En una jornada muy emotiva culminó la actividad organizada por la secundaria de la Escuela Jean Piaget «Pensar Malvinas». De la actividad participaron hijos de ex veteranos y la hija de Enrique Hudepohl, soldado lujanense caído en el archipiélago.

Más de cien personas colmaron la Biblioteca Ameghino, para rendir homenaje y recordar a los héroes de Malvinas. En una jornada caracterizada por gran carga emocional, producto de las vivencias de los veteranos Marcelo Sánchez, Julio Galar y Enrique Álvarez, las y los participantes del encuentro recordaron aquel 2 de abril de 1982 y a los caídos de nuestra ciudad que dieron su vida por la patria.

La jornada «Pensar en Malvinas» inició el domingo 15 de septiembre con una charla en la Plaza Belgrano para conversar con los turistas que llegaron hasta nuestra ciudad. Durante el lunes y martes continuaron las actividades, y finalmente el jueves 18 de septiembre cerraron el proyecto en la Biblioteca.

La tarde comenzó con una muestra de teatro ciego a cargo de estudiantes de tercer año del Colegio Montesori. Las y los jóvenes viajaron en el tiempo para ponerse en la piel de aquellos pibes que fueron a las Islas con tan solo 18 años. Con la interpretación de un título de Esteban Valentino, «No dejes que una bomba dañe el clavel de una bandeja», trazaron un paralelismo en la vida de un joven al ser llamado para ir a Malvinas mientras se encontraba en un boliche.

«Hicimos la adaptación al género. Es la historia de un joven que está en una fiesta en la época de los 80, que conoce al amor de su vida y que después lo llaman para ir a Malvinas. Un final bastante triste, que tiene que ver con la guerra», comentó Karina Bustos, impulsora de la obra teatral.

Además, la actividad contó con una charla de geopolítica, a cargo del Licenciado Flavio Líbero, sobre el contexto actual de las Islas Malvinas, y su significado más allá de la guerra: «Malvinas es otra cosa y no solo lo militar, hay más cosas por detrás».

«Es muy incoherente la política sobre Malvinas. El recuerdo de Malvinas constante nos tiene que marcar la vía, en cuanto a la posición de Argentina en forma internacional. Defender los derechos de soberanía es marcar siempre coherencia. Cuando uno marca coherencia, los otros países no van a avanzar como avanzan ahora. Si tenemos incoherencia vamos a dar un paso atrás, otro y se produce el efecto dominó», resaltó el licenciado.

Para cerrar, Liberó fue muy claro y remarcó por qué Argentina tiene que seguir reclamando la soberanía de las Islas, más allá del territorio: «Malvinas es Argentina y va más allá del territorio tierra. Si no generamos políticas coherentes va a generar el efecto dominó. Los demás países ante el retroceso, avanzan. ¿Cuál es el efecto dominó en Malvinas? La Antártida. Solo con los recursos de pesca de La Antártida se puede mantener a la población mundial. ¿Y por qué Inglaterra puede reclamar esa zona? Por una cuestión de territorialidad».

Malvinas, en primera persona

De izquierda a derecha: Julio Galar, Marcelo Sánchez y Enrique Álvarez, héroes de Malvinas. Foto: Julieta Brancatto.

Enrique Álvarez, Julio Galar y Marcelo Sánchez, veteranos de Malvinas, fueron invitados para cerrar la jornada y contar sus vivencias. En una charla muy emotiva, ante la atenta escucha de las y los presentes, recordaron sus días en las islas, la vuelta luego del conflicto y la posguerra. «Nadie se merece que te maten por un pedacito de esta tierra. Las Malvinas son Argentinas y algún día vamos a volver a flamear nuestra bandera, pero tiene que ser por el mecanismo de la paz», sostuvo Marcelo Sánchez.

Enrique Álvarez agradeció la convocatoria a participar de la jornada y expresó en breves pero contundentes palabras lo que vivió durante los 74 días de conflicto: «En la guerra se ve al ser humano tal cual es. Se lo ve solidario, bueno, compañero y se lo ve una mierda, ante circunstancias que te lleva la misma guerra a ser esa porquería, que vos te desconocés. Me pasó estar en los dos extremos. Cuando me tocó ser bueno fui la persona que soy ahora, y cuando me tocó ser esa cosa que mencioné recién me desconocí».

Pero ante tanta dureza también recordó esos momentos en los que podía escapar de la realidad: «Las cartas son el mejor recuerdo que tengo de Malvinas, el único recuerdo lindo. Yo me metía en mi pozo, en Malvinas se podía venir todo abajo, pero leía las cartas de mi familia, de mis padres y en lugar de estar en el pozo, estaba en el comedor de mi casa».

Julio Galar contó lo difícil que fue pasar las noches en las Islas y el miedo de los ataques por parte de los Ingleses: «Las noches eran larguísimas, por una cuestión geofísica y a las cinco de la tarde ya se ponía bastante oscurito y recién amanecía a las nueve de la mañana. Casi 14 horas de noche y teníamos que montar guardia porque se podían filtrar fuerzas enemigas. Todas las noches existía una contraseña distinta. Estábamos siempre con los cascos puestos porque llovían los bombardeos y los ataques, buscando las misileras que estaban sobre el camino, que eran muy efectivas. Cada tanto teníamos misilazos que movían la tierra».

Por su parte, Marcelo Sánchez comentó que Malvinas lo encontró de mal humor, solitario y haciéndose preguntas sobre lo que en ese momento le tocó vivir. «Después del primero de mayo, con el primer bombardeo, mi mente hizo un click y no solo tuve que cambiar sino que tuve que ser mejor soldado, mejor compañero. Ya cambió esa posición y la mantuve hasta el final de la guerra. El que tenía al lado ya no era un soldado, era un hermano y alguien a quien tenía que apoyar mucho y él me tenía que apoyar mucho y entre ambos íbamos a salir de ese infierno».

«Cuando nosotros hablamos de Malvinas, volvemos a Malvinas con ellos. Cuando nosotros hablamos de Malvinas, los traemos acá», expresó Enrique Álvarez. Foto: Julieta Brancatto.

Por último los veteranos emocionaron a las y los presentes con sus diferentes relatos de las horas previas al regreso con sus familias, entre la tristeza, el desconocimiento y la falta de contención.

Enrique contó que regresó con un buque inglés que lo dejó junto a otros compañeros en Puerto Madryn. Desde allí, tras algunas paradas llegó a La Tablada. «En el trayecto que yo salgo del regimiento, la cruzo a mi mamá y ella no me reconoció. Yo estaba muy distinto a como me había ido. Cuando llego a la puerta me abracé con mis primos y pregunté por mi vieja, cuando me vio se desesperó».

Julio, llegó con el buque Bahía Paraíso, el buque hospital de la guerra. Allí subió sin saber dónde iba, un domingo 20 de junio, después de 24 horas de navegar, arribó a Santa Cruz, un Día de la bandera y Día del padre.

Para Marcelo fue muy importante el afecto de la ciudadanía local a la expectativa de recibirlos con los brazos abiertos: «Cuando uno vuelve de una guerra necesita un abrazo. Nosotros recibimos del pueblo de Luján ese afecto».

Para finalizar, Enrique compartió una lectura, que guarda con él, y que desde su experiencia describe las marcas que deja poner el cuerpo en un combate: «Nadie vuelve de la guerra, si es que vuelve como fue. Muere el que muere en ella, pero también muere el que volvió. La guerra te pone un sello, como se marca un papel. Al que murió en ella, pero al que volvió también. Un día la guerra acaba, pero no el luto, que es fiel. Por el que murió en ella y por el que volvió también».

Tras una semana de investigar, intercambiar y conocer la historia argentina reciente en primera persona, por parte de las y los estudiantes, y de la comunidad local, la jornada cerró con música a cargo de Julia Ríos Velar y Rodrigo Giménez.

Publicidad

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí