Belén se dedica a la albañilería porque le gusta. Entre palas y fratachos combate los prejuicios del patriarcado y le demuestra a todos y todas, que a las mujeres nada nos detiene. Conocela en esta nota con Ladran Sancho.

Históricamente los empleos fueron adoptando características particularmente femeninas y masculinas. Algunos comenzaron siendo exclusivos de los hombres y con el tiempo se convirtieron en profesiones identificadas como femeninas, como es el caso de las secretarias o las enfermeras. Otras no se movieron del lugar donde fueron ubicadas.

La sociedad define los empleos según su masculinidad o feminidad. ¿Pero qué pasa cuando esa definición se ve afectada y «amenaza» los parámetros de normalidad que se tiene respecto a las labores que supuestamente le corresponden tanto a mujeres como hombres? Se genera un llamado de atención, resulta extraño, raro y hasta chocante.

Sin embargo poco a poco se está volviendo menos extraordinario encontrarse con una mujer haciendo un trabajo «masculino» o viceversa. Esto se explica por varios motivos. Por un lado la lucha feminista por la igualdad de género; por otro las brechas salariales y las dificultades de acceso al empleo, que empujan a las mujeres a redefinir sus espacios laborales para lograr el sustento económico.

Y finalmente el placer, el gusto, la propia voluntad de realizar un trabajo que no debiera estar definido por género ya que tanto hombres como mujeres podemos hacer las mismas cosas. Este es el caso de Belén, quien estudia para ser profesora de inglés pero también trabaja a la par de su papá y sus hermanos, haciendo albañilería. E incluso apuesta a más: en algunos años le gustaría poner su propia pyme dedicada a la construcción.

«Aprendí viendo trabajar a mi papá, lo hago desde los 18 cuando él me llevó por primera vez a una construcción. ¡No sabía hacer nada!», rememora Belén entre risas. «Para empezar cargaba arena en la carretilla y la iba llevando, y de apoco me fui largando a hacer cosas un poco más grandes. Me gusta ver como de la nada podemos hacer hasta una casa».

Belén es miembro de una familia que se dedica a la albañilería. Mientras su padre y sus hermanos lo hacen exclusivamente, ella lo hace por elección, porque le gusta. Y además confiesa, «porque lo quiero ayudar a mi papá».

«Me gusta que las cosas queden lindas. Las mujeres somos más prolijas, los pibes lo hacen así nomás, pero es re importante hacer bien las cosas. Además me gusta esto, lo disfruto, voy a laburar contenta. El problema es que hay algunas cosas que quiero hacer y no me dejan porque no quieren que haga fuerza porque soy re chiquita. Pero tengo fuerza y puedo, y con mi trabajo lo voy demostrando», reflexiona mientras observa el pastinado que acaba de terminar.

Constructora para (de)construir al patriarcado

Foto: Eleonora Veiras

La escasez de mujeres albañiles genera contradicciones y puntos en los que la lógica machista se evidencia. Belén explica que al trabajar en un ambiente familiar donde está naturalizada su presencia, no sufre discriminación o acusaciones por ser mujer.

Sin embargo, no siempre se da de la misma manera con el resto de las personas, las cuales piensan que sólo un hombre es capaz de hacer ese trabajo y a las mujeres le corresponde ocupar otros espacios.

«Casi siempre que voy a trabajar a las casas se sorprenden positivamente y de buena manera, eso está re bueno. Pero algunas veces no pasa. Por ejemplo una vez fui a una casa y estaba pastinando y salió la dueña y me dijo ´¿qué haces vos aca que no estás estudiando?´. Yo no le dije nada, ¿qué le iba a decir?», piensa Belén mientras lo recuerda.

«Le dije que me gustaba trabajar. Pero se lo tomó mal, me decía que una persona como yo tenía que estar estudiando. Después de eso vino un hombre amigo de esa mujer y me dijo ´te felicito porque en estos tiempos no se ve a una chica tan joven haciendo lo que hacés vos´. Eso me dió mucho ánimo. Me gusta que confíen en mí y en mi trabajo, igual entiendo que piensen diferente».

Además de la sorpresa que puede generar que una mujer se dedique a profesiones dominadas por los hombres, estos casos conllevan situaciones problemáticas que son necesario erradicar. Por un lado la discriminación y el acoso sexual-laboral; y por otro, el prejuicio alrededor de la sexualidad de las mujeres que avanzan sobre y contra la lógica patriarcal.

«Es incorrecto que piensen así, que por ser mujer sos incapaz de hacer esto. No me gusta eso, no está bueno. Es algo que se da desde hace muchos años y va a ser difícil cambiarlo. Pero yo creo que estas pequeñas cosas le enseñan al mundo que sí que se puede, que las mujeres sí podemos», enfatiza Belén.

«También está mal visto que las mujeres estemos al frente de algo, pero si es al revés es distinto, a los hombres se les da más valor. Eso me parece patético. Creo que las mujeres somos tan capaces como los hombres o más. Porque a veces hacemos más e incluso nos puede salir mejor».

Foto: Eleonora Veiras

A pesar de los obstáculos y barreras que debemos romper día a día las mujeres, Belén confía en que poco a poco, el movimiento feminista va a ir logrando desarticular las lógicas discriminatorias y excluyentes del patriarcado dominante.

«Que las mujeres hagamos tareas que se creen que son de los hombres, no pasaba antes. De a poco se puede ir cambiando el pensamiento de la gente y que pensar que una mujer haga el trabajo que supuestamente le corresponde a un hombre, deje de ser raro para ellos».

«Yo me siento halagada cuando me dicen que hago bien mi trabajo. Pero estaría bueno que todos lo vean así y no diferencien tanto según lo que supuestamente puede y no hacer, una mujer o un hombre. Pero cuando querés podés, y si le ponés garra mejor, y si tenés un motivo mejor. Eso hace que nada sea imposible para nosotras».

Ella está orgullosa del lugar que ocupa, como mujer, como trabajadora, como hija, hermana y compañera. Una de cal, otra de arena y una más de feminismo, así construye día a día espacios más justos e igualitarios.

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