El no silencio de los docentes

Griselda Canoves
Griselda Canoves
Vecina de Luján, compañera de Lucas, mamá de Guillermo, Martina y Juan. Docente y Coordinadora Pedagógica de Nivel Primario. Ayudante de Cátedra del Taller II de Psicopedagogía de las carreras Licenciatura y Profesorado de Ciencias de la Educación y Trabajo Social de la Universidad Nacional de Luján.

La educación…¡afuera!

Marzo suele llegar con viejos debates, representaciones arcaicas sobre los docentes y su tarea, la exposición del salario por cadena nacional y volver a sentar en el banquillo de lxs acusadxs. Este marzo en particular no sería la excepción, agudizado esta vez por la llegada al poder de un gobierno que no incluye en su agenda la educación como un derecho a ser garantizado.

El ataque sistemático a lxs trabajadores de la educación llegó a su mayor escalada hace un par de días cuando la diputada libertaria por la provincia de Bs. As, Lilia Lemoine se expresó con total impunidad sobre el tema. “Los números son alarmantes, los chicos no aprenden”, dijo al tiempo que agregó: “En cualquier trabajo, si vos haces mal tu trabajo no cobrás o te despiden, la pregunta es cómo estos maestros pueden reclamar un salario mejor”.

Que la educación en nuestro país está mal es una afirmación en la que todxs podemos estar de acuerdo, pero endilgarle la totalidad de la responsabilidad del fracaso educativo al docente es de una superficialidad y liviandad extremas.

¿Son responsables lxs docentes de las reformas que desde la década del 90 vienen castigando fuertemente al sector educativo y a la sociedad en su conjunto? ¿Son responsables lxs docentes del desfinanciamiento educativo y la precarización de sus condiciones laborales? ¿Son responsables lxs docentes del desacople y desafiliación de amplios sectores de la sociedad que se vieron excluidos producto de políticas que implicaron su gradual empobrecimiento? ¿Es responsabilidad de lxs docentes el vaciamiento de contenidos al que nos llevaron las recetas de los organismos multilaterales?

¿Son responsables lxs docentes de que una explosión producto de la desidia y el abandono del Estado se llevara la vida de Sandra y Rubén? ¿Son responsables lxs docentes de la pérdida de control sobre los fines y sobre los procesos pedagógicos, sobre la participación real en la toma de decisiones en el sistema educativo argentino que desde su origen tiene carácter verticalista? La lista de preguntas es infinita y no avanzaríamos en el análisis profundo y multicausal de la situación educativa que nuestro país necesita. Sólo queda plantearlas para comprender quién es el chivo expiatorio que se suele instalar para correr el foco de atención y eximir de culpas y responsabilidades a lxs que verdaderamente debieran hacerse cargo.

Lemoine también criticó duramente el desempeño de los docentes durante los años de cuarentena, señalando que “casi no hubo clases” y que, a pesar de ello, “siguieron cobrando sus salarios”. ¿Sabrá Lemoine que durante la cuarentena quienes sostuvimos la escuela desde nuestros hogares aportando las condiciones materiales que hicieron posible continuar con el tan mencionado “vínculo pedagógico” fuimos lxs docentes? Y no está de más decir que ese vínculo, donde lo privado devino en público sin pedir permiso, tuvo un costo físico y emocional sin precedentes en los últimos tiempos.

Ese vínculo se sostuvo en una dolorosa incompatibilidad de roles que nos obligó a ser negligentes con nuestrxs propixs hijxs. ¿O acaso olvida Lemoine que el mayor porcentaje de docentes en nuestro país son mujeres y que un gran porcentaje de esas mujeres son sostén de hogar?

Diputada Lemoine: durante la pandemia, lxs docentes “hicimos escuela” aún en un contexto de empobrecimiento, muerte, miedo colectivo e incertidumbre. Aún en ese contexto supimos construir cercanía afectiva y pedagógica, amorosa y de celebración de todo lo que se aprende comunitariamente. Aún en ese contexto tan adverso, supimos recuperar protagonismo como intelectuales, constructorxs de conocimiento, con ciertos márgenes de autonomía donde reflexionamos y accionamos colectivamente, crítica y responsablemente en el desarrollo de propuestas situadas que contemplaran la singularidad de las posibilidades de lxs niñxs, las familias y las instituciones de las que formamos parte.

Aún en ese contexto interpelamos la obediencia a prescripciones absurdas, cuando las mismas se convirtieron en inviables y cegaban la complejidad de lo que estábamos viviendo. Allí la desobediencia apareció como acto creativo, como puerta abierta a la imaginación de acciones posibles y necesarias en la realidad singular de la comunidad educativa en la que cada docente interactuaba y esa fue la manera que utilizamos para encontrarnos como seres humanos en la profundidad ética y política del acto pedagógico.

Otrxs en las mismas circunstancias no supieron “ser congreso”, no supieron “ser oposición”, no supieron “ser comunicadores”, no supieron “ser humanos”. Me pregunto si usted por ese entonces supo ser cosplayer, influencer, maquilladora y artista.

Seguramente todo eso que se hizo durante la pandemia no fue suficiente y nunca nada de lo que hagamos lo será si no se integra con políticas económicas y sociales. De más está decir aquí que las políticas ejecutadas en apenas dos meses de este gobierno confirmarán lo que estoy afirmando.

Volvamos al comienzo. Llegó marzo y con él los discursos descalificadores hacia lxs docentes y sus luchas históricas, una vez más y no es casual que esos discursos de la “profesionalización” se den siempre en un contexto de empeoramiento de sus condiciones laborales. Seguramente continúen los dichos de funcionarios devenidos en panelistas vitalicios de ciertos medios de comunicación, proclives al retuit agresivo y violento.

Probablemente continúe la desacreditación de la educación pública y la responsabilidad de la docencia por los resultados educativos, abstrayendo de esos resultados las condiciones materiales de vida de estudiantes y docentes y de las diferentes dimensiones que condicionan la organización escolar y el trabajo de éstos. Seguramente avancen las fundaciones privadas en la educación y comenzarán a ser actores en la formación docente mediante el desarrollo de contenidos, infraestructura, insumos y equipamiento escolar. Esta avanzada ya la vivimos y ya la resistimos, será cuestión de desempolvar nuestras banderas y si es necesario la carpa blanca siempre será una opción.

Eliminación de la paritaria nacional, pretensión de declarar a la educación como servicio esencial limitando así el derecho constitucional a la huelga, recorte del pago del Fondo Nacional de incentivo Dicente (FONID), eliminación del pago por conectividad, recortes en las partidas nacionales para programas educativos y comedores escolares, eliminación del Fondo de Compensación Salarial… En el medio de todo esto lxs docentes decidimos alzar la voz, elegimos el no silencio porque un “docente luchando también está enseñando”.

Para la diputada, lxs docentes dejamos al sistema educativo “destruido” y plantea la necesidad de repensar la relación entre el pago a los maestros y su obligación de trabajar. Me pregunto si esa reciprocidad salario/trabajo es atribuible a su función como legisladora. Diputada: quisiera que usted cobre su sueldo en tanto y en cuanto trabaje para lo que fue elegida, el bienestar de todxs… Algo que por ahora un enorme porcentaje de la población “no la vemos”.

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Griselda Canoves
Griselda Canoves
Vecina de Luján, compañera de Lucas, mamá de Guillermo, Martina y Juan. Docente y Coordinadora Pedagógica de Nivel Primario. Ayudante de Cátedra del Taller II de Psicopedagogía de las carreras Licenciatura y Profesorado de Ciencias de la Educación y Trabajo Social de la Universidad Nacional de Luján.

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