El sol del 25 no asoma: desguace de nuestro cine y de la soberanía cultural

Juan Mascaró
Juan Mascaró
Documentalista y docente. Integrante de DOCA y del Departamento de Educación de la Universidad Nacional de Luján

CINE, SOBERANÍA Y REVOLUCIÓN DE MAYO

La anécdota que sigue vincula tres cosas: la revolución de mayo, la primera película argentina y el desguace de nuestro cine por el actual gobierno de Javier Milei.

“La Revolución de Mayo” (1909) es considerada la primera película argentina.

Aborda la emblemática semana de mayo. Representa uno de los primeros esfuerzos por utilizar el cine como medio para la educación y la creación de una identidad nacional. Fue realizada por Mario Gallo, pionero del cine argentino de origen italiano, que había llegado a Argentina y rápidamente se involucró en la incipiente industria cinematográfica local. A partir de recursos limitados y tecnologías rudimentarias, y utilizando escenarios al aire libre y actores no profesionales, Gallo logró plasmar una representación de la gesta patriótica.

Su bisnieto, el documentalista Fernando Krichmar, está realizando un film sobre Gallo. La película no puede concluirse por falta de fondos. El INCAA le acaba de “devolver” su proyecto (que había sido presentado para ser evaluado y acceder a un subsidio). El instituto está virtualmente parado y existe un plan de desguace por parte de su actual presidente, Carlos Pirovano, nombrado por Javier Milei.

La historia de nuestro cine y la revolución de mayo están unidas, no solo por esta anécdota, sino por el concepto de soberanía. En el actual panorama global, la soberanía audiovisual se presenta como una cuestión crucial para muchas naciones, y Argentina no es la excepción. Este concepto, que refiere a la capacidad de un país para producir y distribuir contenidos audiovisuales propios, es vital para mantener y fomentar la identidad cultural, así como para evitar la dependencia de producciones extranjeras anulan una perspectiva propia de nuestra historia y nuestro presente.

EL DOCUMENTAL: UN CINE CON HISTORIA

“La Revolución de Mayo” (1909) primera película Argentina que retrató la gesta patriótica

Entre 1909 y 2007 el cine en Argentina tuvo un potente desarrollo. Así y todo, el género documental creció por fuera de los mecanismos de fomento promovidos por el INCAA, y del entramado productivo y de exhibición. En 2007, la acumulación de luchas, organización y decisiones políticas dieron vida a la conocida “Vía Digital” (Decreto 632/07, enmarcado en la Ley de Cine de 1994), que marcó un antes y un después en el fomento: la resolución reconoció la figura de realizador integral de documentales, democratizó el acceso a la producción a personas físicas y fortaleció la producción para un sinnúmero de pymes audiovisuales que surgieron. Al tiempo se diversificaron las miradas y la exhibición -decenas de ciudades de nuestro país fueron sedes de nuevos festivales de cine documental– se generaron puestos de trabajo y se acercaron nuevas historias a un público nuevo.

Esta modalidad de producción a la fecha constituye el 50% de la producción audiovisual anual a nivel nacional y se realiza con tan solo el 4,19% de la recaudación total del INCAA. Son unos 100 documentales al año que enriquecen nuestro acervo cultural y amplían la diversidad de miradas cinematográficas sobre nuestra realidad.

Pero por decisión unilateral de la nueva presidencia del INCAA, desde el 10 de diciembre de 2023 el fomento al cine documental está impedido de funcionar. Las últimas resoluciones han frenado todos los procesos administrativos y de pagos de proyectos en curso. Se desarman áreas completas del instituto. Se suspenden comités de selección integrados por documentalistas. Se obliga a devolver los proyectos presentados. En algunos casos son proyectos que tienen años de trabajo. En total suman por lo menos 350 futuros documentales de toda la Argentina.

Las y los documentalistas hemos resistido esas medidas, impulsando un sinnúmero de actividades y actos públicos. Una de ellas – la conferencia de prensa por los despidos y el desguace del INCAA que se realizó el 14 de marzo en las puerta del Cine Gaumont ante la amenaza de su cierre – ha tomado notoriedad por la salvaje represión que desató la policía contra actores, técnicos y cineastas presentes.

El plan Milei-Pirovano es volver a un tipo de fomento de muy pocas películas y grandes producciones, definidas sólo a partir de un puñado de concursos con jurados designados unilateralmente por la presidencia del INCAA, estableciendo así la opción de censurar cualquier proyecto considerado “políticamente incorrecto”.

URGE ASEGURAR EL FUNCIONAMIENTO DEMOCRÁTICO DEL INCAA

Para que se cumpla la Ley de Cine, debe darse un funcionamiento pleno de los tres órganos de cogobierno del INCAA (la Presidencia, la Asamblea Federal constituida por representantes de las provincias designados para determinar las políticas cinematográficas, y el Consejo Asesor, conformado por miembros del campo del cine y representantes de distintas regiones de nuestro país).

Además debemos luchar por la continuidad de la producción. La denominada “ventanilla continua” es un mecanismo que permite la presentación de proyectos al INCAA de forma ininterrumpida. Esta forma de fomento fue reafirmada por ambas cámaras del congreso, con la prórroga por 50 años de las asignaciones específicas para el fondo de fomento cinematográfico.

Por último, es vital retomar todo lo pendiente en torno a las políticas públicas de distribución y exhibición. Este es un gran desafío, pero con herramientas a mano. En nuestro país las salas de cine están en manos de unos pocos dueños, que determinan qué películas podrá ver el público. Esta situación está agravada porque no se aplica la “cuota de pantalla” que obliga legalmente a exhibidores a mostrar un porcentaje determinado de Cine Nacional. Frente a esta situación, las productoras de cine independiente construimos nuevos circuitos de exhibición y distribución. Es indispensable ampliar estos circuitos, cumplir con la cuota de pantalla, e incorporar en las mediciones el público de los nuevos espacios culturales, educativos o de distribución online.

PONERLE EL CASCABEL AL GATO

Ningún gobierno hasta la fecha ha avanzado con el gravamen a las plataformas de streaming (OTTs). El financiamiento de la producción cinematográfica se logra con los fondos provenientes de un porcentaje de las entradas de cine y de la publicidad de las empresas que brindan el servicio de televisión por cable. Estas fuentes son el capital que utilizamos para una parte de la producción nacional de películas. El resto del financiamiento surge de capitales privados, coproducciones provinciales o internacionales. Es fundamental que se aplique la Ley de Cine a las plataformas de exhibición como Netflix, Amazon, Disney y otras (OTTs) para poder incrementar el fondo para el fomento a la cinematografía. Este fondo no solo puede asegurar la producción, sino también los espacios de formación y preservación de nuestro cine.

Muy en contra de lo que pudimos escuchar al presidente esta semana en su show para convencidos, muchxs sabemos que la concentración de medios en manos de unos pocos conglomerados económicos limita la diversidad de voces y contenidos.

La tarea es titánica. El duro golpe que significan las políticas del actual gobierno no debe inmovilizarnos. Nuestra comunidad audiovisual – y nuestro pueblo – han vencido enemigos más fuertes.

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Juan Mascaró
Juan Mascaró
Documentalista y docente. Integrante de DOCA y del Departamento de Educación de la Universidad Nacional de Luján

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