Las pibas del Club Luján siguen creciendo en organización y consecuentemente en el juego, sin embargo son conscientes de las dificultades y diferencias que impone el patriarcado, respecto a los varones. Con la profesionalización del fútbol femenino apuestan a que el club tome el desafío de mejorar sus condiciones, para seguir cosechando éxitos deportivos y en favor de la igualdad.

El anuncio de la AFA de profesionalizar la primera categoría de fútbol femenino trajo consigo variedad de sensaciones, desde la alegría por la noticia, hasta la esperanza de que eso se replique en todas las categorías; pasando por la desconfianza respecto a la aplicación total y real de la profesionalización del fútbol femenino, en su totalidad

La sensaciones son lógicas, la desconfianza es una sensación histórica para las mujeres, a quienes el patriarcado se encarga de violentar de distintas maneras. A pesar de esa realidad, las jugadoras de fútbol femenino del Club Luján supieron organizarse sorora y colectivamente para sortear cada uno de los obstáculos que tienen diariamente, para poder seguir entrenando y jugando. Para poder hacer lo que les gusta y eligen hacer.

“Más allá de lo deportivo, el fútbol femenino es un lugar de inclusión. Las pibas en lugar de estar en la calle están en la cancha; encuentran un lugar de formación, de disciplinamiento, de valores. Eso es lo que tiene que primar”, ponen de manifiesto las chicas del fut-fem.

El vestuario es un lugar de encuentro, reflexión y lucha, por las mejoras en las condiciones del entrenamiento. Foto: Julieta Brancatto

Hace cinco años el lujanero le dio para adelante con el fútbol femenino, y desde ese tiempo a esta parte hubo muchos cambios y avances. Un equipo más consolidado, resultados deportivos y reconocimiento. Sin embargo quedan luchas fundamentales que están en acción, con la importancia de que cada una de ellas es impulsada, sostenida y efectuada por la voluntad y deseo de las jugadoras.

“Todo cambió muchísimo desde 2014 que fue cuando arrancó el proyecto de fútbol femenino en un partido contra la UAI Urquiza, donde jugamos en el municipal con los pastos altos, sin camisetas propias y las once metidas en el arco. Esa anécdota que tal vez es graciosa muestra el nivel de seriedad del club para comenzar el proyecto de fútbol femenino” recuerdan las pibas.

De esa manera inició todo. Se sumaron más de seis meses sin luz en la cancha de entrenamiento, pastos altos, la cancha toda embarrada y camisetas sin lavar, por nombrar algunas cosas. Pero poco a poco, de manera autogestiva, organizada y con mucha voluntad de trabajo, las pibas fueron transformando su realidad con pequeños grandes detalles.

“Conseguimos el espacio para entrenar, comenzamos a atender la cantina en los partidos de varones para generar ingresos, y buscamos cinco sponsors para poder hacernos las camisetas porque teníamos que usar las de los varones”, repasan.

¡Vamos las pibas! El equipo lujanero antes de salir a entrenar. Foto: Julieta Brancatto
Para las pibas de Luján el fútbol debe ser femenino, inclusivo y feminista. Foto: Julieta Brancatto

En este punto es importante hacer incapié en dos elementos: la autogestión y la falta de recursos económicos. Sólo por poner un ejemplo, el equipo de fútbol femenino del Club Luján necesita alrededor de $40 mil en cada partido de local, para cubrir gastos. El club no tiene ese dinero para darles, es por eso que ellas pusieron manos en el asunto, se organizaron y consiguieron los recursos.

En cada partido de varones en el Estadio Municipal, las pibas atienden la cantina y la recaudación queda a su favor, para cubrir los gastos que tienen ellas. No es tarea fácil y tampoco justa. Ellas no deberían estar haciendo ese trabajo y tampoco exponerse en ese lugar donde –confiesan- muchas veces son violentadas.

“Las chicas sufrieron muchas faltas de respeto, por eso la primer tarea –incluso antes de lo deportivo- fue cómo hacer que ellas vuelvan a creer”, enfatiza y rememora el director técnico, poniendo en evidencia el duro camino que emprendieron y sostienen las jugadoras del lujanero.

El día que el feminismo que movió la pelota

El pasado 16 de marzo, luego de un reclamo colectivo, organizado y sororo de cientas de mujeres futbolistas, la Asociación del Fúbol Argentino (AFA) anunció la creación de la Liga Profesional de Fútbol Femenino, comenzando una nueva era para las trabajadoras deportivas.

La noticia generó diferentes repercusiones en el mundo del fútbol, pero en lo concreto las jugadoras del Club Luján –al menos por ahora- no recibirán fondos directos de la AFA, una necesidad urgente para las representantes de nuestra ciudad.

Jugadoras de ciudades vecinas se sumaron al plantel lujanero, conformando uno de los equipos más organizados de la zona. Foto: Julieta Brancatto

“Darle dinero a los clubes de primera es darle dinero a quienes ya tienen. La sensación –y ojalá no sea así- es de que eso va a aumentar la brecha entre esos clubes y nosotras. Nosotras realmente necesitamos el dinero y el apoyo de AFA. Sin recursos no tenés como trabajar. Además hay otras urgencias que están primero que los contratos de las jugadoras, que tienen que ver con infraestructura, indumentaria, un lugar de entrenamiento y de juego; recursos mínimos como pelotas, y todas las condiciones para generar entrenamientos de calidad”, explican.

“La realidad es que si no se hubiera dado esta organización y reclamo colectivo por la profesionalización del fútbol femenino, probablemente no se hubiera hecho. El machismo todavía sigue remarcando fuertemente la falsa idea de que el fútbol es para varones” reconocen las pibas.

Por eso es importante no dejar de ver que la profesionalización del fútbol femenino no es un logro de la AFA, sino de las mujeres trabajadoras organizadas; y como lo resumen las lujaneras: “El fútbol femenino va bien porque nosotras hacemos todo lo posible para que esté bien”. Ahora es tarea de la AFA y los clubes, tomar la demanda y seguir trabajando por la profesionalización real y efectiva del fútbol de mujeres.

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