La interna de Cambiemos se teje entre algún café, whatsapp y reuniones en comités o locales. Luciani pidió por su discípula Sallaberry, tocó puertas en provincia y se perfila para un lugar en la lista de diputados bonaerenses. Quarenta pasa el otoño político cerca de la Unión Vecinal ¿preparando alianza? y Casset junta su tropa en el parque. Griffini, por fuera y por dentro, juega de outsider.

Oscar Luciani tiene todavía cosas que decir. Incluso en estos tiempos. El gobierno “de pato rengo”, que encabeza el intendente que espera el ofrecimiento para un lugar en la lista de diputados, se encuentra en la pendiente y ostenta el (no) orgullo de ser la gestión con peor imagen en  la provincia de Buenos Aires. Así y todo, hace algunos días que se puso el traje de operador para aportar a la transición de su propio gobierno.

Paréntesis. Este martes toca reunión de mesa Cambiemos, pero eso será para otra historia que tiene que ver con lo que sigue. Días atrás, en la última vez que se juntaron representantes del PRO, la UCR y la UV terminaron viendo el video de Griffini y a partir de allí ya nada fue igual. Es pertinente avisar que estas líneas corren el riesgo de perecer si el movimiento político sigue dinámico. Sin embargo, el panorama está con alguito más de claridad y por ende un poco más previsible, tal como lo aceptan entendidos y entendidas en la materia.

Estábamos en Luciani. Un poco por teléfono, otro  poco entre recorridas oficiales, el jefe comunal se metió en la interna; recibió ofertas para él -nunca gratis, políticamente hablando- y le pidió a Alex Campbell que contemple la posibilidad de entronar como precandidata oficial a Ana Rita Sallaberry, su secretaria de Gobierno y figura de la Unión Vecinal. ¿Y, no estaban peleados? Más de cien mentiras.

Como un explorador, el Subsecretario de Gobierno y Asuntos Municipales no paró de buscar candidate acorde a lo que se espera en Cambiemos. Desde jugar de wing y rosquear en el partido de glorias que disputaron Luján y Flandria, hasta hacerse presente en la noche que se puso en valor el Museo Enrique Udaondo. Campbell preguntó y escuchó nombres, características o trayectorias para ver si alguien más aparecía en el horizonte electoral. Alguien que mida “más”.

Porque Fernando Casset hace ruido, no cierra o no es pertinente dejarle tan fácil el camino a octubre cuando existen otres con aspiraciones y cuando “hay distritos donde una PASO fortalece a Cambiemos”, según analizaron primeras líneas de la Coalición Cívica ARI en las puertas de la sala Gnecco. Las muchachas del lilismo y Héctor Griffini son parte de este blues de lo que pasa en mi escalera. Y a retomar luego.

Los radicales están trabajando la paciencia. La experiencia les marca que, ante la duda y el mar revuelto, mejor esperar. Parece un horóscopo, pero en realidad la UCR tiene una orgánica, su lapicera y su candidato. Y son radicales. Escuchan ofertas -«dame tantos lugares, te doy tal cosa»-, rosquean fuerte y cuando se enchinchan se les nota, como cuando Krauth debió recibir a Griffini en el Udaondo o cuando hubo roces con el temita del COU.

En el armado, junto a Campbell, se movió y se mueve Ezequiel Bisso -coordinador de insistente campera azul-, en un dúo a lo Pinky y Cerebro con ganas de mantener ordenada la primera sección electoral para María Eugenia.

Luján, como el boulevar de los sueños rotos, tiene su dama de poncho rojo -que en realidad es un suéter- con el que Rita eligió ataviarse para su outfit de preca 2019 y ofrecerse como “una mujer joven, una nueva generación política”. En la cotidianidad local, el debate de “lo nuevo y lo viejo” se exagera con una marcada intención de desligarse de errores pasados pero, además (y más trágico) se hace con el riesgo de despolitizar la disputa por la gestión de un municipio.

Sallaberry se autoproclama nueva al mismo tiempo que pertenece al gobierno y al partido que ha sido gestión por casi 20 años si se toman los trayectos del 76 al 83, del 91 al 95 y del 2011 al 2019. Como en siete crisantemos, “se me ha olvidado ya el lugar de dónde vengo”. Todavía en esta última gestión había funcionarios desde los años 70.

Rita tiene una historia política -corta, pero historia al fin-, al igual que sus padrinos vecinales, en general gobernantes en contextos de dictadura o neoliberalismo. A costa de exponer obviedades, aquí cabe aquello de que, quienes no conocen su historia, están condenados a repetirla.

¿Cuestión? La semana pasada llegaron nuevos números de Aurelio, el encuestador que contrata Cambiemos en provincia. De los datos se sabe poco, se chamuya mucho. Y en ese combo los amarillos de Vidal desembarcaron con sus comentarios y mensajes que exhiben -en un escenario de PASO- un final abierto entre Rita Sallaberry y Fernando Casset.

La coincidencia, con fuentes diversas y con intereses hasta contrapuestos, es desconfiar de una escalada tan marcada por parte de la vecinalista. La lectura es que existe una intención de imponerla como candidata. “No nos podemos negar, la piba mide”, sería el mensaje. Mensaje que en realidad es “Oscar Luciani la pidió”.

Nicolás Quarenta entendió que hay mujeres fatal. Para él una de ellas fue Rita, la responsable material principal de la denuncia que lo terminó por complicar en la causa por la camioneta Berlingo. Si en la estrategia estuvo Luciani, quedará para una nueva temporada del House of Cards lujanense, pero lo cierto es que el hombre del equipo de Vidal está con un panorama cuesta arriba que solo podría tener salida en un modo que nadie descarta: un acuerdo Sallaberry-Quarenta, con bendición provincial. “Eso o irá desapareciendo”, apuestan. Igual, de solo pensar en una lista con denunciante y denunciado, rivales y opositores se imaginan una fiesta para tirar la casa por la ventana. Y mostrarían que quemaron todas la naves.

Queda alguien más. Ese que es de El Quinto, trabajó en La Plata y en Buenos Aires, se especializó en España y China, recibió un premio en Washington y en 2018 volvió a Luján con su ONG para acumular por acá y por allá. Macanudo, sí. Pero Griffini, de él hablamos, hace una semana se candidateó por Instagram y hoy ya no es solamente el director de ACEP. Eso quedó en stand by. El lungo pateó el tablero y, tras cartón, mostró apoyo superestructural. Cualitativamente falta mucho para el 22, pero no es menor exhibir respaldo. 

Hoy, como precandidato a intendente por Cambiemos, sus propios aliados le empezaron a dar besos con sal. Por dentro del frente, pero por fuera -o distante- del acuerdo UV-PRO-UCR, el rubio de cuna peronista quiere la intendencia por medio del oficialismo. Pero no la herencia y, algo es algo, es el único que no tiene que hacerse cargo del costo político del abandono de la ciudad. «Así cualquiera», se quejan.

Dato y cierre, en una mesa provincial en la que sienta la Coalición Cívica-ARI, el PRO y la UCR (con Maricel Etchecoin, Federico Salvai y Daniel Salvador, personalidad más, personalidad menos) la réplica local parece tener cuatro sillas: para Griffini, Quarenta, Sallaberry y Casset. Evidentemente alguien sobra, Luciani lo sabe y a la vista está que tiene pensado opinar y pedir. El intendente aprendió a vivir en la línea divisoria y desde allí es que antes que el silencio prefiere decir esta boca es mía. ¿Aguntará una mesa tanta presión? Dicen que las decisiones restantes ya no están dentro de la ciudad. Pero dicen tantas cosas que es cuestión de esperar.  

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