La agrupación Mala Junta lleva adelante el proyecto de promotoras comunitarias para la prevención de la violencia de género. Mediante talleres, capacitaciones y acompañamientos, buscan que el feminismo atraviese y transforme las realidades barriales para generar nuevos lazos comunitarios entre mujeres.

Tras un año de trabajo intenso y enfocado en talleres sobre violencia, educación sexual integral, mitos del amor romántico, el movimiento Ni Una Menos y el proyecto de Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, entre otros; las promotoras comunitarias de Mala Junta se preparan para un 2019 con mayor alcance territorial y nuevos desafíos para la formación y el acompañamiento de mujeres atravesadas por la violencia de género.

En esta nota, el grupo de trabajo de promotoras comunitarias repasa sus tareas, las dificultades ante un Estado municipal sin compromiso con las políticas de género, la violencia en los barrios y los objetivos que se renuevan al ritmo del movimiento y la agenda feminista.

-¿Qué son las promotoras comunitarias?

-En principio, no nos gustaba mucho el nombre. Decimos que somos trabajadoras comunitarias para la prevención de la violencia de género. Esto tiene que ver con reconocer que estamos en un momento donde se habla mucho de la prevención y herramientas para cambiar las realidades, pero después en lo concreto es difícil ver la prevención materializada en hechos concretos.

Foto: Victoria Nordenstahl

-Pero igualmente como promotoras, insisten en la prevención…

-Totalmente, es que la prevención es algo integral. Tiene que ver con una forma de entender la comunidad y la cultura, e intentar reconstruir de alguna manera un montón de lazos, espacios y tiempos, para las mujeres sobre todo. El encuentro de las mujeres en las luchas, en las resistencias, en las calles luchando, genera que sintamos la necesidad de hablar de lo que nos pasa, y que tiene que ver con un montón de enfrentamientos y padecimientos que muchas veces nos tocó pasar en soledad y con realidades difíciles que nos hacen sufrir. En este contexto, necesitamos crear espacios que nos sirvan para hablar de esas cosas y hacer reflexiones que sirvan como herramientas para cambiar esas realidades.

-¿Es decir que promotoras vendría a ser una herramienta de transformación social?

-Si, porque para poder hacerlo hay que cambiar la mirada de la vida, esa mirada patriarcal que nos enseña desde que somos pequeñas con un formateo opresor. Nos construyen desde la vulnerabilidad y eso se da mucho en los barrios. Por eso creemos que en estos territorios hay un laburo prioritario para hacer porque aquí muchas veces es más difícil encontrar ciertas herramientas. Se vuelve importante reconstruir estrategias conjuntas y profundizar en herramientas específicas para prevenir y erradicar la violencia de género donde es más urgente.

-Para eso es fundamental la articulación y la jerarquización de las políticas de género…

-Es que somos una organización que se construye desde los barrios y vemos que es importante que lo que hacemos se constituya como laburo. La mayoría de nosotras venimos de experiencias militantes de otros sectores y cuando queríamos militar feminismo no era una tarea primordial. Las iniciativas feministas en los espacios sociales y políticos suelen quedar relegadas, con pocos recursos, suelen llevarla adelante sólo mujeres. Entonces si queremos hacer esto como proyecto, tenemos que darle una estructura, una materialidad, tiene que ser considerado trabajo, porque es el laburo que todos los políticos se llenan la boca sobre lo que hay que hacer pero después no hacen. No tiene que ser sólo una cuestión voluntarista del feminismo.

Foto: Victoria Nordenstahl

-¿Qué les pasa a ustedes como mujeres promotoras que también forman parte del territorio y están atravesadas por distintas violencias?

– Aparece la necesidad de expresarse, comunicar lo que nos pasa a veces cuesta pero encontrar estos espacios es fundamental. Al ser de barrio todo se siente mucho más, tenemos muchas problemáticas a resolver. La realidad misma nos va presentando desafíos y eso a veces nos deja pensando, problematizando, ver qué podemos hacer. No es que tenemos todas las respuestas, es un trabajo de ida y vuelta, porque nosotras también somos parte de los territorios en los que laburamos estos temas.

-Y en donde además se ven muy en primera persona todas esas problemáticas…

-Si, y lo que pasa es que este trabajo te atraviesa mucho, te hace cuestionarte y replantearte tus propias realidades. Porque en los barrios aprendemos a seguir para adelante sin parar a pensar lo que nos pasa. Vemos situaciones muy fuertes, donde hay chicas que están vivas de casualidad. Todas somos feministas pero a veces no lo sabés. Cuando lo descubrís es importante estar presente para darle herramientas a esas compañeras y vecinas que lo necesitan, para construir un feminismo popular verdadero. Cuando una entiende que la lucha es colectiva, entiende todo. Es re fuerte porque hace muchos años que militamos pero es la primera vez que el feminismo llega a los barrios, y eso genera un montón de cosas. Es transformador.

-La prevención es el eje de proyecto. ¿Cómo se abordó durante el año?

-La prevención para nosotras durante el 2018 fue constituir un equipo con compañeras que estamos atravesadas por la realidad de la violencia, y generar espacios de encuentro. Poder traer toda la información que va generando el movimiento feminista, bajarlo a las realidades barriales y trabajarlo conjuntamente. Los encuentros del año tuvieron mucho que ver con la generación de espacios donde se hable de esas cosas.

Foto: Victoria Nordenstahl

-¿Qué herramientas faltan para trabajar sobre los objetivos?

-Falta un abordaje integral de la violencia. No hay solución sin respuesta integral. Si no hay parche, y los parches están bárbaros y los necesitamos también, pero nosotras sabemos que el horizonte siempre es una respuesta integral. Entonces tenemos que pensar por ejemplo en algunas estrategias para que las compañeras accedan a un laburo, un salario, recursos, todo lo que tiene que ver con articular para la autonomía de las mujeres.

-Como primera aproximación ¿cuál es el balance que se hace de lo hecho hasta ahora?

-Es súper positivo, se ve que las mujeres necesitamos hablar, encontrarnos, formarnos. Y cuando se empiezan a construir sentidos comunes colectivos, se sanan vínculos entre mujeres, se da un proceso de autoconocimiento de las violencias que sufrimos y también las formas de abordarlas.

-¿Se podría decir que el contexto de fervor del feminismo también colabora a ese proceso?

-El feminismo siempre corre con desventaja pero la posibilidad de pensar en cambiar algunas cosas tiene que ver justamente con ese movimiento masivo que construimos. No es que a partir de 2015 la violencia hacia las mujeres está presente, sino que está desde siempre. Pero hoy podemos hablar de eso porque construimos agenda y lo hacemos desde un movimiento masivo.

Foto: Victoria Nordenstahl

-Que también va encontrando resistencias…

-Creemos que también muchas veces no nos toman en serio y que a veces nosotras tampoco nos tomamos tan en serio. Nos falta esto de creérnosla y dar pasos adelante, concretos. Para eso, en Luján la existencia de la Asamblea Feminista es fundamental, existe la representación de la mujer más allá de una misma y se da eso de que juntas somos poderosas.

-¿Y este año, cómo continúa el trabajo de promotoras?

-Por un lado seguir con los talleres en los barrios y abrir dos consejerías. Una de derechos sexuales reproductivos y no reproductivos y la otra, de violencias. Todo esto con algún tipo de articulación, porque el Estado hoy no está presente pero sabemos que lo necesitamos, que solas no podemos porque tenemos limitaciones. Sin embargo, con las herramientas disponibles lo hacemos y sabemos que cuando estamos juntas, funciona.

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