El ilusionismo como arte político

Ivana Muzzolón
Ivana Muzzolón
Docente e investigadora. Docente de Educación Primaria, Educación Primaria de Adultos y Licenciada de Ciencias de la Educación. Conductora de Re-Calculando por Radio MINGA

El ilusionismo o el arte de la “prestidigitación” es reconocido por su capacidad de crear imágenes increíbles y fascinantes. Nacido como una forma de combatir y desacreditar al “espiritismo”, que se extendía por Europa, buscaba demostrar al público que aquellas experiencias de “apariciones, desapariciones u objetos y personas que levitaban” no eran más que ilusiones creadas. Progresivamente este arte fue incorporando la dramatización en cada espectáculo y se volvió una expresión teatral.

Esta teatralidad mantiene una característica principal que consiste en requerir la participación del público, de su complicidad en el engaño. El público acepta la ilusión o la distorsión de la realidad puesto que se ha convocado para ello. Conoce de la intriga y el acto consiste en desviar la atención. 

Para muchos, el primer mago contemporáneo en la historia de la magia fue el francés Robert-Houdin (1805-1871). Era hijo de un relojero del que aprendió mecánica y supo aplicar todo aquel conocimiento al arte del engaño. Houdin logró convertir al ilusionismo en el centro de interés de las élites sociales de la época.

Pero, el ilusionismo había llegado mucho antes a Américalatina de la mano del colonialismo español con las primeras excursiones de Hernán Cortés hacia 1524, quién contó entre sus filas con “cinco chirimías y sacabuches y dulzainas, y un volteador, y otro que jugaba de manos y hacía títeres”. Otros afirman, también, que cuando Juan de Garay fundó por segunda vez la ciudad de Buenos Aires en 1580 era acompañado por un “físico” (médico) que, además de curar enfermedades, conocía la forma de “impresionar a los nativos”. 

Así, desde los inicios de la larga conformación de nuestro Estado Nación, el arte callejero e itinerante junto con los primeros teatros y circos fueron protagonistas de los diferentes procesos políticos que lo acompañaron. Un dato no menor es que, a partir de 1810 y tras los sucesos del 25 de mayo con la declaración del Primer Gobierno Patrio las compañías de ilusionistas eran convocadas por el Cabildo para conmemorar esa fecha en la Plaza de Toros del Retiro o en la Alameda.

Sin lugar a dudas, el arte y la política siempre han ido de la mano. A pesar de que haya quienes (aún) insisten en separar estos campos. Incluso, es lícito pensar que ha sido la política la que más beneficio ha conseguido de esta relación. Por algo aquellas élites sociales se sentían tan atraídas por el maestro del ilusionismo y su capacidad para distraer al público. 

Estos reflejos de teatralización pueden identificarse en la actualidad de nuestro país. Antes de que Milei llegara al poder, algunos analistas, como el sociólogo Juan Carlos Torre, señalaban que Argentina podría optar por un ilusionista antes que por un trapecista como Massa. Es evidente que el ilusionismo fue lo que funcionó y ganó. 

Javier Milei se ha vuelto el nuevo Houdin de nuestra era, creando un espectáculo de “ilusionismo político” como forma de gobierno. Ofrece cortinas de humo para distraer la atención. Pero, ¿qué va a pasar cuando el espectáculo (por repetitivo e insuficiente) se agote?

Podría decirse que el arte de este “ilusionismo político” mantiene una rutina de -al menos- cinco técnicas distractivas que mantienen el espectáculo. La primera de ellas puede identificarse como la “falacia del hombre de paja”. Esta técnica consiste en aparentar que se refuta el argumento del oponente mientras en realidad se ataca otro tema. Es decir, desvía la discusión. Cambia el foco. 

La segunda técnica consiste en utilizar el “chivo expiatorio”. Está es otra de las constantes de este gobierno, responsabilizar a terceros por lo que está sucediendo en su gestión. Culpabilizar o demonizar a otros sectores, construir un enemigo al que atacar para no hacerse cargo de los errores propios. Y aquí, la tercera técnica distractiva, que el gobierno ensaya permanentemente, denunciar sin pruebas. O bien, denunciar un hecho aislado y extenderlo como representación de corrupción o inmoralidad de todo un grupo o sector. 

El esfuerzo distractivo es constante y llega al extremo de lo “payasesco”. Recordemos el “stand up” que realizó Milei el pasado 25 de abril en la fundación Libertad cuando se burló de economistas que le eran cercanos en otros tiempos. En este caso, podemos ver la cuarta técnica distractiva, el “show”. Montar escenas que intentan divertir para distraer, al igual que hizo en la presentación de su libro (con denuncias de plagios) en el Luna Park. 

La quinta y última técnica es la del “perfil mediático”. Esta consiste en mantener un perfil muy activo en los medios de comunicación afines y redes sociales. Mostrarse como un “personaje atractivo” y convincente. Al mismo tiempo que busca atraer la atención con declaraciones y prácticas que parecen romper las “normas de protocolo” propias de un presidente como de los intentos desenfrenados por “farandulizar” sus encuentros con políticos y empresarios a los que dice respetar.    

La revista Time en su última portada publicó una nota a Javier Milei. Al que califica como excéntrico”, “con temperamento volcánico”, “apariencia de científico loco” y “tendencia mesiánica”. Todo ello, en medio en que la revista, también, señala que sus medidas de austeridad han golpeado duramente a los argentinos comunes”, cuando “la tasa anual de inflación sigue siendo casi del 300%, una de las más altas del mundo”. 

Detrás de estos factores distractivos se sigue perdiendo la atención a las consecuencias de la quita de subsidios al transporte y energía, al descontrol de precios que han provocado un aumento en los costos de vida. Hoy más del 55% de los argentinos están sumidos en la pobreza. Un 10 % más de lo que se comprobaba en diciembre del 2023.

Lo real. Lo que está detrás de la ficción aparente no es un tipo de simples improvisaciones. No se trata de un “loco despeinado” o de un “moralista mesiánico” sino, de un presidente que hace lo mismo que llamó la atención de las élites económicas: desarrolla un espectáculo de “ilusionismo político” para aplicar de fondo y, mientras tanto, ideas de ultraderecha y ajuste económico.

Pero, ¿hasta cuándo el “ilusionismo político” podrá ocultar la realidad económica? ¿Hasta cuándo podrá sostenerse un gobierno de puro espectáculo?

opina

Ivana Muzzolón
Ivana Muzzolón
Docente e investigadora. Docente de Educación Primaria, Educación Primaria de Adultos y Licenciada de Ciencias de la Educación. Conductora de Re-Calculando por Radio MINGA

recientes

Ayudanos a sostener este proyecto autogestivo

Sumate a la Comunidad y participá todos los meses por regalos, entradas y descuentos.

Elegí el monto, ingresá los datos y listo!