Foto: Victoria Nordenstahl

El episcopado convocó a miles de personas a la Basílica de Luján para pronunciarse en contra del derecho de las mujeres a decidir la interrupción del embarazo.

Este domingo, Luján volvió a ser sede para un encuentro importante para la comunidad religiosa que se pronunció en contra del derecho de las mujeres a decidir la interrupción de un embarazo. Miles de personas, convocadas por la iglesia católica participaron de la misa que llevó como consigna «Sí a las mujeres, sí a la vida».

El llamado fue interpretado por el movimiento feminista como una provocación de la cúpula eclesiástica y desde temprano contestaron con insignias colgadas desde los puentes de acceso a Luján a modo de bienvenida.

La multitud que respondió al llamado de presidente del Episcopado, monseñor Oscar Ojea llegó a Basílica con carteles, pañuelos celestes, banderas argentinas, muñecos, réplicas de fetos y hasta fuegos artificiales.


«Es injusto llamarnos antiderechos, valoramos y defendemos toda la vida y cada vida, de cada mujer y de cada niño o niña por nacer» arrancó Ojea en posición defensiva. Aclaró en nombre de la Iglesia que «estamos a favor de la Educación Sexual Integral» y marcó un límite: «no es lícito eliminar ninguna vida humana»

Por tratarse del Día de la Mujer Trabajadora, desde la iglesia reconocieron que existe la discriminación y la violencia, mostraron apertura en temas como la Educación Sexual Integral e intentaron posicionar el debate por el aborto como un tema secundario en la agenda nacional. «Vivimos un tiempo donde es necesario discernir prioridades y no elegir temas que enfrenten a los ciudadanos de a pie de modo tal que esto afrente a los ciudadanos de a pie»

Aunque se anunció una convocatoria que podría desbordar la zona histórico basilical, el evento de este domingo promedió la convocatoria habitual. Con gente que ocupó la Plaza Belgrano hasta la rotonda 25 de Mayo que ya lucía vacía.

Ojea buscó y se dirigió más allá del público católico para militar la resistencia a la despenalización y legalización del aborto. «Creyentes y no creyentes tienen la convicción de que hay vida desde la concepción y que una persona distinta que su madre va desarrollándose en su seno. Es injusto y doloroso llamarlos antiderechos o hipócritas» dijo Ojea arrancando los primeros aplausos del público.

Un segundo momento de respuesta espontánea llegó al reconocer que hay situaciones de discriminación y violencia a las mujeres en todos los ámbitos, «y dolorosamente lo decimos, también en la Iglesia» soltó Ojea.

Por último, desde la Cúpula de la Iglesia llamaron a «desterrar de entre nosotros una cultura que pueda favorecer el encubrimiento y los silencios cómplices ante estos delitos» y renovaron el mensaje de que «no es lícito eliminar ninguna vida humana como afirma nuestra Constitución Nacional. La vida es el primer derecho y sin él, no puede darse ninguno más».

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