Fechas olvidadas

María Teresa Tartaglia
María Teresa Tartaglia
Lic en Historia. Docente. Ex Directora del Complejo Museográfico Enrique Udaondo. Ex Directora de Cultura. Investigadora. Publicó 8 libros sobre Historia de Luján y sus Instituciones. En preparación 3 investigaciones.

El historiador Moses Finley expresó: “Las generaciones anteriores conocían el pasado mucho menos que nosotros, pero tal vez sentían una mayor identidad y continuidad con él”. Considero que es así, en muchos casos, hemos perdido la identidad y continuidad con un pasado común.

Las fechas figuran en el calendario, se señalan en rojo, a veces se cambian y están en los libros de textos, pero hay en muchos “un sin sentido”, “poca valoración” o “repetición desinteresada de sucesos”. Se organizan actos, pero se sienten ajenos a lo que se recuerda. Hay feriado, pero no siempre es el día correspondiente, se percibe desorientación, desinterés, rutina. Los alumnos, los mayores no saben muy bien “el por qué”, no descubren la significación del acontecimiento.

Tal vez ocurre que aquellas fechas, conquistas de un pasado no muy lejano, perdieron vigencia frente a nuestras realidades, con nuevos problemas y necesidades. Tal vez sea necesario buscar significados que unan el presente con aquellos hechos que formaron nuestra patria. Relacionar actitudes y valores del hoy al pasado, despertar el patriotismo y la identidad nacional, sentirnos parte de la construcción de nuestra Nación, protagonistas de la historia que se construye, sintiéndonos responsables de trasladar saberes, “vincular el pasado desde el presente, para avanzar hacia un futuro que nos convoque a todos”.

Estas reflexiones me llevaron a pensar en mis días escolares. Encontré sensaciones olvidadas ante un feriado, el guardapolvo almidonado, el clima de fiesta, la emoción de acompañar la bandera, la canción aurora, el himno, las marchas patrióticas, las familias compartiendo una patria que se hace todos los días.

“¿Qué se perdió en el camino y por qué?”. Goethe escribió en el Fausto: “Aquello que has heredado de tus padres, adquiérelo para poseerlo”. Pero, ¿qué pasa además cuando no hay clases y no se conmemoran fechas? Un 18 de febrero Manuel Belgrano creó la escarapela y un 27 de febrero la bandera, y no ocurre nada. Ni la rutina escolar porque no hay clases. Solo recordaciones por parte de las autoridades a quienes acompañan muy pocos. Todo pasa desapercibido en la gran mayoría de los casos. Incluso cuando las autoridades del momento, intenten con grupos que siempre están presentes, llegar a la mayoría.

Belgrano pidió al Superior Gobierno (Triunvirato – 13 de febrero), al marchar a la Villa del Rosario para enfrentar a los realistas, en las guerras por la independencia, la creación de un escarapela de color azul-celeste y blanco, de uso obligatorio para las tropas, pero “pudiendo llevarla también cualquier paisano como distintivo”. Quería unificar las divisas que usaban todos los ejércitos frente al enemigo. Esto se aceptó por Decreto el 18 de febrero de 1812 y la Asamblea Nacional de 1813, la adoptó como símbolo Nacional, así como el Congreso general Constituyente de 1816 adoptó la Bandera (enarbolada el 27 de febrero) como símbolo el 26 de julio del mismo año y la incorporación del Sol de Mayo en el centro del emblema se estableció, por ley, el 25 de febrero de 1818.

Belgrano en su marcha al Paraná, entró a la Villa de Nuestra Señora de Luján y en su diario de marcha al Rosario describió su ingreso el 28 de enero de 1812, a las 9 de la mañana, y su estadía el 29 de enero. Su visita a la Virgen en el templo, cuenta la llegada a la Villa, el acampe al lado del río, el apoyo recibido por el Cura Don Francisco Argerich y el Alcalde Don Estanislao Aguirre. Es un relato sencillo, completo, que demuestra el paso y estadía del general acá entre nosotros, antes de crear la Bandera, el 27 de febrero en la barrancas del Paraná.

Este relato se conserva en su diario de campaña que está en el Museo de la Democracia Internacional en Rosario. Fue rescatado por el locutor Antonio Carrizo, en una subasta pública, allí compró el “diario”, que era anónimo. La narración y otras características de la “fina y menuda letra”, le hicieron pensar a Carrizo que el documento pertenecía a Belgrano. Buscó confirmar lo pensado y lo entregó a la Academia Nacional de Historia, para su análisis: se confirmó que era la gesta de Manuel Belgrano, en su camino hacia Rosario y el nacimiento de la Bandera.

De Luján, Belgrano marchó hacia la Villa del Rosario, instaló dos baterías: una sobre la barranca, que llamó Libertad, la otra en una isla de frontera, hoy desaparecida, bautizada como Independencia. El 27 de febrero de 1812, al inaugurarla dijo al gobierno “que siendo preciso enarbolar Bandera y no teniéndola, la mandó a hacer celeste y blanca conforme con los colores de la escarapela nacional”.

La Bandera era el símbolo máximo de independencia, por eso el Triunvirato la rechazó. En su arenga al inaugurar la batería Independencia, con la bandera celeste y blanca, les habló a los “Soldados de la Patria” y les dijo: “Hemos tenido la gloria de vestir la escarapela nacional (al crearse la batería Libertad) (…) juremos vencer a los enemigos interiores y exteriores, y la América del Sur será el templo de la independencia y de la libertad. En fe de que así lo juráis decid conmigo ¡Viva la Patria!”.

No hubo juramento de la Bandera, tal vez esperando la ratificación del Triunvirato. Sí fue en Jujuy el 25 de Mayo de 1812 sin haber recibido la validación. Al gobierno le disgustó y le ordenó a Belgrano que “hiciese pasar como un rapto de entusiasmo el suceso de la Bandera blanca y celeste enarbolada, ocultándola cuidadosamente”. Nada detuvo a Belgrano en Jujuy, e hizo formar las tropas en la plaza ante la bandera. Arengó a los soldados y al pueblo con palabras que expresaban “la independencia”.

La bandera fue hecha por doña María Catalina Echevarría de Vidal, hermana de Vicente Anastasio de Echeverría, compañero de Belgrano en su expedición al Paraguay. Vivió en Rosario, la crió la familia de Pedro Tuella, dueño de un comercio de ramos generales donde también había telas. Esta dama fue una de las ignoradas hasta hace muy pocos años. Ella la confeccionó junto con vecinas, y el material lo tomaron del negocio familiar, siguiendo lo que Belgrano pidió. No hay documentos que avalen los datos, conocidos a través de fuentes orales.

¿Qué pasó con nuestros sentimientos en estas dos fechas? ¿Qué aprendieron los jóvenes y los niños con nuestras actitudes patrias? ¿Cuántas banderas se resplandecerán y honrarán el 27 de febrero y cuántas escarapelas el 18 de febrero? Tal vez la respuesta está muy dentro de nosotros, cada uno puede tener sentimientos, afirmaciones y contestaciones distintas.

“Las palabras son las mismas: revolución, pueblo, libertad, independencia y la historia, con ellas se hace la tradición”, escribió Natalio Botana. La patria la construimos todos los días con nuestras acciones y esfuerzos. ¿Será ahora el momento de llevar una escarapela y colocar una bandera el 27 de febrero en nuestras casas? Respeto, amor, unidad, diálogo, solidaridad necesitamos para que nuestra patria siga creciendo. Tal vez es el tiempo adecuado de acompañar a nuestras autoridades y al grupo que todos los domingos y fechas Patrias izan las banderas en la Plaza Belgrano.

¡VIVA LA PATRIA!

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Lic en Historia. Docente. Ex Directora del Complejo Museográfico Enrique Udaondo. Ex Directora de Cultura. Investigadora. Publicó 8 libros sobre Historia de Luján y sus Instituciones. En preparación 3 investigaciones.

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