El Indio Solari y la construcción de una identidad colectiva

Los días pasan y el duelo entre miles se mantiene, desde Ladran Sancho compartimos cinco reflexiones alrededor del fenómeno popular más profundo de los últimos años.

Fotografía: Matías Jovet

Sin duda la muerte del Indio Solari fue un acontecimiento que, más allá de que podía resultar esperable por su edad y los problemas de salud que atravesaba desde hacía años, conmovió profundamente a una gran parte de la sociedad argentina. No solo por lo que representa como músico y poeta, sino también por lo que significa como fenómeno cultural y social. El mundo ricotero fue siempre mucho más que escuchar canciones, memorizar letras o asistir a recitales. Fue una forma de pertenencia, una identidad compartida y una experiencia colectiva que atravesó generaciones.

Los comienzos de Carlos Solari estuvieron ligados a la ciudad de La Plata, un espacio que él mismo describió muchas veces como una auténtica usina cultural, una ciudad juvenil y que en los 70´ y 80’ funcionó como un verdadero laboratorio de ideas críticas, rebeldes, emancipadoras. Allí se formó en contacto con músicos, escritores y lecturas diversas, que iban desde la literatura y el pensamiento anarquista hasta distintas expresiones de la crítica social y cultural. Nadie puede dudar de su enorme capacidad para construir ideas a través del lenguaje, ni de la profundidad de una obra que siempre ofreció una mirada singular sobre el mundo y sobre la sociedad argentina.

Quienes escuchamos su música, leímos entrevistas o intentamos comprender el universo de sus letras percibíamos que detrás del cantante existía algo más. El Indio logró construir una figura intelectual poco habitual dentro del rock argentino. Sus canciones evitaban los mensajes simples y las consignas fáciles. En cambio, proponían imágenes, personajes y relatos abiertos a múltiples interpretaciones. Esa complejidad contribuyó a que cada uno de nosotros pudiera encontrar sentidos propios y establecer con su obra una relación profundamente personal así como también, paradójicamente un universo compartido.

Sin embargo, el legado del Indio no puede comprenderse únicamente a partir de sus canciones. Desde una mirada sociológica resulta imposible no detenerse en las llamadas “misas ricoteras». Se trató de un fenómeno popular extraordinario, inédito y difícil de comparar con cualquier otra experiencia cultural argentina reciente. Desde pequeños recitales en La Plata hasta estadios repletos en Buenos Aires y convocatorias multitudinarias en distintas ciudades del país, el crecimiento del fenómeno fue acompañado por la construcción de una comunidad cada vez más amplia que cruza varias generaciones.

La pregunta sociológica más interesante quizás sea por qué miles de personas estaban dispuestas a viajar cientos de kilómetros para asistir a algo mucho más grande y profundo que simplemente un recital. Familias enteras, grupos de amigos y personas que apenas se conocían compartían viajes, campamentos improvisados, comidas y largas horas de espera. Lo excepcional y extraordinario es que la experiencia comenzaba mucho antes de que sonara la primera canción. El recital era apenas el momento culminante de una práctica social más amplia que incluía el encuentro, la amistad, el reconocimiento mutuo y la sensación de formar parte de algo colectivo.

Por eso resulta insuficiente explicar el fenómeno ricotero exclusivamente desde la calidad musical de la banda. Los Redondos y luego el Indio convocaban algo más profundo: un sentimiento de pertenencia. En tiempos marcados por el individualismo y la fragmentación social, las “misas ricoteras” ofrecían un espacio donde miles de personas podían reconocerse como parte de una misma comunidad. No importaban demasiado las diferencias de origen, edad o condición social. Durante algunas horas prevalecía la sensación de compartir códigos, emociones y experiencias comunes.

Muchos de los testimonios surgidos tras la muerte del Indio coinciden en una idea recurrente: la sensación de que sus canciones parecían hablarle a cada persona de manera íntima. Como si, en medio de una convocatoria masiva, existiera un diálogo individual. Para algunos sus letras acompañaron momentos difíciles; para otros representaron una fuente de esperanza, rebeldía o resistencia. Conversando sobre esto con Luciano, un atleta y entrenador reconocido en nuestra ciudad dice que el Indio “le enseñó una manera de amar, amar a los amigos, a su gente, a sus padres” y por eso lo lloró y lo lloramos como cuando se despide a un familiar. En numerosos relatos aparece, también,  la idea de que el Indio ayudó a miles de personas a ponerse de pie, a no resignarse y a construir una mirada crítica sobre la realidad.

Un párrafo aparte merece el llamado “pogo más grande del mundo». Más allá de su espectacularidad, diversos intelectuales intentaron comprender qué ocurría allí. Horacio González observó en ese fenómeno una experiencia ambigua y fascinante, donde el aparente desorden convivía con formas de cuidado mutuo difíciles de encontrar en otros espacios públicos. Quienes participaron suelen recordar que, en medio del movimiento colectivo, existía una preocupación constante por ayudar al que caía, proteger y sostener al otro.

Quizás allí se encuentre una de las claves para comprender el legado del Indio Solari. Las misas ricoteras fueron mucho más que recitales. Constituyeron una experiencia de comunidad, una demostración de que todavía era posible construir vínculos colectivos en una sociedad cada vez más individualizada. Algunos autores hablaron de una “comunidad inconfesable»; otros, de una forma contemporánea de ritual popular. Más allá de las definiciones, lo cierto es que millones de personas encontraron allí un espacio de pertenencia y reconocimiento.

Por eso la muerte del Indio no implica solamente la desaparición física de un artista excepcional. También marca el cierre de una etapa fundamental de la cultura argentina. Sin embargo, como ocurre con las figuras que logran trascender su tiempo, su legado continúa vivo en las canciones, en las memorias compartidas y en esa experiencia colectiva que convirtió al fenómeno ricotero en uno de los movimientos culturales más importantes de la historia argentina reciente.

Gustavo Manfredi
Gustavo Manfredi
Docente, formador de la PBA área de DDHH

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