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Luján
viernes, 7 mayo 2021

En primera persona: el día a día de quienes trabajan expuestas al coronavirus

Profesionales de la salud cuentan lo que viven a diario en sus lugares de trabajo. Desigualdad, falta de recursos y sueldos escasos dan cuenta de un sector castigado, que sigue entregando todo aunque ya no suenen los aplausos.

La pandemia del coronavirus cambió el mundo y, mientras a muchos obligó a bajar un cambio y resguardarse, a otros los forzó a someterse a tareas de mucho riesgo y de jornadas extenuantes. El cuidado de los cuerpos, una tarea que deja cicatrices aún así cuando se realiza detrás de una escafandra médica.

Trabajadoras y trabajadores de salud se exponen al virus, pese a no contar con los recursos necesarios y percibir salarios que apenas alcanzan. Testimonios que relatan con crudeza el día a día en sus puestos de trabajo y que invitan a reflexionar sobre los cuidados, en medio de la segunda ola.

Agustina: Técnica en Hemoterapia e Inmunohematología

Me tomo el colectivo a las 7:00 desde Luján hasta mi trabajo, que queda en La Reja Grande. Trabajo en el Centro Rossi. Mi jornada comienza a las 8:00, saco sangre toda la mañana, se centrifugan esas muestras, se prepara la valija y a las 14:00 las vienen a buscar para enviarlas a la Sede Central de Capital. Mi salario varía entre 45 y 50 mil pesos, depende el mes. Tengo 8 años de antigüedad, pero no llega a ser un buen salario. Hay días que me tengo que quedar hasta las 16:00 y sabés que esas horas no las vas a cobrar. Yo estoy como técnica de laboratorio. Estoy en contacto permanente con los pacientes. En el laboratorio en donde estoy se hacen estudios de anticuerpos de Covid, que son para saber si tuviste el virus. Hay uno que es de anticuerpos recientes, que mucha gente los usa como diagnóstico. Los IgM -tipo de anticuerpo- son los que se forman a los 2 o 3 días de que estuviste en contacto con el virus. Que lo tuviste o que estuviste en contacto con alguien que lo tuvo. La gente va a hacerse ese para no pagar el hisopado, que sale el doble. Nos exponemos al contacto sin el equipo adecuado, solo con un ambo, un barbijo y guantes. Yo me contagié y todo el tiempo estás con el miedo de volver a tenerlo. Los pacientes vienen muy alterados, no quieren esperar, eso también cansa mucho. A veces hay que decirles que por favor se pongan el barbijo. La gente está muy relajada. Decirles que se cuiden ya es trillado, porque hay gente que sigue sosteniendo que es una gripe y no le tienen miedo. Hay gente joven muriéndose. Esta segunda ola es peor que la primera. Tengo miedo, porque el sistema está realmente colapsado. No es un chamuyo ni gente que te quiera meter miedo, está colapsado.

María Barrientos: Enfermera del Hospital Nuestra Señora de Luján

Salgo de mi casa 5:30 para tomar la guardia de las 6:00. Ahí se hace el pase de novedades, paciente por paciente, organización para las primeras tareas que requiere la asistencial. Tenemos consultorio, demanda espontánea. Estoy esperando la segunda dosis de la vacuna para volver a mis funciones, que es el asistencial. Tengo un nombramiento de 36 horas semanales, pero trabajo 48. Yo soy de la carrera profesional, podría trabajar mis 36 horas, pero estamos en una pandemia. La remuneración con la prestación del trabajo no tiene relación. No sos enfermera para llenarte de plata porque de un sueldo de bolsillo te quedan 50 mil pesos. Y las que no están en carrera profesional cobran 35 mil pesos. Estuve un tiempo sin ir a trabajar porque fui afectada por la pandemia. Me contagié en funciones. Me quedaron secuelas y tengo que ir a la neumonóloga. Cuando estaba para el alta se enfermó mi esposo, tuvo una dolorosa internación y falleció. Fue una tragedia para nuestra familia. El dolor de la familia y el estado de abandono que siente una persona aislada, sabiendo que se enfrenta a la muerte, es terrible. Yo vi ese miedo en los ojos de mi esposo. Me dejaron entrar el día anterior a que muriera. El sufrimiento que está dejando esta pandemia en las familias es tremendo. Nos exponemos todos los días al contagio, exponemos a nuestra familia. Creo que el reconocimiento social está quedando muy postergado, porque nosotros somos los que sostenemos el sistema. Las 24 horas y a la hora que vayas vas a encontrar a un enfermero en su puesto de trabajo. No basta con que nos aplaudan y nos digan que somos héroes, porque no lo somos: somos personas, estamos demasiado exigidos, nos piden que demos un cien por ciento de más, que no tenemos. Sufrimos, nos enfermamos y morimos, como todas las personas. Estamos muy cansados, trabajando bajo presión. Los elementos de protección te generan incomodidad, mucho calor, a veces no se respira del todo bien porque son 6, 8, 12 horas con los elementos puestos. Estoy muy preocupada, porque veo que vamos a tener que enfrentar lo más duro de esta pandemia y vamos a tener que armarnos de fuerza para poder sostenernos. Estoy viendo que los preparativos son para una contingencia mayor. Necesitamos ser consientes y generosos con el otro.

Marisol Pinilla: Instrumentadora quirúrgica del Hospital Nuestra Señora de Luján y docente de la Cruz Roja

Trabajo de 6:00 a 14:00. Tuve Covid el año pasado. Acá en el hospital está complicadísimo, no hay camas. De acá de la ventana del quirófano se ve los containers donde viene a hisoparse la gente y es terrible. Después de pascuas es terrible la cantidad de hisopados que se hacen por día. Trabajo 48 horas semanales por un salario de 34 mil pesos. Además trabajo en la Cruz Roja y soy docente. Yo manejo el quirófano del Hospital. Me dedico a recibir al paciente, atender al anestesiólogo, instrumentarle la cirugía al cirujano. Los pacientes entran al quirófano y cuando vas a hacerle una anestesia general, la cual lo tenés que entubar al paciente, ahí te tenés que bajar el barbijo. Hay gases desparramados dentro del quirófano así que ahí tenés un riesgo importante si llega a ser positivo. Por eso nos da bronca, porque en hospitales de Capital dicen que antes de entrar al paciente le hacen el hisopado. Acá no se hace nada, no sabes si el paciente es positivo o no. Nos pasó que un paciente entró en paro, empezamos todos a correr, a estar en contacto y nos enteramos a los dos días que era positivo. El cansancio es terrible y tenés que trabajar en esas condiciones: con un equipo que te molesta, renegando cada vez que tenés que hacer una cirugía porque te faltan insumos, la gente que también se enoja. Estamos desbordados. Hace más de una semana que se me parte la cabeza. No veo la hora que se termine esta pesadilla. A la gente les digo que se cuiden, que no lo minimicen. Si cada uno se cuida, nos cuida al personal de salud, para que no estemos tan desbordados.

Yolanda Culzoni: Enfermera en control de infecciones y docente en enfermería

Mis jornadas tienen más de 12 horas. A principios de mayo del año pasado estaba trabajando más de 70 horas semanales solo en el hospital, porque fue mucho trabajo de diseño, de protocolizar, capacitar a los compañeros. En este momento estoy trabajando en la vacunación. Como sabrán los enfermeros no ganamos mucho, no digo que no necesito el dinero para vivir pero honestamente, el espíritu que me atraviesa en este contexto de pandemia es más la responsabilidad profesional en la situación histórica que se vive. También doy clase en la universidad, en las tecnicaturas de la provincia, coordino un post título. La realidad es que la carga horaria se nos ha visto aumentada. Ahora estoy todos los días en el vacunatorio. Lo abrimos 7:30 y hacemos el pase guardia a la custodia alrededor de las 20:00. Las jornadas están siendo extensas, porque la campaña de vacunación así lo amerita. El equipo que uso es la protección bucal y ocular, camisolín para vacunar y, si vamos a estar en atención al público, nos tenemos que poner las máscaras. La gente no respeta el distanciamiento social. Nosotros estamos haciendo atención al público permanentemente y hay gente que está muy enojada. «Mi vacuna», «mi segunda dosis». Me parece que no se trata de quienes contra quienes, sino todos por lo mismo.  Hay días que te vas agotado y que no querés saber más nada. La meditación me ayudó mucho. Es lo que me permite continuar. Yo este año no tomé vacación, estoy desde el ASPO del 2020 trabajando sin parar. Esta segunda ola no nos toma por sorpresa, pero si mucho más cansados que el año pasado. Necesitamos que la gente sepa todo lo que hay detrás. La pandemia no se terminó, el virus es una realidad. Hay que volver a salir solo si es necesario. Si cada uno renueva estos botos de autocuidado, creo que le podemos ganar a esta segunda ola.

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