A veces la política es poder y ambición, otras el mejor de los caminos para transformar. En el camino algunas palabras se olvidaron y otras están en discusión. ¿Podremos recuperarlas?

“Mal pero acostumbrado…” bromeaba Don Atahualpa Yupanqui mientras cebaba un mate en su ermita de Agua Escondida. Así, casi sin darnos cuenta nos estamos acostumbrando a que las aptitudes éticas y empáticas falten en las mentes y corazones de nuestros dirigentes.

¿Será posible pretender de funcionarios de turno altas dosis de estos ingredientes? ¿Es utopía adolescente exigir ética y empatía en la gestión pública?

Stefan Sweight, escritor, pensador e historiador austríaco sentenció: “Un líder político sin ética es solo olvido”. Emanuel Lévinas, filósofo y escritor lituano en su libro Ética e Infinito, sugiere: “La ética es anterior a toda ontología y a toda filosofía. Ella responde la única pregunta por la que el ser humano se desgarra: la justicia y por ende la injusticia».

Y por otro lado, la empatía. ¿Cómo definirla? Los griegos, quienes felizmente no tenían Netflix, pasaban gran parte del día en armonía con su entorno, pensando y nominando su cosmos. Ellos intentaron simbolizar en cada palabra a un universo posible.

Pathos simboliza la forma y características de un sentir, de una idea o de una acción. Ethos es la esencia, el hábito de un sentir y accionar humanos, justamente también es la raíz de ética. Podríamos decir que empatía sería la capacidad de percibir, comprender y compartir (comer del mismo pan) la emoción del otro, lo que siente el otro y por qué el otro vive como vive.

Krishnamurti, filósofo, poeta y pensador hindú, sostenía que los griegos se quedaban a medio camino con la noción de empatía: “La empatía es solo la raíz. El tronco, las ramas, el follaje y los frutos se llaman compasión”.  Más allá del vocablo, convergemos en la idea de acercarse emocionalmente al otro, comprenderlo y acompañarlo.

Actores políticos en cada hogar

 

Criticamos y rechazamos a líderes políticos por infinitas razones. Una parte de la población global desde Londres hasta Estambul pasando por San Pablo o Buenos Aires, desconfía y sospecha de sus intenciones. Y tal vez, tengan razón. Pero hay que hacerse cargo.

Somos sujetos sujetados al lenguaje. Y también a la Política, entendiéndola como forma omnipresente de relación social. Hacemos política en casa, en la facultad, en la oficina o en la cola del banco, las 24 horas del día.

Transpiramos política familiar, barrial, parental, profesional y hasta espiritual. Creo que nuestro error es identificar e igualar a todo sujeto político (cualquier ciudadano) con un sujeto sujetado a las lógicas de la política partidaria o a quien ejerce algún cargo en las instituciones públicas.

Para el ejercicio de esta “vida política cotidiana” también necesitamos de ética y empatía, no alcanza con la inteligencia.

Líderes intelectuales y también emocionales

Cristina Fernández, Alberto Fernández y Néstor Kirchner en la IV Cumbre de las Américas, Mar del Plata, 4 de noviembre de 2005.

En los últimos 20 años los conceptos teóricos de inteligencia y liderazgo han sido transformados, casi de raíz. Así como ya es obsoleto pensar en términos de coeficiente intelectual y se contabilizan varios tipos de inteligencia (emocional, corporal, lógica-formal, sensoperceptiva, socio-vincular) también los liderazgos trocaron en sus formas (autoritario, de proximidad, afectivo, intelectual, materno).

La historia social y política de la humanidad parece estar en un círculo vicioso de emperadores, reyes, señores feudales, dictadores, patrones de estancia y tecnócratas. Son quizás estos últimos la expresión reciente del “fracaso del buen gobierno”. Personas que llegan al poder con mucha inteligencia y liderazgo pero carecientes de ética y compasión.

También la historia de América Latina da cuenta que la mayoría de los líderes (salvo honrosas excepciones) han carecido de ambas herramientas o al menos han tenido solo una de ellas.

Excusas para el autoritarismo

El relato es simple, sencillo y efectivo. A nivel global las nuevas formas de autoritarismo se apalancan en el miedo y en el rechazo a los burócratas y sus prácticas corruptas. La anti-política se presenta como un bello ángel medieval que susurra a oídos de ciudadanos des-encantados. Justamente se propone dejar un encantamiento (embrujo) para aceptar uno nuevo. La poción está ya en nuestra mesa. Europa y Estados Unidos ya la están saboreando.

Dicen por allí, que quien maneja el discurso maneja el poder de las representaciones sociales, inconscientes o conscientes. Se producen y re-producen en textos y contextos cotidianos. Viajan en silencio de pantalla en pantalla. Y entonces la Democracia está teniendo mala prensa y aquellos que tendrían que defenderla (políticos y funcionarios de turno) le dan pasto a las fieras. La ética y la empatía en la función pública parecen especies en extinción y eso les da “letra” para abrirles portales a los lobos.

¿Puentes o trincheras?

Se observa en numerosos países un grado de enfrentamiento creciente, asordinado en algunos casos o totalmente visible en otros. Por un lado, aquellos que apuestan a que “el problema es el otro”, sea un inmigrante, analfabeto, pobre, perezoso o un “desviado sexual”. Proponen mano dura y uniformidad de mentes y conductas.

Otro grupo está encarnado en “los indignados y desencantados” con el sistema democrático y sus burócratas, quienes solo toman decisiones desde escritorios, decisiones que solo favorecen a su círculo de poder. Este segundo grupo no busca soluciones autoritarias, pero no tiene líderes ni brújula.

La raíz del problema es que la “democracia representativa”, no está pudiendo resolver cuestiones básicas para la mayoría de los humanos que habitamos el planeta. La historia demuestra que esa distancia es una trinchera peligrosa que siempre ha conducido a la violencia en cualquiera de sus formas.

Propongo a la dupla ética-empatía como el único puente capaz de resolver esas tensiones en crecimiento. El funcionario que las ejerza saldrá de esa posición de “tecno-burocrática” para transformarse en un líder capaz de ejercer el poder con autonomía y respaldo de quienes representa. Nuestra historia reciente tiene ejemplos de este tipo de liderazgos. Justamente de médicos, tal vez necesitemos doctores para nuestra compleja alma social.

Acerco solo dos. El Dr. Arturo Humberto Illia (1900-1983) médico rural cordobés, que llegó a ser presidente y el Dr. Ramón Carrillo (1906-1956) médico sanitarista santiagueño, primer ministro de salud de la nación. Ambos compartieron el interés por lo Humano, por la justicia social haciendo del ejercicio de la función pública, una práctica ética, empática y honesta, enfrentándose en ambos casos a técnicos, burócratas y factores de poder que lamentablemente terminaron derrotándolos.

La ética como herramienta de la Justicia podría alejar toda práctica corrupta, generando lentamente las condiciones para borrar de nuestra representación social la desconfianza y sospecha hacia todos los políticos de turno. La democracia podría exhibir líderes a la altura y así las posiciones fascistas-autoritarias dejarían de ser opción para aquellos enojados con lo que les pasa.

Cuidar la democracia

Cristina Fernández y Alberto Fernández en la presentación de la fórmula presidencial, Rosario 2019.

Es muy fácil proyectar en el otro lo que a mí me falta. También es sencillo caer en la tentación de justificarse: “si el empresario o el político roban y no pasa nada, yo también puedo hacerlo”. Estamos cansados de escuchar a personas que se quejan de la corrupción política pero tienen las mismas actitudes en su metro cuadrado.

Es preciso preguntarse si en mi vida cotidiana tengo actitudes éticas y empáticas con el otro, sea mi esposa, mi vecino, o con mi abuelo que está en el geriátrico. Recién allí vamos a poder exigir con mucha más fuerza esas condiciones para quienes nos gobiernan.

La vida democrática exige saber defenderla y cuidarla sobre todo en tiempos donde el autoritarismo y la distracción social avanzan. Podemos hacer algo: exigir y exigirnos más ética y más empatía en nuestra vida cotidiana. Aún estamos a tiempo.

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Esteban Gómez
Lic. en Psicología recibido en la Universidad de Bs. As. Especializado en adicciones y familia. Profesor de Tai Chi. MN 25.591 MP 25.668

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