Ladran Sancho dialogó con el último radical en llegar a la intendencia. Rubén Darío Rampazzi fue parte del vendaval alfonsinista y protagonizó la primavera democrática en 1983. A continuación, parte del recorrido político y algunos trazos históricos de un correligionario en clave ochentosa.

“Ahí donde te sentaste estuvo el Doctor Raúl Ricardo Alfonsín”, terminó de decir Janito Rampazzi y el grabador se apagó. Una nueva charla comenzó sobre otras variantes y formas de ver la actualidad social y política. Pero para ese momento lo importante ya había sido dicho  por quien manejó la intendencia de Luján desde 1983 a 1987. El 35º aniversario de su victoria fue en parte la excusa para transitar momentos de la vida política al calor del despertar democrático que significó el proceso electoral responsable de desterrar a la última dictadura militar.

-Llegaste, gobernaste, te fuiste y ya no volviste. Empecemos por ahí.

-Inmediatamente después de ser intendente no fui candidato porque, en base a la idea de un equipo, no evaluamos que yo tenía que ser el candidato por haber sido yo el intendente. Al contrario, una apertura podría oxigenar y en definitiva no era un proyecto personal. No hubo especulación, ni nada raro. Nos pareció normal en ese momento, pero hoy en día se ve distinto: parece que hay necesidad de reelecciones. Y te aseguro que si ganaba Luccón iba a existir una continuidad en todos los aspectos. Obras, Salud, Turismo, una concepción de lo que hoy sería una gestión progresista. Llevar progreso sobre todo a los barrios y localidades porque el planteo nuestro era que veíamos que el centro estaba bastante prolijito en cloacas y agua corriente o gas. En general estaba bien. Pero en los barrios estaban totalmente alejados de esas ventajas o confort. Por eso el planteo nuestro era alcanzar dentro de lo posible la mayor nivelación. Que un barrio pueda haber talleres de cultura, centros de atención primaria en salud, por ejemplo. Así intentamos integrar los barrios al centro, no hacer ghettos. En nuestra plataforma uno de los conceptos era integración y lo fuimos alcanzando más allá que siempre quedan metas para cumplir.

 -Y esa participación o proyecto que no era meramente personal, ¿cómo inició?

-En un trabajo de conjunto. Porque cuando empezamos toda la actividad política en 1982 uno tenía una participación de menor jerarquía dentro del partido y recién la aparición de los más jóvenes se produce cuando institucionalmente se abren las puertas políticas oficialmente de la participación. Antes hacíamos reuniones y nos corría la policía en varios lados; incluso los actos políticos, que estaban prohibidos, los hacíamos en los cementerios con la excusa de rendirle homenaje a un excandidato o gobernador. Ahí íbamos todos y nos encontrábamos en esas ocasiones. Más allá de reuniones privadas, claro, con el nombre de alguna fundación o ateneo. Teníamos una actividad que no era la oficial pero manteníamos viva la llama del partido. En ese tiempo empezó el contacto con Alfonsín, quien en épocas de la dictadura había venido varias veces. Nos reuníamos en el recreo de Russo, donde algunos eran cónclaves locales y otros seccionales. Alfonsín no tenía problema de hacer los kilómetros necesarios, aunque fuera para hablar con dos personas. Así que tuvimos la suerte que él nos tenga entusiasmados, él era muy motivador.

-En ese entusiasmo, que juegue Janito…

-Algo así. Ya en plena actividad política comenzó a darse una corriente interna que me ve a mi como posible candidato a intendente. Había otra que apoyaba la candidatura de Santiago Pérez que era tío de Carlos Pedro Pérez (NdR: actual concejal de Cambiemos). Nosotros éramos Renovación y Cambio y ellos eran Línea Nacional, en pocas palabras lo que era el Alfonsinismo y el Balbinismo. En el sector nuestro empezamos a hablar de equipos, teníamos muchos cuadros técnicos no solo con la convicción del partido; había expertos en obras públicas, en finanzas públicas. Y eso nos permitía no solamente tener una idea utópica sino también tener los pies en la realidad y poder acercar de qué modo podíamos alcanzar los objetivos que pretendíamos. Siempre fue trabajo de equipo, yo fui un coordinador de equipos porque los secretarios que designamos cuando fui intendente y que conformaban los cuerpos del partido eran muchachos muy sanos en su forma de ser y convicciones e ideas, capacitados y con un sentido político. Ni éramos políticos sin conocimiento, ni éramos tecnócratas, era un lindo equilibrio. Eso nos permitió trabajar y hacer una gestión que ha quedado con un balance positivo.

Mano a mano: Rampazzi es Contador Público Nacional y comandó el periodo 83-87, entre el gobierno de facto de los Comisionados Sallaberry-Amado y la primera gestión Prince.

-Los memoriosos dicen que ustedes se conformaban con un tercer puesto.

-Es posible, a ver… en cualquier pueblo de la provincia te encontrabas radicales o peronitas, o socialistas. Pero acá en Luján teníamos el Partido Justicialista muy fuerte, que venía ganando desde el cuarenta y pico. Sumado a la Unión Vecinal, que era muy fuerte también, y por otro lado el Partido Socialista con todo su prestigio, la conducción de Passini y el resto de personas reconocidas y valiosas socialmente hablando; y por último el radicalismo, todo esto en el plano de lo más significativo electoralmente. Entonces acá la confrontación política era distinta: el voto no peronista estaba repartido y el peronista estaba consolidado por lo que nos repartíamos todos los votos y el peronismo ganaba la elección. No quiero faltar a la verdad rigurosa pero ya en el ’58 cuando gana Frondizzi el radicalismo estaba dividido y acá gana Sallaberry como UCRI y segundos los radicales del pueblo. Yo no estaba en esa época, recién iba a la escuela pero leía los medios de esa momento y veía las distintas fuerzas, excepto el peronismo proscripto. Cuando se da la victoria de Framini en Buenos Aires y, tras la caída de Frondizzi, Sallaberry queda como comisionado y desde allí pudo mantener una buena estructura política que diez años después deriva en el armado de la Unión Vecinal, con los lazos que había generado en el propio gobierno.

-Estamos llegando a los 70, ahí tampoco les fue bien.

-Y en la elección de 1973 con la victoria peronista de De Lucía creo que nosotros salimos terceros. El radicalismo no venía de grandes elecciones, por lo que recuerdo en ese tiempo siempre fue: peronismo, la Unión Vecinal, el Socialismo y nosotros. Esperá, no sé si no fuimos cuartos mirá… Es decir, no éramos el caballo del comisario o el partido que podía ser el rival electoral de otra fuerza. Y también en esas condiciones estábamos cuando fui elegido candidato, porque que lo de Alfonsín fue un crecimiento vertiginoso, rápido. Se dieron idas y vueltas, pero en esa elección se hizo la boleta separada, esto es interesante. Una boleta para cada cuerpo, o sea no se agarraba la lista sábana, había que armar la boleta y ya estaba cortada en tres cuerpos. Eso te daba incertidumbre porque era novedoso. Cuestión que gané, Je.

-Ganaron, ganaste y ¿ahí qué pasó?

-Uh esa noche fue una locura. No había celulares ni teléfonos fijos en todas las casas. Estábamos en el comité y nos enterábamos cuando llegaba el fiscal con las planillas. Empezaron a llegar los primeros votos al comité que teníamos en Alsina, venía pareja la elección en el orden local con el candidato justicialista. A medida que fueron llegando los datos la gente se fue reuniendo sobre la calle Alsina y crecían los votos nuestros. Ahí me decían ‘ya ganamos, mirá cómo viene la tendencia’. Pero faltaba Jáuregui que siempre fue un bastión peronista. Lo que pasaba es que nuestros fiscales, que traían los datos de la localidad, no podían pasar por la cantidad de gente que había, mucho griterío, festejos. A todo esto Alfonsín ya estaba arrasando y se sabía. En eso me avisan que viene Voccaturo a saludarme y ahí dije ‘bueno, hemos ganado la elección’.

Campaña ochentosa: el gobierno de Janito apuntaló de gran manera la situación en el área de Salud, uno de sus logros principales.

-¿Qué balance se hace a 35 años de aquél octubre?

-Con el tiempo uno se dio cuenta que esa elección fue un poco de todos. Nos tocó ganar a los radicales pero todo el mundo sintió que ganaba, con el solo hecho de votar estábamos ganando. Todos éramos participes, por el ejecutivo, el concejo deliberante, las sociedades de fomentos. Recuerdo que me subieron a una camioneta, íbamos por San Martín y luego tomamos Francia para volver por Mitre. Yo intenté que la caravana no pase por el local del PJ pero no lo logré y finalmente la camioneta encaró por Mitre y pasamos por el local: increíblemente todos me aplaudían. Esa convivencia también se dio en el Concejo, más allá de disputas lógicas. Había una muy buena relación y creo que fue de lo más importante. Todos queríamos que la democracia funcionara, porque si funcionaba alejábamos el fantasma de la vuelta de la dictadura. En ese punto lo clave de Alfonsín fue que logró que realmente se consolidara la democracia de tal manera que nadie piense en otra forma de gobierno. Cuando no gusta la gestión se piensa que hay que ganarle por las urnas, pero no que vengan los militares a cubrir ese lugar y es lo que más revaloriza estos 35 años.

-¿Te queda alguna autocrítica de aquél periodo dictatorial? Digo en el contexto de tu rol de funcionario en el gobierno de facto de Mercedes.

-Mmm… no. Bah, esto fue conversado con el Comité, fue un año nada más y la oferta vino por el lado de la profesión mía, no desde lo político. Pero en su momento lo conversé. Lo que pasó fue que no teníamos un conocimiento municipal desde adentro, entonces se pensó que por ahí estar un año en una Secretaría de Hacienda nos permitía por los menos saber los presupuestos, el manejo interno de una municipalidad, etc. Te aclaro que sí, esto evidentemente me pudo haber pesado… porque además es difícil de explicar… pero ahorramos años de gestión en el gobierno y la verdad es que me quedo con eso.

-¿Y compartías el tiempo de funcionario y militante?

-Sí, seguía participando en todas las reuniones, como así también nos corría la policía igualmente y pasábamos las mil y una. De todos modos hacia adentro del gobierno en Mercedes nunca escondí que era radical. Y obviamente en nuestro partido sabíamos todos los problemas que había. Yo los sabía puntualmente porque años antes de tomar ese cargo en Mercedes, cuando se da el golpe, Emilio Mignone tuvo que dormir en mi casa esa noche porque trabajábamos juntos en la Universidad de Luján y pasamos eso juntos. Ahí él se va y yo también dejé la UNLu en lo administrativo y me quedé solo como profesor.

-Acá gobernó el vecinalismo de Sallaberry, ¿qué recordás?

-En general, digo que es difícil estar en la mente de ellos y determinar su modo de actuar. El argumento de la Unión Vecinal era que si ellos no estaban venía alguien peor. Era un argumento: podés compartirlo o no. Ahora qué pasa, cuando vos venís de la política, te sabés manejar políticamente, tenés una estructura política, estás en el gobierno y no hay oposición, bueno todo eso te permite un crecimiento político total. Un momento que supo utilizar bien Sallaberry desde el punto de vista de la conveniencia de su grupo político.

Afiliarse a los 18: Rampazzi se anotó en la UCR el mismo día de su cumpleaños y luego fue a verlo a Balbín. Su padre le había dicho que era como un Perón, pero de los Radicales.

-Te dejó una gestión de qué tipo, ¿cómo la describirías brevemente?

-Nosotros recibimos un gobierno con deuda y un parque automotor bastante envejecido. Pero puntualmente había un desequilibrio para la comunidad de Luján en su conjunto, como lo dije antes, de un abandono en los barrios y su infraestructura.

-Ya mirando hacía adelante, ¿cómo te llevas con los nuevos modos de la política? Redes sociales, marketing, candidatos de diseño…

-Básicamente no creo en los inventos, en esas reuniones donde se juntan cuatro y tratan de vender un candidato como se vende un jabón, con solamente lo publicitario. Puede tener éxito electoral, ojo. Pero no éxitos en el logro de objetivos políticos profundos. Porque muchos hablan mal de los políticos pero el político es una persona que se ocupa de la política, no hay un certificado, no te recibís. Y a veces la política te obliga a una continuidad, porque parece que cuando uno está tiene necesariamente que seguir. Yo seguí activo, con diversos cargos. Pero en definitiva hay que sentirlo, tiene que ser una vocación. Una vocación de servicio, porque si sos político en serio tenés el sueldo que te corresponde pero además entregás un servicio a la sociedad.

-¿Y el costoso recambio generacional en los partidos o la falta de algunos cuadros políticos acabados cómo lo analizás, a qué te refiere?

-No tengo claro el motivo pero comparto el diagnóstico. Es preocupante: antes en el radicalismo había 7 u 8 tipos que le decías ‘tenés que se candidato a intendente y podían ser excelente candidatos, excelentes intendentes. O gobernadores, presidentes. Hoy si encontrás 4 ó 5 date por satisfecho. También se dio que desde los formadores de opinión condenaron a “la política” y muchos no se quieren meter y generalmente es gente valiosa. Por eso es importante lo que contagió el doctor Alfonsín en cuanto a la participación.

-Como cierre, ¿qué queda para valorarle a Alfonsín en tanto inspirador de ideales y líder político?

-Puntualmente que él trabajó mucho porque en algún momento el radicalismo se quedó en lo institucional  y el peronismo en la Justicia Social, dejando de lado lo institucional. Había que lograr entonces la síntesis y ahí estaba el secreto. No podíamos ser solamente social si no había un orden institucional respetable, y tampoco con solamente lo institucional solucionábamos todos los problemas de la gente. De ahí que en el 83 el radicalismo fue la síntesis perfecta entre los social y lo institucional: por eso Alfonsín adhirió a la socialdemocracia, logró una institucionalidad seria con una justicia real y esos pasos serán inolvidables de aquí al fin de los días.

***

Fotos: Julieta Brancatto

Imágen blanco y negro: publicidad electoral a página completa en “El Heraldo del Oeste”, año 1982.

1 Comentario

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor, dejá aquí tu comentario!
Ingresá tu nombre