esta manera su mensaje siempre señaló la responsabilidad estatal y estuvo direccionado a la necesidad de empoderar a aquellas mujeres que habitan los barrios, quienes son sostén de los hogares y de la economía popular y familiar.

Sin embargo, el trabajo específicamente territorial tal vez sea una de las discusiones más importantes y menos abordadas en asamblea. Es decir ¿qué tipo de espacio ser y cómo concretarlo en acciones?

En ese camino hubo diversos intentos para llevar la Asamblea Feminista MLTTL a los barrios y de hecho se hizo en algunas ocasiones. Pero en la mayoría de las oportunidades sucedió lo contrario: que los barrios vengan a la asamblea, con encuentros en el Parque San Martín y en la Universidad Nacional de Luján.

Si bien la representación de las mujeres trabajadoras de los barrios siempre estuvo garantizada por su voluntad, esfuerzo y participación, un espacio feminista asambleario lejos de los territorios -donde la violencia de género se recrudece-, corre el riesgo de convertirse en un feminismo de clase.

La tarea urgente de la asamblea será discutir y definir qué camino queremos tomar las mujeres y disidencias organizadas de nuestra ciudad, y cómo hacerlo.

(R)evolucionario

Más de cuatrocientas mujeres le pusieron ritmo y color a la mañana lujanense durante el #8M. Foto: Victoria Nordenstahl.

La fuerza del feminismo llegó para quedarse. En Luján, el #8M de 2018 marcó un antes y un después para el movimiento a nivel local, estableciendo una agenda propia e inevitable para el sector político y comunicacional de la ciudad.

La marea feminista es quizás el único movimiento social y político de la actualidad que está revolucionando el mundo.

Nuestra ciudad no está exenta de ese movimiento lleno de cambios, contradicciones y lógicas nuevas. Ya no hay marcha atrás para las mujeres.

La violencia que sufrimos es innegable; las políticas de género ya no pueden ser rechazadas por el Estado en todas sus formas; el aborto legal poco a poco deja de ser una idealización para convertirse en realidad; de ninguna manera vamos a volver a ser invisibilizadas por el patriarcado opresor, porque estamos juntas, estamos fuertes y estamos seguras de lo que queremos.

Las revoluciones, los cambios de paradigma, no son necesariamente veloces, pero la revolución de las mujeres es un hecho. Cuando las mujeres estamos organizadas la fuerza del feminismo es capaz de dar vuelta todo.

En el 2018 las mujeres y disidencias copamos las calles y nos plantamos con un mensaje claro. Acá estamos y no nos vamos a correr. El mismo mensaje se vio con aún mayor fuerza este #8M: no sólo no vamos a corrernos, sino que vamos a avanzar y no pensamos pedir permiso, y para eso la organización es fundamental para lograr un proceso ordenado que establezca puntos claros de trabajo colectivo para el feminismo local.

A quien le quepa el sayo, que se lo ponga. Mientras tanto, el feminismo ATR sigue en acción, a todo ritmo.

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