mayo 28, 2024
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Luján

¿Estamos a tiempo?

El intento de asesinar a CFK cosechó un inmenso repudio, pero aun así, nos preocupa un sector que continúa inconmovible. Ladran Sancho se posiciona sin "peros" y busca abrir algunas preguntas en un contexto fulero.

Mientras Ana espera el 57 para ir a Plaza de Mayo comprueba en la voz de otro vecino que la conmoción ante el intento de asesinato a CFK no alcanza a todos. Victoria sube a un remís y es testigo de que el chofer mantiene su postura extrema respecto a la expresidenta. Ivana interpeló a su padre al escuchar que no lograba reflexionar sobre la dimensión de los hechos que tuvieron lugar el jueves por la noche en Juncal y Uruguay.

Una pregunta busca desesperadamente una reflexión en interlocutores inflexibles: ¿Importa la coincidencia que se pueda tener con CFK o la pertenencia a un espacio político frente a su intento de asesinato? 

El odio planificado

Los mensajes de odio, la estigmatización, el hostigamiento y la persecución son el caldo de cultivo que generan acciones violentas que superan el umbral de lo simbólico. Como si esto fuera poco.

Un hilo invisible une a las editoriales cargadas de saña, las protestas que incluyeron bolsas mortuorias y guillotinas, el negacionismo político o la subestimación de los sectores que han hecho del odio y la eliminación del otro su principal objetivo.

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La investigación judicial determinará quién es Sabag, por qué intento asesinar a CFK y qué grado de organización hubo en el atentado. Seguramente habrá explicaciones sobre por qué el arma no se disparó pese a ser gatillada y estar cargada. Ninguna pericia, en cambio, podrá determinar que se trata de un hecho colectivo que poco tiene que ver con las características de la subjetividad individual de Sabag y, por el contrario, se enmarca en un caldo de cultivo donde el odio se justifica desde grandes usinas políticas, mediáticas, económicas y judiciales.

Una multitud se movilizó para repudiar el intento de asesinato a CFK. Foto: Pepe Mateos

Repudio, un buen reflejo democrático

Frente algunas pantallas hubo quienes, en medio del estupor, se hicieron un lugar para anidar una esperanza de que la grieta se convierta en la representación de ideologías y se puedan dirimir en el marco de una democracia madura, donde el odio y la violencia no sea una opción. Fue cuando, ya corroborado el intento de magnicidio, comenzaron a circular los mensajes de solidaridad y repudio de dirigentes como Mauricio Macri y Horacio Rodríguez Larreta.

Por desgracia, poco tiempo bastó para desplomar la posibilidad que se abría ante tamaño hecho y corroborar que, lejos de repudiar el atentado, personalidades de la escenografía política negaron el repudio y hasta cuestionaron que podría tratarse de una simulación favorable al kichnerismo. En los grupos de WhatsApp del barrio, de la escuela o de fútbol habrá expresiones que confirman ese relato que otorga impunidad a la producción del odio y la violencia. Seguramente Sabag sea condenado, pero vale preguntarse, ¿qué hay de quienes lo empujaron desde bancas legislativas, empresas mediáticas y redes sociales?

Una inmensa marcha a plaza de Mayo prometió ser el comienzo de una saga de manifestaciones públicas que condenen, desde los cánones legitimados por la democracia, la generación de discursos de odio y empuje a los privilegiados a dirimir por el voto y no por las botas el destino del país. Una movilización no alcanza ni resuelve concretamente ningún dilema, pero es -sin ser poca cosa- una demostración de voluntades más o menos organizadas bajo consignas como el odio afuera” que deberán continuar en una ardua militancia, muchas veces desde los planos más cotidianos y aparentemente irrelevantes como la mesa de este domingo.

“El odio afuera” fue el mensaje consensuado en diversos sectores. Foto: Pepe Mateos

¿Y ahora qué?

Antes de ensayar una respuesta, es necesario adentrarnos en otra dimensión de nuestra democracia que tiene que ver con su capacidad de dar respuestas ya no solo en términos materiales para garantizar la alimentación, la vivienda, la sanidad o la educación, sino también para dirimir conflictos de forma pacífica. Fue la misma CFK quien en mayo de este año abordó algunos de los aspectos que se desprenden de la insatisfacción democrática. Lejos de justificar cualquier hecho de violencia, es necesario repasar que en los contextos más fuleros es donde el odio aparece como hijo de la frustración y encuentra rápida y falsamente representaciones para descargarlo. Por estas razones, como si no fueran válidas la búsqueda de dignidad de todas las personas, es imprescindible y urgente la redistribución de la riqueza para aminorar los efectos -ya incalculables- de la desigualdad como basamento del sistema en el que vivimos.

Naufragando en un mar de ingénitas aparecen pocas, pero profundas certezas: no es Sabag un “loquito” suelto sino un hijo sano de su contexto empuñando un arma que otros cargaron, durante años. La salida, entonces, también se vuelve, irremediablemente, colectiva y nos empuja a la audacia, tan citada como respuesta ante las agudas crisis.  Sobran ejemplos en el subsuelo de la patria, en los comedores, merenderos, las sociedades de fomento, desde las barriadas más humildes, los feminismos, los centros de estudiantes, las madres y las abuelas, también les nietes. Es desde esa sociedad civil, que a 40 años del fin de la dictadura pueden exponer credenciales de su compromiso con la democracia más que muchos que accedieron a su representación formal en bancas y despachos. Basta con echarle una mirada a las fábricas recuperadas, las cooperativas de trabajo, los y las cartoneras, entre tantos, para verificar que existe un núcleo de buen sentido donde la solidaridad y la empatía pueden dar vuelta la tortilla.

Fotos: Pepe Mateos

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