En defensa de lo intangible

Julián Domenech
Julián Domenech
Trabajador de la cultura, cooperativista, músico y artista visual.

Pareciera que el gobierno de Javier Milei le puso play al compilado de Grandes Éxitos del Neoliberalismo y desde el 10 de diciembre suenan todos los hits: ajuste, represión, desregulación e impunidad. Y en esa selección de temas hay una melodía familiar, el achique y desfinanciamiento de las políticas culturales. Equiparando a la cultura con el mero entretenimiento y ubicándola en un lugar secundario.

Definir de forma tajante qué es la cultura parece ser un desafío insuperable, especialmente para una nota de opinión. De los intentos que hubo a lo largo de la historia se puede extraer una definición amplia pero útil; la cultura es un entramado de comportamientos e ideas que mantiene a una sociedad coherente y cohesiva.

Dentro de esa definición de cultura podemos encontrar tres elementos de la vida social que la avanzada libertaria busca desesperadamente dejar sin fomento estatal: la creatividad, la memoria y la identidad. Estos elementos son, justamente, los que caracterizan al ejercicio artístico, convirtiendo al arte en una herramienta que nos otorga autonomía, conciencia y fortaleza del carácter; una herramienta que en manos de un pueblo dificulta enormemente llevar a cabo un ajuste brutal.

Entendiendo esa dinámica, podemos darnos cuenta de que cuando un grupo de personas que concentra poder y capacidad para tomar decisiones pone el foco en despojarnos del arte y desacreditar a sus referentes, en realidad está poniendo el foco en quitarle humanidad al pueblo y doblegar su espíritu con el fin de obrar sin consecuencias ni resistencia.

En tiempos donde las problemáticas parecen interminables y la estrategia del gobierno consiste en abrumarnos con ataques constantes a los derechos adquiridos, el arte retiene la capacidad de convocarnos y reavivar nuestra sensibilidad ante las injusticias. Para ver este fenómeno en Luján, no hace falta más que retraerse al 20 de enero, cuando la asamblea Afuera el Decretazo organizó un festival cultural que dio lugar a decenas de artistas y convocó un gran número de ciudadanos que tomaron contacto con el colectivo organizado por primera vez.

Y de esta forma ha sido a lo largo de nuestra historia, toda instancia de opresión encontró su denuncia en el ejercicio creativo, el arte siempre será un hogar para la resistencia del pueblo; y esa realidad no escapa a quienes tratan de someternos.

La visión mercantil que prioriza la competencia y las ganancias económicas sobre los demás aspectos de la vida en sociedad es chicata, e intenta convencernos de que quienes no tienen las necesidades materiales cubiertas no merecen ejercer su creatividad ni construir sus propias representaciones con las que reflexionar sobre su historia e identidad. Pero más notorio aún es que esa visión de la vida es incapaz de conmover.

Por esa razón es que durante su campaña, Javier Milei se apropió de la representación que el pueblo depositó en las canciones de rock, nacidas al calor de la crisis de los noventa; en un acto que involuntariamente reconocía la importancia de la cultura para solidificar una comunidad y nos confesaba que sus ideas necesitaban un disfraz para ser aceptadas por el pueblo.

La defensa de la cultura no es la defensa del ocio y la frivolidad, es la defensa de nuestra identidad, del control sobre nuestra narrativa y del terreno sobre el cual cultivamos el reflejo que no nos deja sentirnos abandonados. El arte es un alimento espiritual y en tiempos de crisis, es la fortaleza de nuestro espíritu la que nos va a dar la tenacidad necesaria para vencer.

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Julián Domenech
Julián Domenech
Trabajador de la cultura, cooperativista, músico y artista visual.

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