El recuerdo hecho poema

María Catalina Jiménez presentará su libro "Anidó una tristeza" en Biblioteca Ameghino. Su tercer poemario fue, para ella, "una forma de ir desarmando la tristeza, hasta volverla cada vez más pequeña".

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María Catalina Jiménez es redactora, correctora y poeta. Ha escrito tres poemarios: «Los lugares que no me pertenecen» (2019), «Geografía de una casa» (2021) y «Anidó una tristeza» (2021).

Este último se presentará el día miércoles 29 de diciembre en Biblioteca Ameghino a las 20:00, junto al libro «Mudar» de Eduardo Piaggio, que también fue publicado este año.

Su poesía anida en escenas de una cotidianeidad que siempre es reveladora. En las casas que ha visitado, en su gata o los paseos en bicicleta, Catalina va conformando una poética intimista y accesible, como una mano abierta a descubrir los pasajes de una narrativa sobre lugares que, por formar parte de nuestros sentires, nos interpelan.

El arte de tapa estuvo a cargo de @hijo.del.cosmos

—»Anidó una tristeza» es tu tercer poemario. ¿Podrías contarnos un poco cómo nació este libro?

—Nació cuando me di cuenta de que venía escribiendo una seguidilla de poemas que rondaban la misma temática y de alguna manera contaban una historia. Creo, y con el tiempo me voy dando cuenta, que cada libro es mi forma de atravesar algo. Aunque escriba en verso, siempre estoy narrando.

—¿Por qué elegiste escribir de un sentimiento como la tristeza?

—La verdad es que no lo elegí; era lo que estaba sintiendo en ese momento. Escribir sobre ella fue mi manera de entenderla. Poema a poema, la fui desarmando y así se volvió cada vez más pequeña.

—¿Qué sucesos de tu vida creés que te marcaron a la hora de elegir la poesía como género?

—No sé si hubo un suceso. Creo que fue la lectura lo que me hizo descubrir mi inclinación hacia ese género, una comodidad suficiente como para jugar y experimentar. Creo que la poesía no solo me gusta como forma de expresión, sino como una manera de ver el mundo.

—¿Qué autores te movilizan en tu vida cotidiana?

—Siempre me gusta buscar autores nuevos que me sorprendan, pero si tuviera que hacer una lista de autores a los que siempre vuelvo diría: Roberto Juarroz, Cristina Peri Rossi, Mary Oliver y Sharon Olds.

—¿Cuál es tu proceso para escribir? ¿Seguís alguna rutina en particular?

—La única rutina que tengo es intentar escribir todos los días. Cualquier cosa, no importa que sea algo bueno o que tenga algún objetivo en sí. La idea es mover la mano todos los días. Que la escritura esté siempre en movimiento. A la hora de escribir un poema tampoco tengo una manera establecida. Suelo escribir un primer borrador, depende de donde esté, puede ser en papel o en una nota en el celu. Después viene la reescritura. Lo leo muchas veces, tacho, cambio. Lo leo en voz alta para ver cómo suena y en ese momento siempre salen a la luz las fallas. Intento darle tiempo y aire y vuelvo a revisarlo.

—Diana Bellessi dice que el poema comienza con una frase. Esa frase nace «porque trina un pajarito, porque un vecino dice algo en la vereda, porque un libro que leo me la dio», ¿de dónde nace para vos un poema?

—Hermoso lo que dice Diana. Estoy totalmente de acuerdo. El poema nace de algo pequeño, de un destello. Para mí escribir poesía implica estar en un estado de atención absoluta. El mundo está lleno de poemas. La mirada atenta hace que los descubramos. Muchas veces es una imagen, un color, un sonido, un recuerdo, ese primer hilo aparece porque estoy receptiva a lo que ocurre a mi alrededor y a lo que todo eso me hace sentir internamente. Después solo queda tirar de ese hilo e ir descubriendo el resto del poema.

—¿Cómo saber cuándo se termina un libro?

—Para mí los libros de poesía también cuentan una historia. El libro se termina cuando llegás al final de esa historia. Con este libro tuve muy claro desde el principio cuál iba a ser el primer y el último poema. Después el proceso de reescritura de los poemas ya es otra cosa. Eso depende de qué tan detallista seas. En mi caso, no lo soy en lo más mínimo. Me guío por la intuición. Me doy cuenta de que un poema está listo cuando lo leo en voz alta y no encuentro nada que haga ruido, cuando siento que dice exactamente lo que quiero decir. Hay veces que descubro qué era lo que quería decir recién cuando termino el poema.

—¿A dónde va una tristeza después de que anida?

—En algún momento vuelve a levantar vuelo. Y solo queda de ella el recuerdo hecho poema.

I

no quiero que conozcas a mi gata.

quiero que tu gata y mi gata
sean mejores amigas,

que nos crucemos
mucho tiempo después
en la puerta del jardín
como dos adultos incómodos
que no tienen idea
de lo que están haciendo.

 

II

una tristeza
anida entre mis costillas.

la escucho cantar por las mañanas:
su pechito amarillo se infla
como un globo.
mis pulmones jadean
en busca de lluvia
como un pez
recién sacado del agua.

 

III

me quedaba
por último
una hoja de roble seca.
la dejé caer

a ella también
sobre el río
como pluma

porque la naturaleza
es sabia
porque el río
sabe más que yo
sobre la belleza
de las cosas
que se dejan correr.

 

IV

al final de cada temporada

me derrumbo.

cambio los muebles de lugar.
me convierto en papel ceniza.
el aire me hace bailar
tan liviana que me hago polvo.

al principio de cada temporada
me repito el recuerdo
de la cercanía
del fuego prendido.
me recuerdo capaz
de sobrevivir a otro invierno.

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