Sin dudas, el fútbol femenino es el deporte con mayor crecimiento de los últimos años pero también el que menos apoyo institucional y económico recibe. Contra esa lógica, el Club Luján decidió apostar a las mujeres que se ponen la camiseta para romper estereotipos.

El sistema patriarcal nos ubica en el ámbito privado, con los quehaceres domésticos. La esfera pública, que incluye la diversión y distensión, está reservada para los hombres y sin lugar a dudas el fútbol es uno de esos ámbitos. Las luchas feministas, el cambio generacional, el acceso a la información, entre otras variables, han facilitado que las mujeres podamos ir ocupando espacios que históricamente nos fueron negados por «ser débiles». Pero hay mujeres que demuestran que de debilidad nada tienen y empujan el cambio y la ruptura de la lógica machista. 

Entre esas luchadoras están las integrantes del equipo de fútbol femenino del Club Luján. Mujeres de entre 11 y 42 años entrenan cuatro veces por semana por amor al deporte. Las condiciones no son las mejores pero no son un impedimento para seguir jugando.

«La realidad es que sólo tres o cuatro de los clubes grandes tienen algo de apoyo económico. Es complicado. Sin embargo el club le dio mucha importancia al fútbol femenino y apostó a este proyecto. Igualmente es difícil para la institución bancar a un equipo en AFA, por eso también el aporte viene del propio equipo. Ya sea para viajar como para entrenar, comprar la ropa, las pelotas, etc. Por ejemplo, hacemos rifas para juntar dinero», cuentan las jugadoras.

La creadora de la Asociación de Fútbol Femenino de Argentina, Evelina Cabrera, sostiene que «hay una aceptación sobre la mujer jugando al fútbol. El motor de este fenómeno ha sido el cambio cultural más que el apoyo institucional». Sin embargo las jugadoras de nuestra ciudad sostienen que la institución ha sabido acompañarlas: «Al principio no estaban las condiciones más que nada físicas y de infraestructura para sostener el proyecto de fútbol femenino. Por ejemplo, es muy importante para nosotras poder tener nuestro vestuario y baños, para cambiarnos tranquilas. Eso por suerte fue cambiando y el Club está invirtiendo en nosotras».

A pesar de la apuesta institucional, son conscientes de que es muy difícil generar las mismas condiciones que en el fútbol masculino. Muchas trabajan y tienen familia por lo que practican fútbol como hobbie. Sin embargo, en un grito común contestaron que les encantaría poder vivir del deporte, pero ven realmente complicada la profesionalización del fútbol femenino.

Vamos las pibas. Mujeres de entre 11 y 42 años entrenan 4 veces por semana por amor al deporte. Foto: Julieta Brancatto

«Papá, quiero jugar al fútbol»

El plantel es largo, la amplitud etárea y las diferencias económicas también. Todas tienen historias distintas, pero con algo en común: el prejuicio.

«Yo iba a la cancha y me gritaban ´anda a lavar los platos´» cuenta la más grande del equipo. «Mi sobrina quería jugar y mi hermano le decía que no porque era un deporte para hombres. Yo me enojaba y le explicaba que al fútbol también lo podemos jugar las mujeres, y ahora la nena juega y él entiende que el fútbol también es femenino», completa.

Sin dudas existe un cambio generacional que fue modificando el nivel de prejuicios. Las jugadoras más grandes cuentan historias que por suerte hoy parecen lejanas: «En mi época, la mujer que hacia deporte era mal vista. No era normal hacer actividad. Te miraban y decían ´¿por que vas a hacer actividad deportiva?, te vas a transpirar. Hacer actividad es de hombres´. Y jugar al fútbol ni siquiera existía. Está bueno encontrar un lugar de pertenencia. Es loco poder hacer algo que en otra época no se hacía o no se podía».

En contraste, con sólo 16 años una de las jugadoras muestra que la situación actualmente no es tan difícil pero que los cuestionamientos siguen presentes: «Yo crecí jugando con mi papá, pero cuando llegó el momento en el que quise jugar en un club, mis viejos no lo aceptaron. Pero como soy porfiada insistí, aceptaron y les gusta. Sin embargo me pasaba en algunos lugares, como en la escuela, que los chicos me cargaban o me decían machona. Todavía pasa algo de eso, pero por suerte socialmente está más aceptado, sin embargo aún son pocas las mujeres que se animan a jugar. Si hubiera igualdad de condiciones, seguramente sería distinto».

Una nueva época. Sin dudas existe un cambio generacional que modificó el nivel de prejuicios. Foto: Julieta Brancatto.

Discriminación y estereotipos

En el fútbol femenino las mujeres reciben muchos señalamientos. El fútbol es considerado un deporte de hombres, y al darse una ruptura en donde la mujer comienza a ocupar espacios destinados exclusivamente a los hombres, casi como un acto de autodefensa ante el miedo de perder lo que se cree propio, se dan muchas situaciones de discriminación hacia la mujer.

Por un lado por hacer un deporte «que no le corresponde»; por otro lado, por la forma de vestirse; porque se cree que somos «débiles»; o porque se cuestiona la orientación sexual, sobreentendiendo que jugar al fútbol «es de machonas». El problema que se le suma es que se interpreta peyorativamente al lesbianismo.

En ese sentido las chicas señalan que la discriminación y el maltrato existe: «Cuando estamos jugando nos gritan cosas feas, y no deberíamos acostumbrarnos a eso. En el mundo del fútbol está normalizado que la gente que te va a ver te grite cosas. Los árbitros también, a veces desmerecen tu trabajo porque están acostumbrados al roce y la fuerza del fútbol masculino. Entonces por ahí te dicen ´¡traben fuerte, esto es fútbol!´ como si no lo hiciéramos. No se dan cuenta de que ir a trabar a nosotras también nos duele. Les da lo mismo. No le dan importancia al partido porque somos mujeres», sostienen.

Además también están las burlas: «Si atacas a un chico o lo pasás, o le haces un caño siempre dicen ´ay te pasó una chica!, ¿cómo puede ser? y se ríen´. A veces no se esperan que alguna de nosotras pueda jugar mejor que ellos. Y eso debería estar naturalizado. Esta bueno romper estereotipos, demostrar que podemos hacerlo nos hace sentir bien».

Simplemente quieren hacer lo que les gusta, sin trabas, sin complicaciones, sin discriminación, sin prejuicios, con el apoyo necesario. No hay misterios en el fútbol para  mujeres y una las jugadoras lo resume fácilmente: «Hago esto porque me gusta, esto es mi pasión, dejo todo por jugar al fútbol».

El DT, las mujeres y el empoderamiento

Jugar al fútbol da libertad, rompe barreras, crea lazos sociales. Y gran parte de la tarea de fortalecer y consolidar esos lazos la tiene el Director Técnico. Sostener un vestuario, ya sea femenino como masculino nunca es fácil, sin embargo Santiago afirma con convicción que entrenar a mujeres es mucho mejor.

«Quedé maravillado con las chicas. Las mujeres son más receptivas, aprenden y entienden rápido. La mujer escucha. El hombre no escucha y cuestiona, entonces no aprendemos porque creemos que las sabemos todas».

Sin embargo es consciente de las dificultades que atraviesan sus dirigidas por el hecho de ser mujeres: «El problema pasa por la subestimación. Tal vez cometen una falta y no la cobran sólo porque son mujeres y eso complica el juego. La reglas son las mismas para todos y deben cumplirse. Lo más importante es el respeto. Que ellas puedan tener su lugar y cuidarlo y valorarlo, hace todo más fácil».

La arrogancia hacia el fútbol femenino dificulta el crecimiento de la disciplina en el país, tanto en la cantera de jugadoras como en la formación de Directoras Técnicas. Sin embargo muchas manifestaron su deseo de continuar en el mundo del fútbol desde el banco de suplentes. «Las mujeres deben ocupar esos espacios, hay que romper esa barrera. Ya se animaron a jugar, después deben animarse a dirigir», sentenció el DT.

El fútbol femenino llegó para quedarse. Ya sea dentro o fuera de la cancha, cada uno de los actores sociales deberemos decidir en qué posición queremos jugar.

Publicidad

1 COMENTARIO

  1. Gracias por acercarse, por interesarse y por difundir la realidad de este deporte. EL futuro del futbol, es femenino, abajo el patriarcado.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí