El futuro agroecológico está en marcha

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Foto: Agustín Bordignon.

Se presentaron las conclusiones del 1º Foro Nacional por un Programa Agrario Soberano y Popular. Te contamos las propuestas que delinearon las y los productores para dar vida a la tierra produciendo alimentos sanos a un precio justo.

El auditorio de la UNLu estuvo colmado por las y los productores locales que forman parte de la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT), del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE) y también les independientes. Profesores y estudiantes de la UNLu y profesionales de organismos como el INTA completaban el recinto.

Se vieron sorprendidos y coincidieron en remarcar una singularidad: fue una de las pocas veces en que pudieron confluir y escucharse los actores relacionados al agro ya que no suelen juntarse para compartir este tipo de actividades. Esta experiencia produjo que se encontraran los desencontrados para unificar demandas y pensar un futuro común.

Esta actividad local tiene su antecedente en el Foro Nacional por un programa Agrario Soberano y Popular que ocurrió en mayo en el Estadio de Ferro. Dos días de intensos debates parieron los lineamientos que conforman los 21 puntos del proyecto que busca cambiar el modelo productivo argentino.

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El objetivo es institucionalizar el trabajo de actores económicos que están “excluidos del agronegocio que dominan las empresas transnacionales y los grandes acumuladores locales” como explicaba un productor independiente. El horizonte es producir alimentos sanos que se puedan vender a un precio justo.

Las organizaciones que impulsan el proyecto no se quedan solo en las reivindicaciones particulares de cada sector ni se abalanzan precipitadamente hacia la meta de los grandes postulados históricos: proponen un modelo agropecuario integral, soberano y popular para Argentina. Es un programa diseñado para presentarlo ante la dirigencia política con el deseo que sea implementado como política pública.

En lo que compete al Estado municipal, reclaman establecer mecanismos de acceso a la tierra y participar del ordenamiento territorial para darles protección especial a las áreas periurbanas destinadas a productores de la agricultura familiar. Buscan además darle un marco legal y de infraestructura a la producción y comercialización local de productos. De esa manera desean fomentar e intensificar las prácticas agroecológicas para contribuir a garantizar la soberanía alimentaria.

“Estamos presos del agronegocio” comentó un trabajador de la UTT de Mercedes. “Si no le poníamos el producto agrotóxico los morrones no venían, el tomate no venía y nosotros necesitábamos producir, para poder vender, para poder vivir. Ahora utilizamos el abono natural y los conocimientos de la agroecología. Los productores nos dimos cuenta que si no estamos organizados no se nos abren las puertas y no nos escuchan”.

La universidad lejos del campo

“Les quiero pedir disculpas en nombre de la institucionalidad” dijo la docente a cargo de la Cátedra Libre de Soberanía Alimentaria mirando a las y los productores locales que la escuchaban atentamente.

“La Universidad se arrogaba el poder de validar conocimientos. En los planes que se conocen como planes de extensión, íbamos y les decíamos a ustedes que tenían que meter veneno porque no estaban produciendo la suficiente cantidad de alimentos. Nos dimos cuenta que pasábamos por arriba los conocimientos que obtienen en el verdadero laboratorio que es su lugar cotidiano de trabajo” sentenció resumiendo años de tozudez académica.

Para reforzar esta mirada, un estudiante tomó la voz y comentó que hay una escisión entre la carrera de agronomía y la realidad de los productores de la zona. A modo de ejemplo comentó que se estaban dictando normalmente las clases de esa carrera mientras en el auditorio estaba ocurriendo el foro donde estaban presentes las y los campesinos con quienes la universidad debería relacionarse.

La organización colectiva es el camino

Varios oradores coincidieron en que hay que dar también una lucha comunicacional por el sentido común. En ese orden, señalaron que es problemático hablar de pequeños y grandes productores ya que el problema es la concentración: los grandes acumuladores se sientan en la Mesa de Enlace a decidir las políticas que quieren que implemente el Estado para verse beneficiados.

Esas discusiones son ajenas a los productores organizados y los independientes que trabajan la tierra día a día, una tierra que muchas veces no les pertenece, como tampoco les son suyas las semillas que están patentadas y privatizadas. En esa mesa a la que se sientan adinerados y terratenientes se decide favorecer el monocultivo de soja, asegurar la concentración del negocio, delinear el recorrido de la cadena productiva y fijar la estructura de precios.

Este proyecto tiene conexiones con los debates que se dieron en torno a la Coalición por una Comunicación Democrática en la cual, de manera federal y plural, se definieron los lineamientos que pasaron a ser la estructura del proyecto de Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (Ley de Medios). De aquellos foros también salieron 21 puntos. De estos polvos futuros lodos.

En el auditorio de la universidad se percibió que se avecina uno de los debates que no le pasan por el costado a nadie y habrá que tomar posición para argumentar de qué modo queremos alimentarnos, qué relación queremos tener con el medio ambiente y de qué manera queremos convivir entre humanos y en la naturaleza. De eso se tratan la política y la democracia.

Por lo pronto, como consumidores podemos empezar a cambiar esta realidad adquiriendo los diversos productos agroecológicos que ya se venden en ferias y almacenes de nuestra ciudad, como la Feria Agroecológica del barrio El Mirador o el almacén Ayni que funciona en el Centro Cultural Artigas.