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viernes, 27 noviembre 2020

Ensayo: extrañamiento y distancia

La pandemia tiene múltiples aristas. El abogado Leandro Perna aporta su mirada desde la perspectiva del derecho y el arte.

“El mal reside en la mirada de aquellos que ven el mal en todos lados”. Georg Wilhelm Friedrich Hegel

1. Extrañamiento

El coronavirus alteró nuestras vidas. El coronavirus ni siquiera es una bacteria. El coronavirus es “monárquico”, “tiene corona”, viaja en avión y no salió de las zanjas ni de los charcos y cacharros de las villas miseria.

Sumido en un maremoto de incertidumbre y entrada la primera cuarentena, en el derrotero de noticias, escuché una entrevista a Santiago Cafiero en el programa Caja Negra de Filo News, en la que el Jefe de Gabinete de la Nación dio a entender que desde mediados de enero, el gobierno nacional estaba al tanto de que se desataría una pandemia global. Desde ese momento, armó y planificó la mesa interministerial con el propósito de preparar el escenario para enfrentar la problemática.

Sin bien Cafiero no lo dijo, sospecho que en esa “mesa ministerial” tal vez se haya manejado la estrategia de armar un “cordón sanitario” en Ezeiza de corte totalitario; pero los hechos demuestran lo contrario. No solo no se dispuso esa drástica medida, sino que se incluyó a todos y a todas en un plan para paliar la pandemia sin distinción de pertenencias sociales. Por ello, considero que el tiempo del confinamiento que algunos ven con desagrado es un aporte que hace la población en su conjunto hacia los sectores más desfavorecidos que no pueden extremar los cuidados de asepsia o que el espacio y conglomerado habitacional los oprime. Este aporte se enrola y converge con una máxima universal del derecho; “cada uno de nosotros está protegido en la medida en que los demás lo están”.

En este marco y en el momento en el que escribo estas líneas, Argentina se coloca en una situación de superioridad al evitar por efecto de las medidas preventivas cuestiones subyacentes en torno a una priorización en la salud de los pacientes con coronavirus. Es en este punto donde se puede hacer un análisis comparativo con lo acontecido en otras latitudes. A modo de ejemplo, es interesante el informe del Comité de Bioética de España , que claramente rechaza utilizar el criterio de la edad para denegar o limitar el acceso a medidas de soporte vital, como así también el informe del Observatorio de Bioética de la Universidad de Barcelona, que afirma que “en cuanto a la edad, se debe considerar el soporte respiratorio máximo en formas distintas a la ventilación mecánica con intubación y oxigenoterapia de alto flujo a los pacientes mayores de 80 años con comorbilidades”.

Para lograr el estado de situación actual fue necesario el dictado de una marea de normas que, dada su multiplicidad, han dificultado el conocimiento en cuanto a su alcance –quiénes deben cumplirlas– y a su determinación de lugar y tiempo, lo cual, en términos del jurista Francesco Carnelutti, significa una “hipertrófica” normativa que produce cierta sensación de extrañamiento del sistema jurídico que se combina con la realidad circundante: casas convertidas en escuelas, personas caminando con máscaras y barbijos como entrando o saliendo de un quirófano, imágenes de otros países de fosas comunes, interpretaciones distópicas de ciertos intelectuales, entre otras.

Los formalistas rusos, especialmente Víktor Shklovski, usaron la palabra “ostranénie” (остранение), que significa “extrañamiento”. La emplearon para referirse a aquellos modos de proceder en el lenguaje literario que tienen como fin dar una nueva perspectiva a la habitual visión de la realidad porque la presenta en contextos diferentes a los de ordinario. O bien, porque la expone de un modo en el cual se nota que esa representación es una ficción —por ejemplo mediante la exageración, el grotesco, la parodia, el absurdo, etcétera—.

En general, lo anterior puede ser experimentado a nivel lingüístico (por ejemplo, al recurrir a palabras o formas estilísticas inusuales, anormales): en el de los géneros literarios ya definidos pero insertos en esquemas insólitos y en el de la percepción de la realidad creando situaciones o relaciones imprevistas.

Otro concepto afín al extrañamiento es Verfremdungseffekt (efecto de distanciamiento) preconizado por Bertolt Brecht para el ámbito del teatro. Aunque este concepto apunta a que el público no se identifique con la representación, sino que en todo momento sepa que lo que ve se trata de una ficción.

Si bien este es un efecto propio del campo del arte, el fenómeno de la pandemia nos presenta varios niveles de análisis sobre una misma realidad con un único hilo conductor: la desigualdad.

La pandemia global no descubre la desigualdad –que existe de antaño y es funcional al sistema–, sino que la presenta de un modo diferente, la visibiliza con mayor exaltación y paroxismos de dolor.

La socióloga Maristella Svampa y el abogado Enrique Viale (ambos investigadores) en un reciente artículo publicado por la Revista Anfibia intitulado “Justicia ecosocial y economia, nuestro Green New Deal”, afirman que:

La concentración de la riqueza a la que asistimos en esta fase del capitalismo globalizado y neoliberal es solo comparable con aquella propia del capitalismo desregulado de fines del siglo XIX y principios del XX. Mientras tanto, aunque la pobreza haya disminuido, según los períodos y las sociedades, las desigualdades aumentaron, tanto en el Norte como en el Sur global. Según datos de la organización Oxfam, el 1 % más rico de la población mundial posee más del doble de riquezas que 6900 millones de personas: casi la mitad de la humanidad vive con menos de 5,50 dólares al día. En materia ecológica, los datos también escandalizan: solo 100 grandes empresas transnacionales son responsables del 70% de los gases de efecto invernadero a nivel global.

Así pandemia y desigualdad convergen con la estrategia estilística de los formalistas rusos con su “ostranenie” donde se intentaba llegar a la reflexión mostrando las contradicciones de la sociedad, evidenciando que el mundo no es homogéneo ni armónico, sino contradictorio y cambiante.

Mientras que para la filósofa alemana Hanna Arendt “comprender es el modo específicamente humano de estar vivo, pues toda persona individual necesita reconciliarse con el mundo al que nació como un extraño, y en el cual, en razón de la unicidad de su persona, sigue siendo por siempre un extraño”, aquí el extrañamiento es condición necesaria para la comprensión entre el sujeto y su entorno irracional, es una necesidad vital para superar las distancias entre uno y otro.

Pero no confundamos “extrañamiento” con “ocultamiento”, pues este último consiste en proferir un lenguaje amenazante como estrategia política –justo en un contexto de revalorización de las capacidades del Estado–. Ese ocultamiento, frecuentemente es resultado de un juego discursivo de la resemantizacion de un término que es sacado de un contexto de uso habitual e inscrito en otro, con el propósito de transferir sus connotaciones positivas o negativas a un objeto o persona diversa.

Así, asistimos a la “militarización” del lenguaje o a la metáfora bélica del tipo “estamos en guerra”, o a las composiciones semánticas como “infectadura”. O bien, al oxímoron “estado de excepción permanente”. Todos estos significantes forman filas en el peligroso dilema del amigo-enemigo como eje central del juego político que plantean a priori, sin extrañamiento reflexivo y sin comprensión del fenómeno que atravesamos, dado que se desmerecen los aportes individuales en función del cuidado propio que, al mismo tiempo, también implica el cuidado del otro.

Sobre este último aspecto, y ceñido al terreno que nos compete, el jurista italiano Luigi Ferrajoli expresa que “la razón jurídica del Estado de derecho, en efecto, no conoce enemigos y amigos, sino solo culpables e inocentes. No admite excepción a las reglas más que como hecho extra o antijurídico, dado que las reglas –si se las toma en serio como reglas y no como simples técnicas– no pueden ser doblegadas cada vez que conviene. Y, en la jurisdicción, el fin nunca justifica los medios; es decir, las reglas y las formas son las garantías de verdad y de libertad y, como tales, tienen valor para los momentos difíciles más que para los fáciles. En contraste, el fin no es ya el éxito a toda costa sobre el enemigo, sino la verdad procesal obtenida solo por su medio y prejuzgada por su abandono”.

A propósito, el profesor Ferrajoli concluye diciendo que democracia y Estado de derecho se defienden con el respecto a sus reglas y los principios garantistas son un instrumento de paz.

Ese ímpetu y necesidad de ciertos sectores en la construcción de un enemigo se puede apreciar en la obra del noruego Henrik Ibsen Un enemigo del pueblo donde el razonable, austero y honesto doctor Stockman es caracterizado como suscita el título de la obra cuando comete el despropósito de alertar acerca de la contaminación de las aguas del balneario, con el consiguiente perjuicio de las fuerzas vivas del pueblo, que prefieren envenenar a los turistas antes que sacrificar sus habituales ingresos.

Un enemigo del pueblo fue publicado a fines de 1883 y describe las tensiones entre ciudadanía y prensa, convocados por una cuestión de salud pública: la contaminación de un balneario que, ante su clausura, supone la merma de los ingresos de los comerciantes que allí trabajan.

2. Un artículo anticipatorio del campo del Derecho

Foto: Victoria Nordenstahl

En un interesante, precursor y anticipatorio trabajo intitulado “El Derecho ante una pandemia. Caso del Ébola”, Ignacio Maglio y Sandra M. Wierzba hacen un raconto sobre la epidemia de fiebre amarilla que azotó a Buenos Aires durante 1871 y que convirtió “faustas casas patricias en pobres y atrincherados conventillos”, como en la aparición del SIDA donde el Hospital Muñiz se convierte nuevamente en la “casa de aislamiento” de una nueva “peste” que deposita a sus víctimas, sus de “grupos de riesgo” demonizados y estigmatizados.

En dicho artículo, los autores utilizan términos como “el mal siempre viene de ‘afuera’, “y precisa ser cercado, confinado”, “las epidemias son una trágica, pero muy útil oportunidad para reconocer los valores y creencias vigentes en una comunidad; donde en todos los casos siempre han convivido el egoísmo y la solidaridad; la cobardía y el heroísmo; la humildad y la codicia; el abandono y el compromiso”. Así, tales construcciones significantes expresan que la enfermedad provocada por el virus del Ébola (EVE) se perfiló como una nueva epidemia con rasgos similares a las anteriores: temor generalizado, detección coactiva, confinación, aislamiento y seguimiento compulsivo de contactos, consigan que el virus del Ébola data de 1977. Pero debe mencionarse también que la enfermedad de los Legionarios (1977); la Escherichia coli 0157:H7 —asociada al síndrome urémico hemolítico— (1982); el citado VIH/SIDA (1983); la hepatitis C (1989); la enfermedad de Creutzfeld-Jakob (1996), el H5N1 influenza A, o gripe aviar (1997) y algunas enfermedades infecciosas como la tuberculosis –que emergieron nuevamente en poblaciones vulnerables- están entre las “pestes” propias de nuestros tiempos.

Así, Maglio y Wierzba pronosticaron en 2015 que resultaba probable que, en un futuro no lejano, las extensas y veloces migraciones humanas tan características de nuestra cotidianeidad nos acercarían a escenarios de epidemias o pandemias con desarrollos y desenlaces conflictivos.

Los autores apuntaron a que los aspectos epidemiológicos dan cuenta de que la propagación que se registra obedece a la circulación transfronteriza elevada entre los países afectados. Y las personas que contrajeran el virus fuera de África (en general, profesionales tratantes de los afectados), habrían adquirido la infección por no haber tomado las diligencias y las medidas de bioseguridad indicadas para el caso y que la Sociedad Argentina de Infectología (SADI) ha dado cuenta que hacia finales de octubre de 2014 se registró un total de 10.141 casos y 4922 muertes por Ébola, siendo entonces que la tasa de mortalidad habría rondado el 50%.

Por aquel entonces también se tomaron medidas con profunda incidencia en los derechos de las personas potencialmente afectadas o efectivamente enfermas, como así también de sus familias, contactos y del personal sanitario comprometido en su asistencia. En efecto, acciones sanitarias como la vigilancia, la detección de casos, el aislamiento, la cuarentena coactiva, el seguimiento de contactos y la ejecución de mascotas reproducen los temores, el ostracismo y el estigma de las epidemias, en especial, desde el universo simbólico que plantean las enfermedades infectocontagiosas, muchas veces identificadas como “pestilenciales”.

Es por ello que, en este escenario de incertidumbre, el miedo suele ganarle a la solidaridad, y tiende a provocar actitudes xenofóbicas y demagógicas como atentatorias de un Estado de derecho tanto en el campo semántico –“infectadura”– como en las acciones y los hechos, al difundirse en forma pública, por ejemplo, la identidad de una persona contagiada de COVID-19.

Lo antes mencionado puede significar un grave problema de estigmatización hacia el paciente. Pero eso no significa que no exista un interés público para que las autoridades conozcan su identidad y desplieguen medidas razonables y adecuadas para procurar evitar que el afectado entre en contacto con otros, o para conocer con QUÉ personas interaccionó que pudieran, a su vez, haber sido contagiadas. A propósito, el consentimiento informado es fundamental, pero teniendo presente que el art. 9 de la ley 26529 de Derechos del Paciente dispone: “Art. 9°.- Excepciones al consentimiento informado. El profesional de la salud quedara eximido de requerir el consentimiento informado en los siguientes casos: a) Cuando mediare grave peligro para la salud pública”.

Por supuesto, ese interés público debe reconocer que la identidad para evitar daños a la salud pública no autoriza a difundir la identidad del paciente ni a utilizar sus datos personales en forma contraria a las disposiciones de la legislación que protege los protege. Para ello, existen recaudos que son fundamentales como, por ejemplo, mantener el anonimato, mantener la prohibición de transferencia a terceros y, desde ya, todo uso no estrictamente médico.

Estas actitudes desaprensivas intensificadas por sentimientos fóbicos al contacto con el otro, paranoia mediante, llegan a generar tendencias a la persecución y al linchamiento mediático que impactan en fenómenos como la “vecinocracia”, los vecinos en alerta, términos descriptos por el investigador Esteban Rodríguez Alzueta (Vecinocracia. Olfato Policial y Linchamientos. Editorial EME) donde subyace la indignidad vecinal, donde se busca una justicia mediática, donde el miedo puede desatar el pánico moral y llegar a la brutalidad de un linchamiento. De esta forma, se profundiza aún más el problema que se intenta paliar y se multiplican los conflictos, situación que se exacerba en comunidades vulnerables, donde la vida en comunidad no solo se deteriora, sino que se vuelve imposible.

3. El distanciamiento social

Una de las pocas herramientas con que cuenta la población mundial para hacer frente a esta pandemia es la del distanciamiento social y, quizás, la distancia entre personas y el uso del tapa bocas actúen como las cerbatanas y la lanza de los Huaorani, pueblo amerindio que habita al noroccidente de la Amazonia, al oriente de Ecuador, descripto por la antropóloga francesa Laura Rial en “Cerbatanas y Lanzas. Las elecciones tecnológicas de los Huaorani”.

Allí, los elementos que la autora describe, además de contribuir a la supervivencia a través de la práctica de la caza de animales, regulan y restringen las relaciones incestuosas como el distanciamiento entre presas para mantener el equilibrio del ecosistema. Así, la cerbatana y la lanza contribuyen, cada una de manera singular y complementaria, a la construcción de la comunidad simbiótica y moral que son los Huaorani.

Sobre las distancias y los distanciamientos, Guillaume Métairie propone tres tipos de distanciamientos entre la población y los tribunales de justicia: uno territorial (signado por la “distancia efectiva” o física), otro material (regido por las dificultades económicas a la accesibilidad) y otro simbólico (basado en la sacralización de la justicia AL que se le agrega las diferencias culturales en el dominio de saberes.

La clásica división entre letrados y legos no supone una distancia idéntica cada vez: ¿cuán lego y cuán letrado es cada término de la relación en cada ocasión? Esa medida es elástica: hay diferentes grados de formación (en los letrados) y de información (en los legos) pero, sobre todo, en cada relación esa distancia se construye al calor de la relación judicial, pudiendo convertirse en más potente un lego informado de prácticas o historias de familias locales que un letrado pertrechado pero ignorante de las relaciones de los lugareños. El “aislamiento” de este tipo de distancia, como en casi todos los casos, solo es posible en términos gramaticales, ya que analíticamente su utilidad es nula si no se la considera en relación con alguno o algunos de los otros tipos de distancia (la física, la social).

Es allí, en esas otras “distancias” negativas, donde “resulta prioritario romper con una estructura comunicativa solipsista y endogámica, donde jueces y abogados se comunican en forma bilateral desentendiéndose de los destinatarios profanos. En alguna medida, los discursos fluyen en una burbuja aislada que involucra y conecta discursivamente a las distintas instancias judiciales y a los abogados. Se piensan como los únicos protagonistas del proceso que ostentan el estatus de receptor. Además, todos los emisores expertos tienden a visualizar en el lenguaje complejo y rebuscado un rasgo de identidad y sentimiento corporativo que los integra, distingue y brinda prestigio.

4. Conclusión: “La familia de ojos”

Así intituló Marshall Berman el capítulo de la sección 3 de su ensayo Todo lo sólido se desvanece en el aire dedicado a Charles Baudelarie y en referencia a su Poema 26 de “El spleen de París”, publicado en forma póstuma en 1869. Allí, una pareja de enamorados se encuentra en la terraza de un bello café de una París floreciente y deslumbrante, en el que se perpetran “todas las instigaciones a la glotonería…”. Y mientras los enamorados están sentados mirándose felices a los ojos se ven imprevistamente enfrentados con los ojos de otras personas:

(…) un pobre hombre de unos cuarenta años, de faz cansada y barba canosa; llevaba de la mano a un niño, y con el otro brazo sostenía a una criatura débil para andar todavía. Hacía de niñera, y sacaba a sus hijos a tomar el aire del anochecer. Todos harapientos. Las tres caras tenían extraordinaria seriedad, y los seis ojos contemplaban fijamente el café nuevo, con una admiración igual, que los años matizaban de modo diverso. (Baudelaire 1869).

No hay hostilidad en la mirada, hay resignación, y uno de los enamorados se siente avergonzado de los “vasos y las jarras, demasiado grandes para nuestra sed”. Ahí podemos ver la forma en la que Berman interpreta que Baudelaire se siente conmovido por esa familia de ojos y que, además, siente una especie de parentesco con ellos. Pero cuando en un momento dado voltea sus ojos para ver los de su amada, ella le dice: “¡Esas gentes, con su ojos como platillos, son insoportables! ¿Puedes decirle al mozo que los eche?”. Por dicha razón, el poeta concluye diciendo lo difícil que es que las personas se entiendan, incluso entre enamorados.

Este artista, inmerso en la insipiente modernidad y consciente de su tiempo histórico, a través de su producción simbólica, hace aparecer a los otros hombres y al reconocerlos los incluye entre el espacio de los cuerpos, la distancia y el hecho social de la mirada.

Una mirada diferente de esta nueva realidad, “extrañada” y comprensiva, que aborde las causas de las desigualdades en una sociedad reglada por el derecho para neutralizar y resolver los conflictos, permitirá una práctica política ciudadana en donde las distancias permitan que “cada uno de nosotros este protegido en la medida en que los demás lo estén”. Desde mi punto de vista, esta es la mejor manera de hacer frente y resistir a cualquier pandemia.

* Leandro Perna es abogado y vecino de la ciudad de Luján.

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