A la luz de los resultados del domingo se confirman los diagnósticos más desoídos por la oposición. Con independencia de lo que suceda en la economía, al menos en el corto plazo, a Cambiemos le alcanza con seguir por el mismo camino y obliga a la oposición a reinventarse y superar la fragmentación. Ida y vuelta, del país a la aldea para iniciar el debate post electoral.

Cambiemos, desde el vamos, goza de los beneficios que el anterior gobierno tuvo como adversidad: poderes económicos y financieros nacionales y extranjeros, medios concentrados. Pero además supo mantener en sus primeros dos años de gobierno a una oposición dividida, capitalizar el rechazo al kirchnerismo y aún sostiene un nivel de expectativa de ascenso individual en una buena parte del electorado.

En Luján con particularidades pero sin misterios, Oscar Luciani sabe repetir la fórmula. El vecinalismo, la Unión Cívica Radical y más tarde el PRO han dirimido sus diferencias sin rupturas.

Con paciencia, Luciani ha descartado a varios radicales y pese a las amenazas de romper el frente, el radicalismo perduró y para estas elecciones reclamó sus lugares en la lista. La inserción del PRO, que pudo generar fisuras internas, se disipó con el salto de Luciani a esas filas luego de la buena consideración de la Provincia y consiguiendo un caudal fluido de fondos para obras.

No se puede hablar de la otra esquina en el cuadrilátero. Por momentos son varias esquinas e incluso pareciera que se tratese de distintos cuadriláteros. En Luján Luciani a Macrise anticipó pero también desde esta aldea se anticipó la fragmentación del peronismo. No pareciera haber elementos que indiquen que pueda resolverse de cara al 2019.

Si Unidad Ciudadana enfrenta tamañas dificultades en el territorio nacional para las próximas elecciones, en términos locales los multiplica. Miguel Prince propone superar la fragmentación anunciando la unidad de los bloques en el Concejo y llama a la construcción de un frente amplio popular, aunque estas cuestiones no se resuelven solo con voluntad sino con poder, en el sentido más crudo.

Foto: Julieta Brancatto

Aún siendo la fragmentación de la oposición la variable más importante para que Cambiemos avance electoralmente, hay otras que merecen revisión. Hay reivindicaciones que no pueden abandonarse, que deben ser para el progresismo imperativos políticos: la regulación del mercado por parte del Estado, la defensa de lo público frente al privado, la defensa de la industria nacional y el mercado interno, la lucha por los derechos humanos y sociales. En todo caso el error radica en creer que esas reivindicaciones van a socavar (en este contexto y bajo las formas en las que se viene dando) ese tercio consolidado por Cambiemos que en Luján se extiende al 51% para Bullrich y el 48,7% para Casset.

Allí se imponen otras estrategias y un estudio más serio -sin subestimación- sobre los significantes con los que la alianza de gobierno trabajó para consolidarse en las urnas.

Entre los más importantes aparecen en la construcción del discurso oficial la transparencia, la participación y la lucha contra la corrupción como agregados de la democracia. En ese marco, poco daño puede infringir la oposición asociando a Luciani con Macri, o a ambos con la dictadura militar, porque la polarización política que reparte cualquier cosa a un lado o al otro de “la grieta” es primero una polarización cultural, donde hay elementos que quedan por fuera de las tramas conceptuales de cada bando. Así Maldonado no importa para el acumulado político de Cambiemos y pareciera no importar la corrupción de la oposición en sus adherentes.

Luján además expresa como particularidad una mayor adhesión al paradigma cultural que representa Cambiemos respecto a otros municipios, lo que supone la necesidad de una estrategia más aceitada para la oposición local.

Sobre la transparencia y participación -que en la batalla política sobre el terreno ideológico es fundamental disputar- hay elementos concretos para señalar al gobierno de Luciani y que la oposición local debiera trabajar en detalle -desde el discurso y la praxis- para mover el amperímetro electoral y reducir el poder del oficialismo.

El ingreso a la planta municipal sin concurso ni revisión, los subsidios entregados a la sociedad civil o particulares y la pauta publicitaria a medios de comunicación son administrados por el gobierno de forma discrecional, sin criterios establecidos y sin difusión alguna, ya que el boletín oficial no tiene continuidad en su publicación y gobierno abierto es una plataforma más orientada a prestar servicios que a transparentar la gestión.

La enumeración se limita a dar algunos ejemplos pero podría ser mayor. Sobre estos puntos hay materia prima para trabajar un discurso opositor pero fundamentalmente hay trabajo político para realizar, porque con ese manejo cómodo de los recursos del Estado, el gobierno local también acumula poder.

Los delegados en las localidades son designados por el gobierno y no elegidos por los vecinos, el presupuesto participativo no se asigna -pero tampoco se reclama- y prácticamente no se impulsa la conformación de concejos integrados por organizaciones, asociaciones, profesionales o vecinos.

El caballito de batalla de Cambiemos ha sido, y seguirá siendo los próximos dos años, la obra publica. Sin embargo la oposición en el Concejo Deliberante no fue capaz de hacerle un serio seguimiento y la mayoría de las denuncias, cuando se detectó alguna irregularidad fueron realizadas por vecinos. Y la comisión que debería abordar estos temas, para mayor tranquilidad del oficialismo, no tiene presencia de concejales de la oposición desde que Silvio Martini ocupa la presidencia del Concejo.

En ninguna instancia deliberativa, ni ámbito comunicacional, se ha generado el necesario debate sobre la orientación de los recursos para obras de tamaña importancia para el partido.

Con el triunfo del domingo, Cambiemos avanzará con un paquete de medidas que no esconde: reforma laboral, fiscal y política, de arranque. Para quienes abocan sus esfuerzos a la política en los territorios locales, se supone que las tareas se orientarán en lograr atajar los efectos de esas políticas regresivas, y así impedir que Luján desemboque en un modelo de producción y hábitat aún más excluyente, con el consecuente vaciamiento de las políticas sociales, como última garantía de los más afectados.

Foto: Victoria Nordenstahl

Ensanchar la participación popular, por definición ya heterogénea y muchas veces contradictoria, es indispensable en esos momentos. Ese excedente democrático expresado en la sociedad civil, las organizaciones del campo popular, las experiencias de fabricas recuperadas, los militantes con trabajo territorial legitimados en los barrios, las cooperativas y PyMES abundan en el terreno local sin puntos de conexión entre sí y casi siempre disociadas de la política institucional.

Estos actores son los que marcan la diferencia entre los noventa y el actual período y deben traducirse en la arena política con capacidad para participar con propuesta, proyectos, formar parte de las listas electorales, integrar concejos y comisiones. No solo son sobrevivientes de la resistencia al neoliberalismo, son una referencia y la política local no los está convocando con el suficiente énfasis.

El miedo, como operador político, recae sobre las mayorías pero la historia demuestra que también actúa de forma inversa, siendo clave en el proceso de resistencia o de avances democráticos expresado en la ampliación de derechos. Este gobierno demostró en todos los andaniveles que no le teme a la oposición política, ni a los sindicatos, ni a la -poca- prensa crítica; solo teme a la gente. De ejemplos locales se escriben las páginas de este medio.

Cambiemos sabe que para garantizar gobernabilidad no solo es necesario una oposición dividida sino también una cadena de demandas populares fragmentadas que no alcancen una identificación política ni logren hacer ruido en las instituciones. Que la mayor parte de los problemas se vivan como individuales, que no logren colectivizarse y mucho menos que se dirijan de forma colectiva hacia el Estado. Lo que está en disputa son años de un Estado con fuerte presencia y un discurso amplio sobre su rol.

Por todo esto, la tarea de la oposición debe ser ensanchar la participación y apostar a colectivizar las demandas vecinales más allá de lo que resulte de los acuerdos electorales que empiezan a tejerse y destejerse, más allá de la inevitable pelea del poder por el poder, del lugar de las listas y de los contratos. Recordando que en las elecciones nadie entrega cheques en blanco, que el Estado no es una gran oficina privada para unos pocos y que la democracia descansa en la participación del pueblo.

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