El pueblo quiere saber de qué se trata

María Teresa Tartaglia
María Teresa Tartaglia
Lic en Historia. Docente. Ex Directora del Complejo Museográfico Enrique Udaondo. Ex Directora de Cultura. Investigadora. Publicó 8 libros sobre Historia de Luján y sus Instituciones. En preparación 3 investigaciones.

1810 – 25 de Mayo – 2024.

Desde nuestras imágenes escolares asociamos la Revolución de Mayo a la idea del “pueblo”, reunido en la Plaza Mayor queriendo “saber de qué se trata” y además surgía, nos decían los libros escolares: “la Patria Argentina”.

Estos recuerdos se unen al cuadro del artista Ceferino Carnacini, que representa el Cabildo, la plaza (dividida por la recova) en Plaza de la Victoria, frente al Cabildo y Plaza del Fuerte, que miraba al Fuerte residencia de autoridades; llena de gente, con siluetas vestidas con trajes de faldas anchas, miriñaques y grandes peinetones, objetos como el paraguas, por ser un día lluvioso y gestos que permanecieron en los libros, en nuestra memoria, pero que la historia actual terminó cuestionando.

Esta obra fue pintada por el artista en 1938 y también ilustró los billetes en la segunda mitad del siglo XX. Con rigurosidad histórica debió pintar trajes femeninos de muselinas finas y transparentes, con una sola enagua bordada debajo del vestido, de talle imperio, lánguidos y adheridos al cuerpo, con grandes escotes, y la falda llegando al talón, peinetas chicas de carey (material extraído del caparazón de las tortugas), calzado de raso, bordados artesanales y zuecos usados encima de los zapatos para andar por las calles polvorientas de la ciudad. Era infaltable el abanico, el mantón, rebozo o mantilla.

¿Debió pintar el paraguas? Cómo eran tan extraños, caros e importados, sólo utilizado por la clase alta y por muy pocos, podían pasar desapercibidos o simplemente no se veían en la plaza. El paraguas, conservado en el Museo Histórico Nacional, es de mango de marfil, grande, de tela marrón y un escudo con el perfil del Rey de España Fernando VII, y dice “un paraguas usado por un cabildante”, es decir un funcionario de esa época. Elemento muy escaso, ya que los hombres usaban capotes.

Volviendo a nuestra propuesta, pensemos que Buenos Aires tenía 44.000 habitantes; para la reunión del cabildo abierto del 22 de mayo, donde iba a debatirse la continuidad o no del Virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros, se enviaron 450 invitaciones, asistieron 250. Faltaron muchos españolistas, entre ellos Martín de Alzaga, que lideraba un grupo a favor del Virrey, es posible que la vigilancia de las tropas de Saavedra y la amenaza de los chisperos, que llevaban gente de las afueras, de barrios lejanos, dirigidos por Domingo French y Antonio Beruti, punteros políticos de la época, impusieron miedo a la clase española. ¿Había mucha gente congregada queriendo saber de qué se trataba?

Entre los días 22 al 25 de mayo, hubo gente que acudía a la plaza, no masivamente, como el pueblo movilizado que nos muestran las estampas escolares; había curiosos, la gente de las orillas activadas por French y Berutti, los militares que pertenecían a las milicias urbanas organizadas para combatir las invasiones inglesas en 1806 y 1807. Recordemos que en esos cuerpos no había profesionales, eran civiles en armas, con disciplina militar, que seguían a sus jefes y acudían a la plaza de acuerdo a la órdenes que recibían y su número era de alrededor de 3.000 adultos, lo que resulta un número significativo, pero no todos estaban llamados.

No podemos saber con exactitud qué cantidad de gente acudió entre los días 21 y 25 de mayo. Los agitadores van y vienen entre esos días de los cafés a los cuarteles, mantienen contacto con los cabildantes, siguen a los militares y criollos que promueven el movimiento y que se reunían en la casa de Rodríguez Peña.

Sobre el grito: “el pueblo quiere saber de que se trata”, fue Bartolomé Mitre quién más énfasis puso en esta exigencia de la gente y en el nacimiento de la Nación y de la patria, pero hay interpretaciones diferentes de los historiadores. No dudamos que se vivía un clima tenso, la Junta formada por el Cabildo de Buenos Aires luego de cesar el Virrey en el cargo y conocida el día 24, presidida por el Virrey destituido, acompañado por dos criollos y dos españoles, fue resistida por los mismos protagonistas que nombramos y que mantuvieron la rebeldía.

Esa intransigencia dio como resultado los hechos del 25 de mayo y la formación de la Primera Junta de Gobierno. Cerca de las nueve de la noche de ese día, los miembros de la Junta juraron arrodillados frente a la mesa del Cabildo. Saavedra puso la mano sobre los Santos Evangelios, Juan José Castelli apoyó la mano sobre el hombro de aquel, igual Manuel Belgrano sobre el otro y el resto copió el gesto. De esa manera, los nueve hombres enlazados juraron, poniendo fin a los días intensos que se habían vivido. Saavedra pidió a la gente que había quedado y por cierto era escasa: orden, moderación y prudencia. La Villa y Cabildo de Luján no participaron directamente de los acontecimientos del 25 de mayo, pero sí en posteriormente.

Enrique Udaondo en su libro “Reseña histórica de la Villa de Luján”, escribió que el Cabildo de Luján recibió una circular del gobierno patrio, enviada a los cabildos del interior, fechada el 27 de mayo, en la que se comunicaba los fines de su instalación con algunas proclamas. En ella pide el reconocimiento y jura a la instalación del Primer Gobierno Patrio que era la representación legítima de un nuevo gobierno.

¿Qué actitud tomaron los cabildantes de la Villa de Luján? Los señores Esteban de Torres, Francisco Rocha, Andrés Migoya, Estanislao José Aguirre y Manuel Ramón de Basabe, con prudencia y cautela, buscaron asesorarse, estar al tanto de lo acontecido, para después proceder. Luego de conocer los acontecimientos de mayo y la formación de la Primera Junta de Gobierno, en la sesión del 2 de junio se reunieron y expresaron el obedecimiento a la Junta y mandaron celebrar una misa cantada con Te Deum, invitando a los vecinos de la Villa para asistir.

“Debemos hacer constar que esa fue la primera respuesta que tuvo la Junta de un pueblo del interior, si bien es cierto que era el más próximo”, escribió Udaondo. Esta fue una razón, la proximidad con Buenos Aires. Esta es una afirmación muy importante para nuestra Historia local: el Cabildo de la Villa de Luján fue la primera institución que juró fidelidad a la Primera Junta.

A partir de 1812, el cabildo de Luján fijó la conmemoración del 25 de Mayo, cumpliendo una orden que llegaba del Superior Gobierno de Buenos Aires. En la Villa la celebración se efectuaba el 24 de mayo a las 16:30 con un Te Deum, y el 25 a las 10:00 con una misa Solemne: a estos actos debían asistir los cabildantes. Se iluminaba el Cabildo, las calles y casas.

¿Qué podemos reflexionar desde nuestro presente? Los protagonistas que hicieron la revolución estaban dando respuestas urgentes al problema de la caída de España frente al poder de Napoleón Bonaparte; respondieron a las necesidades del momento. Tal vez no tenían claro hacia dónde iban, ni pensaban con precisión en la idea de independencia de España, pero percibían que los lazos entre España y América estaban debilitados, que rechazaban a la España dominada por el Imperio francés, y que esa España, anarquizada, dividida, sometida, estaba cada vez más lejos de las necesidades de América.

Los hombres de mayo, estaban imbuidos de las ideas de Rousseau sobre la voluntad popular y apelaron, convocaron, movilizaron a grupos, civiles o militares para afirmar sus posiciones y dar fuerza a sus ideas. Eran hombres con aciertos y errores, como lo somos nosotros.

En mayo de 1810, comenzó un proceso que ya no tuvo retorno, la guerra que siguió definió los bandos de realistas y patriotas, y surgieron las identidades de quienes se enfrentaban. Bartolomé Mitre, que tanto contribuyó a formar el Estado argentino, escribió una historia donde la nación “estaba preexistente”. Hoy, estamos lejos de esa afirmación, pero más allá de toda discusión, en mayo de 1810 se inició un camino, inseguro, poco definido, frágil, pero con continuidad, con retrocesos y logros de muchas generaciones que fueron construyendo a través de etapas y hechos coyunturales nuestro país.

En 1810, rescatamos la idea de “deliberar”, “discutir” como necesidad de construir un poder político, y desde aquel momento los políticos convocaron, movilizaron a quienes debían darle sustento y legitimidad a su poder. Hoy, el pueblo se moviliza solo, reclama, discute y hasta enfrenta al poder político, la democracia debe consolidarse. Pero el “debate”, el “diálogo”, el “respeto a las ideas” y “diferencias” debe ser el camino que hoy también debemos seguir.

¿Un mensaje de aquel mayo de 1810? Rehacer, seguir construyendo, avanzar en el camino de la democracia, consolidar los aciertos y terminar con los errores, desterrar lo que el pueblo percibe y conoce como equivocado, alejado de la vida en democracia. Desterrar las viejas prácticas políticas rechazadas por negativas y corruptas. Reiniciar el camino basado en sacrificios, igualdad, honestidad, desinterés, en el cual debemos estar todos comprometidos. Unir voluntades, concentrar esfuerzos, conformar consensos para construir, dar respuestas a los reclamos de quienes peticionan, respeto, diálogo, debate y retomar el camino verdadero de una Democracia igualitaria, porque como dijo Borges “nadie y todos somos la Patria”. ¡Viva la Patria!

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