Allá por 1951 nacía en España un niño, destinado a ser periodista, corresponsal de conflictos bélicos y escritor. Quien después de mucho andar y escribir brillantes páginas, llegaría en 2003 al ansiado sillón de la Real Academia Española. Aquel chaval de la postguerra, criado en los rigores del fascismo franquista, se convirtió en Don Arturo Pérez Reverte.

Quizás para muchos jóvenes milenials o fervientes adolescentes secundarios su nombre era una “silla vacía” -como diría Mr. Miller- hasta que este 14 de Julio, saltó a la efímera fama de las redes sociales, por amenazar con su renuncia “incondicional e indeclinable” a la R.A.E. si se aprobaban cambios en la lengua castellana que obedecieran a la corriente de “lenguaje inclusivo”.

Ya que los dioses me negaron el arte de la Filología y solo me confinaron a la humilde y laboriosa practica del Psicoanálisis, advierto que mis argumentos podrían ser equívocos, parciales y alejados de “La Verdad”.

Lenguaje, lengua y la piel de la serpiente

Les propongo pensar en una arbitraria diferenciación. La lengua como expresión del aparato de fonación está estructurada en fonemas, es decir palabras con un sentido y significación casi siempre culturales y epocales. El lenguaje incluye a la lengua y la excede, ya que utiliza modos y expresiones verbales, no verbales, corporales, afectivas e instintivas que son decodificadas en un complejo entramado neuronal, cognitivo y social.

El lenguaje se va modelando con el paso de los siglos y por ende la lengua también. Es como la piel de la Serpiente emplumada Quetzalcoatl, que al mutar siembra y multiplica mundos y realidades con cada pedazo que cae de su tejido epitelial. Cada nueva palabra era semilla de su creación, coincidiendo exactamente con el génesis judeocristiano de “el verbo se hizo carne…” ¡Maravilloso!

Que Don Julio, el kiosquero se enoje con una piba que dice “diputades”, es lógico, los cambios sobrevienen muy rápido en el siglo XXI. Que una adolescente quinceañera  sepa que está colaborando como abejita obrera, con la transformación de su lengua, es una experiencia maravillosa porque toma cabal registro de la participación humana en el uso, costumbre y modificación de su lengua. Que  un escritor  lo niegue, lo minimice o se enoje con una realidad que acompaña al ser humano hace 10.000 años, eso es preocupante.

Durante mucho tiempo se pensó que todo significado era  denotaciones objetales de los usos del lenguaje, palabras, gestos o señales que remitían a un término. Pero llegó Sassure y  propuso  un cociente y relaciones significantes, como aquellas operaciones mentales, es decir simbólicas, que resultan en un sentido determinado.

El lenguaje se va modelando con el paso de los siglos y por ende la lengua también. Es como la piel de la Serpiente emplumada Quetzalcoatl, que al mutar siembra y multiplica mundos y realidades con cada pedazo que cae de su tejido epitelial.

Esos sentidos, son arbitrales y dinámicos como toda comunicación humana ya que se organizan en torno a una estructura que articula una variada serie de elementos. No hay significantes ni significaciones aisladas de lo social y por ende de usos y costumbres de una lengua determinada y de sus sujetos parlantes. Le recuerdo, por las dudas al rey Arturo, que Cervantes y Shakespeare, escribieron sus monumentales obras en un Castellano e Inglés muy diferentes a los actuales, que si escribo palabras como “catrera”, “dorima”, “piscui”, “parsimonia”, “coz”, “espurio”, “zaino” o “chesquero”, y el 99% de los menores de 30 años no saben qué significación tienen.  Las palabras caen en el abisal olvido del devenir social, del uso y desuso de la “siempre fallida comunicación humana”.

Palabras inclusivas no son lenguaje inclusivo

Las palabras inclusivas intentan borrar las diferencias de género, otorgando nuevos sentidos y significaciones que democratizan al lenguaje. Nos molestan porque nuestro cerebro, que disfruta mucho de la zona de confort, cuando se acostumbra a una significación, produce una huella que es difícil de dejar.

Es lógico advertir que habrá resistencias a lo nuevo, recordemos que en los ´50 los fanáticos de Don Osvaldo Pugliese protagonizaron conflictos y revueltas en la Av. Corrientes contra los “muchachos de patillas” que escuchaban a Bill Halley  y las primeras notas de Rock and Roll. Para ellos la batería, la guitarra eléctrica y las letras en ingles suponían el ocaso de la cultura nacional.

Creo que nos debemos esta aclaración hacia toda franja etaria. Abuelas, viejitos piolas  y jóvenes debemos saber que las palabras inclusivas no alcanzan para generar un lenguaje inclusivo.

Como venimos pensando el lenguaje es mucho más que palabras.  Imaginemos a un torturador de la ESMA diciendo: “…chiques, pasen por la celda 2 que serán torturades…”  Escribo este  absurdo  para que veamos claramente que palabras inclusivas en un lenguaje autoritario y fascista no sirven de nada.

Y entonces: ¿Qué es el lenguaje inclusivo?

Es aquel lenguaje que incluye las diferencias, incluye la diversidad de ideas e ideologías. Recordemos que en la base del Fascismo se encuentra el miedo a lo diferente, el miedo al otro y el rechazo a todo sistema de pensamiento que ponga en riesgo el débil esquema propio, de allí deviene la necesidad del uso de la violencia psicológica primero y física después

El lenguaje inclusivo es un lenguaje Horizontal, Democrático y Republicano. Si alguien me obliga a bautizarme, si me obligan a ponerme un pañuelo verde o si me obligan a doblar a la derecha por mi propio bien, por mi propia salud o porque me va a servir…  estamos en la antesala del Fascismo.

El lenguaje inclusivo incluye las diferencias de género y re-distribuye el poder  inherente a todo mecanismo de producción y reproducción social. En lo que va del año,  he debatido con muchas y muchos adolescentes y jóvenes, en mi hogar, en las escuelas que trabajo, en medios de comunicación y en el clubes y en cada ocasión  aclaro lo siguiente: si pensamos en destronar al Machismo y sus machirulos para entronizar al Feminismo, si destruimos al Patriarcado para erigir al Matriarcado….  estamos en el horno, o si el lector prefiere un tono Lacaniano: “Trocando un Amo por otro Amo”.

Creo que nos debemos esta aclaración hacia toda franja etaria. Abuelas, viejitos piolas  y jóvenes debemos saber que las palabras inclusivas no alcanzan para generar un lenguaje inclusivo.

El lenguaje inclusivo debe destronar a los Amos de turno, debe conducirnos a vínculos sociales horizontales y recíprocos en donde tener pene o vagina, ser heterosexual, bisexual, multisexual, transexual u homosexual, ser budista o musulmán, leer a Marx  o a Luis Ventura,  no implique relaciones de dominación o maltrato alguno.

Somos por estructura, sujetos sujetados al lenguaje, por eso comprender su proceso de permanente transformación es muy importante. El Rey Arturo y los caballeros de su mesa redonda deben prepararse para firmar su renuncia… el devenir social y sus nuevas formas discursivas nos están alumbrando el camino.

Lic. Esteban Gomez

Psicoanalista UBA     MN 25591  MP 25668

1 Comentario

  1. No me gustó el artículo, plantea una suerte de simetría entre el machismo y el feminismo que no existe, una especie de “teoría de los dos demonios” de géneros. Tampoco me gusta la noción de lenguaje inclusivo, porque ¿a quienes y a donde incluyen? La inclusión implica un adentro y un afuera, implica una exclusión, hasta donde entiendo me parece mejor la expresión “lenguaje no binario”. Saludos

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