Emilia Rols: «Mi deseo es que la poesía lleve siempre a nuevos lugares»

Emilia tiene 24 años y estudia Artes de la Escritura en la UNA. Sus lecturas comenzaron en la infancia, y en sus poemas se conjugan lo impermanente y lo cíclico. Hace unos días publicó su primer libro "La arquitectura de los túneles".

La arquitectura de los túneles (2020, Vino Tinta Ediciones) es un libro en el que se construyen preguntas que ocupan un espacio tangible, real, como se forman los túneles pequeños. Y, como expresa el prólogo de su libro, «las hormigas no saben si van a un funeral o a una fiesta con confeti. Las hormigas únicamente intuyen que lo elemental de las paredes es que se derrumban, como el poema».

En esta entrevista, Emilia recorre su proceso creativo, la forma de escribir y leer poesía en la actualidad, además del vínculo con el género y su práctica.

—¿Cómo empezaste con la escritura?

—Empecé con más seriedad cuando tenía 14 o 15. Pero no puedo marcar un momento preciso, porque siempre me interesó. Desde chiquita leía un montón, mis viejos también me leían. Pero recuerdo el día en que dije “quiero escribir”; una amiga me regaló una libreta roja que aún conservo, y empecé a anotar cosas. Fue algo repentino, pero a la vez el acto de la escritura estuvo siempre ahí, siempre hubo un vínculo.

—¿Lo que escribías era poesía, o era otra cosa?

—Era poesía en prosa, algo raro, como una prosa poética. Después empecé a escribir en verso. Pero siempre me costó ponerles títulos a las cosas, catalogar. Me pasa con todo.

—Leyéndote, se nota que la muerte como eje temático está muy presente en tus poemas. Se siente un fuerte acento en el pasado, en lo barroco. Eso es muy llamativo en alguien de tu generación.

—Creo que la muerte en mi escritura nunca aparece como la muerte de manera corpórea, o directa, sino más bien como una muerte de procesos, un duelo de etapas. Aunque es algo mucho de estos tiempos. No tiene que ver con el cuerpo, sino con otras cosas; me gusta trabajar con la impermanencia, con las cosas que son cíclicas. Es un tema que es recurrente en mi poesía y por supuesto tiene que ver con mis influencias. Leí mucho a Pizarnik, que está ahí apenas abrís el libro. También me marcó mucho Tamara (Kamenszain), que además fue la fundadora de mi carrera y tuve la dicha de tomar clases con ella. Aprendí y aprendo mucho escribiendo otros géneros también y todo eso, pienso que después va a formar parte de la escritura poética de formas imperceptibles. Leí mucho a poetas malditos también, me encanta Baudelaire. Después pasé a otras formas de poesía, me abrí un montón.

—¿A qué otros autores leíste?

—Leí mucho a Lezama, a Perlongher. Quizás por eso también notás que mi poesía tiene algo de barroco. Hice un ejercicio de mirar mi biblioteca y, hoy por hoy, no tengo una preferencia marcada a la hora de elegir algo; si me llega lo leo y lo atesoro. También me gusta mucho Juan L. Ortiz.

—¿Cómo fue el proceso de escritura de La arquitectura de los túneles?

—Fue algo caótico (risas) y a la vez hermoso. No fue premeditado. Yo ya tenía un montón de poemas, venía trabajando con algo que no sabía que iba a derivar en un libro. En un momento se abrió una convocatoria para participar en una antología de Vino Tinta Ediciones, que es mi editorial ahora, en Marcos Paz. Mandé, participé en la antología y a dos meses de publicar ese libro me llamó uno de los editores para decirme que querían sacar un libro pero todo para mí, no una antología. Entonces le llevé todos los textos que tenía, armé un archivo y se fue creando el libro gracias a la curaduría de María del Mar. La portada es de Sathia; cuando la vi dije “esta es la portada”. Es una artista local que saca fotos analógicas.

—¿Qué recorridos de lectura proponés para tu libro?

—Es una buena pregunta, porque creo que cada recorrido con un libro de poesía es muy personal y distinto a como sucede con la narrativa. Yo creo que sí se podría leer de un tirón, pero también se puede abrirlo donde sea, leer un poema y listo. Además siento que, por más que corresponde a distintos momentos de mi vida porque hay poemas muy actuales y otros que escribí cuando tenía 19, hay un hilo conductor detrás de todo el libro.

—¿Cuál sería ese hilo conductor?

—Creo que mi interés con la escritura, y lo que se ve en este libro, pasa por reflexionar sobre la escritura misma; eso siento que está muy presente. Me interesa mucho ese universo de la poesía como trabajo, es decir como un trabajo formal, como ocupación. Me encanta la idea de sentarme en el escritorio varias horas, escribir, corregir, y leer poetas, leer ensayos. Que vaya más allá de solo escribir y disfrutarlo, o no disfrutarlo, pero me interesa todo ese universo que gira en torno. Y me interesa también que la poesía se lea así.

—¿A qué te referís?

—A que cuando uno se sienta y lea los poemas, se abra algo interiormente. Y que la persona que lea diga, “Tengo ganas de investigar tal cosa, o leer a tal persona”. Mi deseo es que la poesía lleve siempre a nuevos lugares.

—Las formas de consumir y de leer poesía hoy son muy diversas. ¿Cómo te encontrás en medio de todas esas posibilidades?

—Quizás soy un poco renegada con esas formas. Me parece por ejemplo que las redes son muy útiles. Sin embargo, el acto de publicar poemas en redes, lo hice y lo hago a veces, pero me parece contraproducente. Todo es tan rápido, tan descartable que es difícil llegar al poema de esa forma, o quizás se llega, pero se pierde mucho en el medio. No es lo mismo compartir poesía en Instagram que compartir imágenes; la poesía requiere una pausa y un espacio que la red social no te lo da. Con las imágenes pasa que estamos acostumbrados a consumirlas rápido, estamos en una cultura muy visual. Por otro lado, quizás también a mí me gustan otras formas a la hora de leer: sin que nadie me moleste, sin que haya ruido.

—¿Y cómo te gusta escribir?

—Siempre escribo a mano. Necesito tachar, dibujar, anotar al costado. Después lo paso a la compu, pero el solo hecho de escribir en un dispositivo se hace diferente que escribir a mano. Sé que hay programas o apps que sirven para eso, pero no es lo mío.

—Quizás tiene que ver con esto que dijiste sobre ser renegada con las formas de crear y compartir poesía en estos tiempos.

—Sí; además me pasa algo con todo eso, no estoy diciendo que es un hecho confirmado, pero me atrevo a decirlo: siento que estamos en un momento en el que se escribe mucho y se lee poco. Y se nota un montón en las producciones. Yo no concibo a alguien que escribe poesía y no lee poesía, o narrativa, o algo. Entonces se da una híper mega producción de textos que no tienen un correlato, un sostén. No digo que haya que ser académica para escribir; pero con todos los lenguajes hay un movimiento de aprendizaje. Para mí hay que leer cosas que te gustan, cosas que no te gustan, a veces forzarse un poco a eso. También está bueno no leer exclusivamente a los contemporáneos, o exclusivamente a los poetas muertos. Obviamente una tiene sus preferencias y está bueno, pero es importante abrirse un poco y hacerlo también hacia los márgenes; salirse del canon. Se puede aprender muchísimo de ahí.

—¿Cómo se vincula tu oficio de escritura con el espacio del taller?

—Bueno, di un taller hace poco y ahora estoy por empezar otro. Está bueno. Todavía no tengo mucho para decir de eso, pero siento que enriquece mi escritura y me permite ver qué están haciendo los demás. También me gusta el hecho de hacerse preguntas, y por ahí estás toda una semana investigando la respuesta. Hay tantas cosas que se pasan por alto, porque crees que las sabes y no es así.

—¿De qué otros modos te vinculás con la poesía que no sean lectura y escritura?

—Tendría que pensarlo bien. Se me ocurre que hay una forma de transitar las cosas; está la poesía como género o texto individual, pero después hay algo que se escapa, que está presente en todo. Y es algo que no podría decirte o definirlo. Desde lo escrito, leyendo a otras personas se nota que cada quien habita la poesía de formas distintas; hay personas que son más de la descripción de lo cotidiano; de objetos o situaciones. Pero también hay quienes extraen de eso algo y hacen un poema que es más complejo u encriptado. Y de pronto hay poetas que te describen una mesita de luz con objetos puntuales. También ahí está la poesía, como diría Giannuzzi. Hay un abanico infinito, y cada persona que escribe poesía habita un lugar muy único de esa extensión.

—¿Y cuál lugar habitás vos?

—No lo sé todavía. Lo estoy descubriendo.


III

habito el cuerpo muerto

de esa niña que no fui

un ecosistema baldío

una amalgama de flores

la luz filtrándose

bajo el mar caliente

mojo mis pies

en algún sueño

las coronas de fuego emergen

esta noche

querido

no hay nada especial

mañana será otro día

de luces silvestres y

fórmulas vacías

el mundo es eso que se llevan

las palabras

hacia las orillas

cuando juego a ser niña

me como las uñas y

pienso en

mares.

VII

veo las pantallas

la muchedumbre

cuerpo con cuerpo

se transforman

apilados

hay algo desgastante

solo con verlo me agota

las calles son abiertas

ríos perfumados

mis manos siempre cerradas

esperando el impacto

los edificios bien altos

parecen torcidos

parecen caer

algunos reflejan el cielo

otros reflejan el dolor

la ciudad nunca se termina

debajo de la tierra

sobre la tierra

en el cielo

hay humanos

quiero gritar.

XIV

cómo gritarle

al mundo

que la poesía

me envuelve

en su corteza permeable

me aleja

de edificaciones sólidas

de macizos candentes

conjugar

la sintaxis rota

como barquito varado

como agua salada

no puedo beber más

que lo que mi garganta

tolera

no puedo amar más

que a tu figura llamarada

un bienestar

que se cobra

en migajas

una rareza cauta

la décima pausa

del verbo fronterizo

una hectárea amena

para deslizar.

 

Para conseguir el libro, podés contactar con su autora aquí.

spot_img
<
spot_img
spot_img

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

En las redes

4,842FansMe gusta
4,232SeguidoresSeguir
782SeguidoresSeguir
1,058SeguidoresSeguir
166SuscriptoresSuscribirte

¿Querés recibir una selección de noticias en tu correo una vez por día?

Gracias! 

Si no ves los correos en tu bandeja de entrada revisá tu carpeta de correo no deseado y agreganos a tu lista de contactos.